magia
Aprieta, aprieta, pero recuperas rápido el resuello. Música casi celestial y olor a campos agostados mientras la sombra protectora te arropa entre sus contrastes marcados. El agua corre mansa río abajo y el repiqueteo de tus recuerdos balancea la hamaca de hierba en la que reposa tu cuerpo magullado. Voluntad de oxigenar tus vísceras mientras giras y giras orbitando para recrearte en una perspectiva que ordena cadenciosa de menos a más y de mal en mejor. Siempre zambullido en unas aguas que destacan el perfil de tu cabeza entre las espumas de la corriente. Nadie hay al otro lado del río, es de noche ya y las manos que sujetan tu cabeza, mientras miras al cielo estrellado a través de la copa frondosa que te proyecta los rayos lunares, entrecruzan sensaciones a través de las yemas de los dedos con tu cerebro. Conectado, así, entras en un estado onírico, de ensoñación y de magia.
