luz
Vas bordeando los límites de tu miseria ladrido a ladrido pero la afonía hizo bien su trabajo para que la calma asome por el horizonte. Llegaste a creer que tu territorio era un fundo de leyes propias sin consensuar y eso minó la paciencia de quien aguantó altruísta una posibilidad entre mil de que te hallaras. Me alejo inmaculado de desánimo porque nunca gasté las ganas; ni las malgasté por ser impulsos cristalinos bien fogueados. Doy ya la espalda a la duda regalada que no quiero, al egoísmo que jamás quise asumir, a la felicidad de humo; porque camino ya hacia la luz que sospecho y de nuevo, como siempre, creo.
