En octubre de 1932 esta fotografía, Lunch atop a Skyscraper, de Charles Clyde Ebbets, fue publicada en el suplemento del New York Herald Tribune. En realidad esta serie de imágenes sirvieron como denuncia de los trabajadores para solicitar mayor seguridad en las obras de construcción del Rockefeller Center de Nueva York. Al tiempo sirvieron de punto de partida a la leyenda de Ebbets como uno de los artistas de la imagen más creativos y prolíficos de su época.
Se trata de una de las fotos más impactantes y famosas de las primeras décadas de siglo y para nada exenta de riesgo. El propio autor se encaramó hasta las vigas del piso 69 de la obra en construcción para poder tomar la serie de instántaneas. Quizá sus dotes de piloto de aviación le ayudaron a la hora de mantener la calma y soportar el vértigo, pero ¿y los obreros? Esa gente urbana acostumbrada a vivir como funambulistas para poder llevarse el pan a la boca...
Ebbets cultivó la fotografía aérea, la publicidad, el retrato de famosos, fotografía deportiva y paisajística. Hoy en día su nombre continúa de actualidad ya que muchas de sus obras han sido objeto de múltiples manipulaciones legales por la obtención de sus derechos.
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Una muestra amplia de las fotografías de Ebbets podéis encontrarla aquí.
Hablar de arte siempre un placer, pero hay conversaciones y conversaciones. No importa si hacerlo sobre cine, teatro, música o literatura, lo importante es que surja esa química verbal que convierte el mero intercambio de opiniones en placer constructivo, sobre todo si el interlocutor es experto en la materia y uno está predispuesto a aprender. El pasado mes de mayo se celebró la V Edición del festival de cine documental Documenta Madrid, en el que pudieron contemplarse 105 trabajos de 38 países, y "aunque no se han visto películas del nivel de otras ediciones, en las que ciertas obras destacaron sobre el resto, sí hemos podido disfrutar de realizaciones excelentes", según dice el propio director del festival, Antonio Delgado. Analizamos con él los pormenores de este evento cultural que ya suena entre los principales del género en nuestro país. Trifón Abad
¿Podrías hacerme una breve sinopsis de por qué crees que se ha llevado el Primer Premio del Jurado al Mejor Cortometraje de Creación Documental The mosquito problem and other stories, de Andrey Paounov?
Creo que es una película excelente, como sus trabajos anteriores. Con una actitud muy positiva ante la vida. Se trata de una película coral, que no descarta la comedia, y muy fresca. Además es un film que viene avalado por la concesión de otros premios en varios festivales, por lo que tenerlo aquí ya ha sido un premio para nosotros.
En cinco años Documenta Madrid se ha situado a un nivel excelente, ¿crees que tuvo la suerte de nacer en un momento en el que el documental acababa de asentarse en las salas de cine? Sí, creo que nació en el momento adecuado. Cuando en 2004 nació Documenta Madrid sólo había otro festival más a nivel nacional dedicado en exclusiva a este género. Ahora, sólo cuatro años después, debemos ser siete u ocho festivales dedicados al documental. En este sentido creo que efectivamente fue un momento de eclosión de este tipo de cine, lo cual ya se venía echando en falta, puesto que en España estamos muy retrasados tanto a nivel consumidor como industrial en el ámbito documental...
¿La gente piensa aún que un documental es lo de los animalillos que ponen en la televisión pública después de comer? Pues sí, aquí aún permanece esa creencia de que son programas de naturaleza, viaje y animales. Y no. Es mucho más. Son películas que se diferencian de la ficción por el hecho de que en ellas se trabaja con elementos extraídos de la realidad, pero el tratamiento narrativo es similar: personajes en un nudo, que desembocan en un desenlace, y además se recrea en un lenguaje audiovisual real.
El año pasado fue el único en que una película española se llevó el premio de Creación de Largo, con “Can Tunis”, ¿qué película nacional destacas de la edición de 2008?
Ha habido una cinta que recomiendo a todo el mundo, se llama “Caja Cerrada” y es de Martín Solá. Ha recibido la mención honorífica del jurado.
¿Cuáles son los países o regiones que gozan de mejor salud en dirección, temas, originalidad? Creo que, no siempre, pero en muchos casos la cantidad conlleva calidad. Por supuesto, no por hace muchas películas todas son buenas, pero cuanto mayor producción haya más posibilidad habrá de encontrar cosas interesantes. En este sentido, por la experiencia de Documenta Madrid, se pueden centralizar cuatro focos: Europa, con Francia, Alemania y, por supuesto, Holanda; en Asia destaca China; luego está Latinoamérica, donde Méjico y Argentina son emisores de un aluvión de trabajos interesantes cada año, y por último Israel, un país con material excelente, unas escuelas de formación impresionante y además cuenta con una realidad abrumadora, como es el conflicto palestino-israelí.
