gong
Sigues acosando con tus carencias apostadas los frentes más yermos de interés porque eres consciente de tu realidad y por eso la intentas encubrir de la alegría-paragüas. Y bajo él es donde las gotas de lluvia recorren tus mejillas. Sigues intentando enlucir paredes cuando éstas lucen grietas inquietantes y se hacen más evidentes, ruina inminente vendida al peor postor. Pero eso ya lo sabes, esas huellas las repites con pisadas que no las dejan. Y te estancas en las risas más huecas, cuevas de unos ecos que repiquetean tu alma vacua hasta arrinconarte contra las cuerdas de la vida. Y suena el gong, ya sonaron para ti las últimas campanadas. Has de abandonar el ring, no te lo has ganado, no has ilusionado a contrincante alguno.
