quimera
Querida Quimera.
Hoy puedo por fin escribirte de nuevo. Ya sé que no has tenido noticias mías porque las cosas han estado complicadas por aquí. Nuestro batallón fue casi aniquilado y tardaron un montón de días en venir a rescatarnos a los pocos que quedábamos con vida. No te preocupes, yo estoy bien, ya me he recuperado del todo y sigo entero. Estuve a punto de perder un ojo porque se me incrustó una esquirla muy cerca de él pero consiguieron extraerla y hoy, que me han quitado el vendaje, lo primero que he pedido ha sido un lápiz y un papel para escribirte.
He estado pensando mucho en ti, en todo lo que hemos pasado juntos y quiero que sepas que nunca perdí la ilusión de poder volverte a ver de nuevo. A pesar de esos días en total oscuridad, reptando entre barro y vegetación, sin comida, siempre aparecía tu imagen, esa mirada que retengo en mi retina de la foto que me diste y guardo siempre conmigo y no podía ver. Y tu sonrisa insinuada levemente, como una Gioconda particular y cómplice que me daba la vista a través de los precarios vendajes que me puse para taponar la herida. Y eso, Quimera, mi amor, eso ha sido lo que más fuerzas me dió para mantenerme vivo, para luchar por seguir en este mundo y algún día reencontrarme contigo, para sentir de nuevo tu piel, tu aliento, tus cálidos besos.
Cuando escuchaba la voz de la enfermera que me cuidaba quería creer que eras tú la que me hablaba, la que suavemente susurraba a mi oído que estuviera tranquilo. Y lo quería creer con tanta fuerza que realmente te escuchaba a tí, que era tu voz el bálsamo a mi dolor y el estímulo de mi esperanza. Y hoy, más tranquilo, ya casi curado, al quitarme la venda he buscado tu cara en la suya y con suavidad la he besado en la mejilla, la he mirado a los ojos, la he cogido una mano con las dos mías y la he susurrado bajito...gracias Quimera.
