harapos
Hablan y hablan y su ombligo es el centro de su universo. Sobre propuestas distintas se construyen fortalezas que al final quedan aisladas y lucen semiderruídas. Campos abiertos al conocimiento chocan con imperativos obsoletos mal cimentados. Cada etapa su esplendor y su concatenación la sabiduría. Los distintos, difícil interpretación, babean dogmas coreados por su plebe vestida de harapos mientras los pelotones nómadas atraviesan ininterrumpidamente desiertos o vergeles dejando sus huellas y dispuestos a seguir creando nuevas. Desde lejos, esos ecos de “estaaamos aquiiií” no consiguen oirse ante la fuerza del retumbar de los cascos de la caballería que les avanza. Pero eso les refuerza su débil postura y en sus viejos pergaminos las consignas casi imperceptibles son repasadas a brocha gorda por los que todavía visten las sedas que se salvaron de acabar, como para casi todos, en harapos.
