naturaleza
Mil que des a una que no des y surge el cabrón. Altruísmo sin chanclas que pisa con fuerza sobre el egoísmo de una arena ardiente. Uno trabaja y tres miran. Uno focaliza la atención y los otros se tocan los cojones. Uno sonríe y tres sudan. Sí, es la hostia pero es así. Declarados hijos de puta bastardos, que tiene narices, de sesos achicharrados por tener en la mirilla su propio ombligo. Sanguijuelas de pañuelo de cuatro nudos con sueños de pamela. Donantes de horchata y de mirada de carnero degollado, pestilentes a kilómetros que taponan con su masa amorfa, inconsistente, el centro de los pasillos, las entradas , los carriles rápidos. Denostados por sí mismos babean como los caracoles y resbalan en sus propios mocos. Relleno de circunferencia descontando el área del círculo, nada. Sólo nada, sólo basura. Sí, la naturaleza es definitivamente sabia, ofrece contrastes, se agradecen.
