tómbola
La literalidad asusta o, mejor, descubre. Te mueves en tu día a día rodeado de proyecciones lineales, básicas. Parece haber una sola lectura de las cosas, siempre de apariencia evidente. Absurdo. Contra la pared con orejas de burro. Y hablando de quien debería jugar con posibilidades alejadas de esas supuestas conclusiones. Un grano hace montaña. Dios, precisamente tú!! Todo tiene cara y cruz, qué alivio. Nada sorprende a estas alturas y basta una pequeña alteración del estanque para que salga el auténtico monstruo que en él se escondía. Basta tirar una china del tamaño de una cabeza de alfiler y los rugidos alivian tu decisión de no haberte sumergido en sus aguas. De nuevo y para tu tristeza se confirma la pobre condición de débil ser humano que nos acompañará hasta nuestra tumba. “Esta vez tampoco” es el cartucho de pirámide en bajorrelieve mil veces escrito por la historia a modo de “pruebe otra vez” de la tómbola de nuestra vida. Y, sí, la vida es una tómbola.
