autómatas
Las almas perdidas vagan encontrándose. Las almas perdidas, como las causas, ofrecen riquezas no táctiles pero con peso espiritual de la densidad del mercurio. Bajo abrigos raídos de vivencias esconden su figura y enseñan su alma. Sus andares parsimoniosos, de huellas indelebles. Sus poses de ignorados les dan el caché de grandes divos de la calle de la vida. Corren en su estatismo hacia grandes metas inalcanzables para el resto y se ahogan en mares de humanidad. Autómatas de movimientos repetitivos esconden maquinarias de la contundencia de un arado romano con la que arar sus campos privados, grandes latifundios allá donde nadie ha explorado. Miradas vidriadas, de aspecto faceteado, irradian reflejos de mil interrogantes y dejan pasar a las oquedades de su duende los abrazos de mil sonrisas.
