teatral
Hay cierto regusto cuando miro tu vivienda y sólo las palanganas llenas de vómitos dan fe de tu vida en ella. Y hay ese regusto de miseria rumiada que alegra los trances hasta disolverlos. Porque al salir de tu cenagal observo con mimo y disfruto la brisa librada que, prisionera, vicias en tu agujero, hasta hacer fétida tu estancia alveolada y crujiente. Doy por bueno el tiempo que dio perspectivas al encuadre que pretendías techar y clavar gemido tras gemido en una obra teatral a la medida de una vileza caramelizada. No miro atrás sin saber que te estremecen los días soleados en otra piel mientras intentas hacerla sombras inutilmente. Sí, cayo el telón y tu máscara se rompió en mil. En mil trozos mil veces mal pegados.