¿Crees que un documental puede de verdad cambiar conciencias? Yo creo que sin lugar a dudas. Es una de nuestras aspiraciones secretas: abrir ventanas al mundo y ofrecer realidades que nos tocan de cerca tanto física como emocionalmente. Como ejemplo sirve la película "Sahara no se vende" que se ha hecho con el Premio del Público en el certamen nacional. Creo que todos los españoles debemos verla porque, en mayor o menor medida, cada uno de los gobiernos de la democracia nos hemos portado muy mal con este pueblo, y creo que forma parte también de nuestra cultura. Le debemos un respeto, ya que viven casi en el exilio y en parte es por nuestra dejadez.
Técnicamente, ¿cualquiera con una cámara digital aceptable, una buena idea y un amigo con nociones de montaje puede hacer un documental impactante? ¿Hasta qué punto es necesaria la base teórica? Bueno, además de las herramientas que hoy en día están al alcance de casi todo el mundo, y una realidad digna de ser narrada, creo que la formación y el talento son fundamentales. Sin talento puedes hacer una película sin más, si le quitas la formación puedes...no sé...
...juntar imágenes...
...eso es, unir fotografías en movimiento, pero es difícil hacer algo interesante. Claro que puede llegar alguien con un talento sobrehumano y sin formación y hacer algo novedoso, pero ante eso no hay normas, porque a esa gente se les llama genios. Pero son los menos…
¿Ha crecido la afluencia de la denominada poesía visual, imágenes armonizadas con música con una apuesta estética?
Sí, la innovación es más potente en este género que en la ficción. Del mismo modo ocurre que este tipo de cine que comentas es más propio del corto, puesto que para elaborar película en este formato los costos son menores, por tanto la esperanza de recuperación de la cantidad económica invertida es mayor, y por ello es más propio encontrar obras de ruptura formal y estética en el apartado de cortos. La gente quiere romper las fórmulas de la ficción, que hoy en día son muy repetitivas. Los creadores americanos llegan hasta a hacer remakes de sus propias películas... no te digo más...
El cine documental se caracteriza en la teoría por su grado de objetividad frente a la ficción, ¿estás de acuerdo con esa reflexión?
No tiene por qué. Nada es absolutamente objetivo, pues en cuanto le plantas una cámara delante a una persona, psicológicamente comienza a actuar. Esa desvirtuación de la realidad se produce hasta extremos tales que dos personas pueden adaptar el contenido de una película a su propio estado de ánimo, y a su particularidad individual.
En este sentido la ficción y el documental no son tan distintos... No, no lo son. Es difícil en ocasiones marcar dónde termina un género y empieza el siguiente. Si colocásemos en un extremo de una línea imaginaria al periodismo de investigación y en el otro a la ficción, el documental se movería sin saber bien hacia dónde decantarse. Es como un ente que se acerca o aleja sin una delimitación clara, y en ello, la mirada del director es determinante.
"(...) No sé de otros testimonios que puedan ayudar a comprender el proceso desencadenante y condicionante de un cuento breve digno de recuerdo; apelo entonces a mi propia situación de cuentista y veo a un hombre relativamente feliz y cotidiano, envuelto en las mismas pequeñeces y dentistas de todo habitante de una gran ciudad, que lee el periódico y se enamora y va al teatro y que de pronto, instantáneamente, en un viaje en el subte, en un café, en un sueño, en la oficina mientras revisa una traducción sospechosa acerca del analfabetismo en Tanzania, deja de ser él-y-su-circunstancia y sin razón alguna, sin preaviso, sin el aura de los epilépticos, sin la crispación que precede a las grandes jaquecas, sin nada que le dé tiempo a apretar los dientes y a respirar hondo, es un cuento, una masa informe sin palabras ni caras ni principio ni fin pero ya un cuento, algo que solamente puede ser un cuento y además en seguida, inmediatamente, Tanzania puede irse al demonio porque este hombre meterá una hoja de papel en la máquina y empezará a escribir aunque sus jefes y las Naciones Unidas en pleno le caigan por las orejas, aunque su mujer lo llame porque se está enfriando la sopa, aunque ocurran cosas tremendas en el mundo y haya que escuchar las informaciones radiales o bañarse o telefonear a los amigos (...)".
