zanjada
No supiste entender, no quisiste, que vivías cegada de falsas palabras. Abriste tu torre de cien balcones a los sonidos de laudes trucados de orquesta y fingiste vibrar sus acordes sabiendo que nada te daban; embustes dorados. Viniste hasta mí en tu mirada hacia dentro y llorabas, pedías que no te dejara, que no había nada. Pensé que tal vez cambiarías, que ya no querías, que ya no sangrabas. Y vi con el tiempo que todo volvió, que tu vanidad no estaba aplacada. Dejaste que fuera rodillo de heridas que nunca sentiste acabadas. Y hoy, muchos años latiendo pasados, aun te recuerdo soberbia y te veo , ahora, te veo zanjada.
