trueque
Al menos con esto no puede. Miras y te gusta, miran y les gusta. En un pacto no hablado las cosas pasan de un enamorado a otro. Sólo hay pasión y ganas de aprender. Tiempo por delante y pruebas fallidas que dan consignas. De lo mecánico a lo arrebatado por su intensidad, la paleta de materiales de la naturaleza se combina, simplemente, en una armonía de autor. No hay baremo público ni ojo que tenga derecho a medir. En paralelo a lo que te rodea, un pacto de amor desarrolla en tus sentidos los picos de más que cada uno de ellos tienen al exprimirse y los remansos de tu batalla por el placer se exhiben alineados. Sentado en estado de trance visual los fogonazos de esos comienzos creativos aparecen sumados y las ejecuciones sumarias se repiten porque tú eres reo y juez del trueque al que tu libertad te llevó. El aire es cálido.