Noreply pueden presumir de poseer un sonido auténtico, aún no explotado en España. Aunque contamos con precedentes de bandas de calidad, lo cierto es que estos madrileños han lanzado a la calle un disco que innova en el ámbito del jazz swing, dejando en un segundo plano el ska y el reggae. Con un extraordinario trabajo vocal, un juego de vientos muy a lo big band –sin llegar a serlo por el escaso número de componentes, pero apuntando claramente a esa línea-, unos ritmos pegadizos, bien construidos y lo que es más sorprendente, nada explorado, estos nueve cracks han extendido a nuestro país las raíces más elegantes del sonido Mardi Grass, de bandas como Squirrel Nut Zippers, Brian Setzer o los Cherry Poppin Daddys, auténticos referentes del panorama jazz swing actual, lo que ha venido denominándose neo swing.
No en vano, después de una más que prometedora maqueta llamada Not on the sunny side, Noreply han sacado este Drunkology, ni más ni menos que de la mano de Universal, recuperando los dos mejores temas de los cuatro que componían el primer trabajo: Big Joke, que podéis escuchar en su web y Old Fashioned. En mi opinión, en este album debut, destacan sobre los demás los cortes Man on the roof (que desde el primer momento te atrapa con un ritmo de guitarra que inevitablemente recuerda a los mejores temas de los Squirrel), Walls (más en la línea ska swing, con un aire New York Ska Jazz Ensamble y con letra protesta incluida) o el soberbio y homónimo Drunkology, más jazzero, con un inicio melancólico que en seguida se rompe dando paso a unas melodías divertidas y estilosas que la convierten en un auténtico masaje para los oídos.
Y encima son majos…
Para el próximo número de madridUNDERGROUND ya en septiembre saldrá la entrevista que les hice el pasado viernes 13, un par de horas antes de que saltaran al escenario de la sala Caracol para demostrar por qué están donde están y hasta dónde pueden llegar. Ilusionados, agradecidos, con los pies en la tierra y de buen humor... así se mostraron en el camerino cada uno de los músicos que iban dejándose caer para las pruebas de sonido. Sinceramente, tras verlos tres veces en direcor, para mí que pueden llegar muy lejos. Quien sabe si a Nueva Orleans...
Grupo: NoReply (Batería: Jaime Gutiérrez, Bajo: Diego Asenjo, Piano: José Ángel Sagi, Guitarra: Ernesto Zúñiga, Trombón: Fernando Alonso, Saxo tenor: Franky González, Saxo Alto: Ernesto Millán, Trompeta: Ricardo Rodríguez, Voz y trompeta: Álex Serrano)
Existen y han existido muchas doctrinas para que uno encuentre su camino en la vida, desde la Biblia y todos los sermones religiosos, hasta los refranes, pasando por las reprimendas de nuestros padres, los ejemplos de físicos excepcionales que vemos por la tele o los deseos de ser superestrellas mediáticas o deportistas de élite.
Pero en la vida que vivimos, hay más caminos que la que los demás desean para nosotros. Y a veces nuestra existencia tiene que dar un paso atrás para tomar carrerilla. Este discurso del director de Pixar, Steve Jobs, en la universidad de Stanford es un buen ejemplo de cómo afrontar nuestra era, nuestro siglo XXI. Porque las cosas no son como eran para nuestros abuelos, ni para nuestros padres, ni siquiera para nuestros hermanos apenas unos años mayores que nosotros. Dura casi quince minutos, pero de verdad creo que merece la pena escucharlo, porque es sincero al cien por cien, y esete tío, queramos o no, es uno de los Da Vincis de nuestro tiempo.
Hacía tiempo que no asistía un concierto de una banda de talla y saltaba con la comodidad del pasado viernes en el Festimad, y es que el polifacético Emir Kusturica y su banda de no fumadores no llenó La Cubierta el viernes ni por asomo, y los grupos que le precedían, ya os podéis imaginar…
Sin embargo, liderados por el incombustible Dr. Nelle Karajlic, que a los dos temas ya se había quedado en gallumbos, la banda eslava ofreció un directo divertido, que durante un tiempo te saca hasta de los idiomas que nos rodean y logran que te evadas y te sumerjas en la música. Un directo musicalmente aceptable para la PÉSIMA acústica de La Cubierta, que cuando acoge a bandas muy apoyadas en los instrumentos el resultado se convierte en un sonido infernal que hace imposible diferenciar un saxo de unas maracas. Lo dicho, un show enfocado a la diversión, altas dosis de payasadas y músicos excelentes, bueno… excepto el propio Kusturica… pero verle dando saltos y haciendo coros ya es un puntazo. Varios temas del disco Unza Unza Time, alguno de la ópera punk ‘Le Temps des Gitans’ y los clásicos de los films ‘Gato Negro Gato Blanco’ o ‘Underground’ justificaron la asistencia. Antes de ellos, las siete bandas nacionales que abrieron el festival -Vita Imana, The Rejects, Rokcinante, Nu Eve, Gizmo y Fetus in Feto, y Day of Rising- tocaron para sus amigos y algún despistado que entrase antes de tiempo para ver a El Chojín, quien de verdad dio el pistoletazo de salida al evento, aglutinando a un público entregado después de las actuaciones de Kumar y Bigg.
El sábado fue bien distinto. Los yankis Linkin Park redujeron la edad media de los asistentes unos cuantos años y aumentaron el aforo, salvando así el cuello del festival y creando expectativas, si no positivas sí halagüeñas, de cara a la edición del año que viene. El Nu Metal más que aceptable de los californianos se vio enturbiado en parte por el pésimo sonido del recinto aunque salvado por una excelente producción. El público, que conocía cada uno de los temas interpretados, se dejó la garganta y llenó La Cubierta hasta por las gradas, acompañados muchos de ellos de sus padres o hermanos por ser menores de edad. Del resto de bandas del sábado llamaron la atención los catalanes Nunnery, que llevan ya unos años haciendo buen Hardcore aunque recibiendo poca cobertura, mientras que, por su parte, The Blackout y Lostprophets hicieron su papel: entretener a los presentes hasta que a los endiosados Linkin Park les apeteció salir a escena para ofrecer un directo vibrante en nuestro país tras cuatro años de espera. Deseamos y confiamos en que en la próxima edición el cartel estará a la altura de las expectativas.
Esta noche toca la banda Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra en el Festimad.
Ciertamente este festival va de mal en peor, y aunque la banda del cineasta ha tocado varias veces en España este año -por lo que de sorpresa su actuación no tiene nada-, sí es cierto que tienen un directo alucinante, y que son la sensación de cualquier evento en el que forman parte, por cachondos, por fiesteros, por polifacéticos y por el amplio elenco de estilos musicales que abarca su repertorio. Además en su último concierto en Madrid, subió al escenario Maradona, con motivo del documental que Kustu presentó recientemente sobre el endiosado exfutbolista argentino, titulado "La mano de d10s" .
Esta noche tendré el gusto de ir a ver a Emir y sus locos, acreditado por la revista MadridUnderground, de la que soy redactor.
Un poco de historia para quien no sepa acerca de esta banda:
Hace algo más de un cuarto de siglo un nuevo estilo musical nacía en Yugoslavia como alternativa al rock que se extendía por los clubes y radios del país balcánico. Era una música extrema, sátira y novedosa, a veces absorbida por la melancolía y otras envalentonada por la fuerza del blues, ciertos aires electrónicos o las raíces gitanas. En esa vorágine de creatividad se desenvolvían los integrantes de Zabranjeno Pušenje (prohibido fumar, en español), a quienes Kusturica conoció mientras grababa “¿Conoces a Dolly Bell?” y comenzó a colaborar con ellos como bajista, componiendo alguna canción y dando conciertos.
Los éxitos en el mundo del celuloide comenzaron a lloverle a Kustu, justo cuando la banda alcanzaba un polémico éxito en Yugoslavia allá por 1984. Desde ese momento, soportando las inclementes guerras que ha sufrido la región de los Balcanes e introduciendo instrumentos que sustituían la tradicional formación de rock, apareció el nombre anglosajón que hoy conocemos y que logró una reconocida fama mundial con su disco “Unza Unza Time”, del 2000. Sería injusto obviar el hecho de que se añadiera el binomio Emir Kusturica + “The No Smoking Orchestra”, pues esto dotaba de una popularidad sin fronteras a la banda. Conste que no pretendo negar la indiscutible calidad de sus miembros, músicos instruidos en conservatorios y con una destreza para experimentar y fusionar estilos que ha asentado pautas que hoy siguen cientos de bandas a escala internacional. Kusturica ha incorporado la música de esta formación en cada una de sus películas desde que, en 1998, “Pitbull Terrier” se alzara como el primer hit en toda regla, como parte de la banda sonora de Gato negro Gato Blanco”.
El estilo ha recibido varios nombres en castellano: música cigana, folk balcánico, fanfare, etc. Pero el sonido es tan peculiar que se distingue de todo lo convencional con sólo pegar el oído unos segundos: mucha percusión de metal, influencias de jazz, folk y rock, violines y un ritmo, por lo general endiablado, que los propios componentes del grupo denominaron en su día “Unza Unza”.