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Adicciones

Categoría: Sobre el humo

31 Octubre 2006

Parada

No puedo más. Tengo que gritar y romperme la garganta. Tengo que llorar en silencio. Paro de nuevo.

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12 Septiembre 2006

Seguir

Regresan al colegio. Siguen pasando los años. Seguimos esperando que las mochilas nuevas nos aporten otros horizontes. Nuevos horarios. Nuevas experiencias. Más vida.

Hoy llovía. Caía un agua torrencial, de diluvio originario, como si quisiera dejar su presencia después de semanas de sequía y desierto, como si reclamara de nuevo su lugar en esta ciudad castigada durante semanas por el sol y la humedad.

Después de dejarlas en el cole he puesto rumbo a la oficina. Me apetecía caminar bajo la lluvia así que me he bajado tres paradas antes del autobús. En las aceras se formaban sistemas de ríos y lagunas. Sin darme cuenta he comenzado a seguir los pasos de una chica que caminaba delante de mí. Llevaba sandalias y sus pies desnudos iban dando pequeños saltitos para evitar hundirse en el agua embalsada, en los remansos frescos. Protegía su camisa de seda negra llena de flores estampadas debajo de un paraguas rojo. No pede verle la cara, pero, sin que lo supiera, iba guiando mis pasos hasta el último cruce. Colocaba mis zapatos donde ella había posado sus pies como alas. Allí nuestro camino se separó y alcancé el despacho como pude, empapándome los zapatos nuevos y las perneras del pantalón, sin poder evitar hundirme en todos los charcos.

Juraría que, con sus gráciles movimientos, no se mojó ni el meñique.

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5 Septiembre 2006

Si comiera un limón...

Hoy se publica en La Vanguardia una reseña del próximo libro de relatos de Sergi Pàmies, del que tomo prestado la primera parte del título. Por supuesto, no lo he leído, pero, en la entrevista, he vislumbrado señales de cercanía. La dependencia de las relaciones afectivas que crean adicción. El amor a los hijos, a la mujer, que se convierte, y cito textualmente, en una adicción, que crea dependencia.

Ayer mismo, una vez más, dudé de nuevo, y, después de repensar como sería una vida sin su presencia constante, como sería una vida con la posibilidad de ser tan feliz como los ingenuos algún día, tuve que llegar a la misma conclusión que mi psicoterapeuta. En realidad te gusta sufrir.

Quizás, mi más profunda adicción, no sea a una persona sino a la amortiguada sensación de dolor que me permite seguir escribiendo. Leeré el libro.

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28 Julio 2006

Lo que permanece

Los jueves, paella.

Las vacaciones en agosto.

Las emociones al ver, una vez más, "Memorias de África"

El dolor cuando se sufre.

La página en blanco al regreso, ya en septiembre.

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24 Julio 2006

Bodas

Cuando me invitan a una boda siento una gran pereza y trato de buscar mil excusas para no acudir. Celebrar ese tipo de acontecimientos me resulta agotador y, en algunos aspectos, incluso impúdico, pero, en ocasiones, no puedes negarte sin provocar una nueva versión de la guerra civil en eso que denominan la familia extendida. Este fin de semana tuve que asistir a otra. Apenas conocía a la contraria y eso que es quien me ha invitado. Además, el calor hacía insoportable la etiqueta, así que procuré colocarme lo más alejado posible y me entretuve en observar el paisanaje.

Me resultó curioso que, en su mayor parte, las parejas jóvenes y todavía no matrimoniadas exteriorizaran más emociones y arrobos que otras que ya llevan años de convivencia y matrimonio. Éstos procuraban andar más sueltos y se percibía despego, aburrimiento, incluso hastío. Incluso aquéllos de los primeros a los que les tocó, en situación que ahora parece estar convirtiéndose en costumbre, recoger el testigo de la carrera de relevos en que se convierten los muñequitos de la tarta nupcial, y que se negaban entre risas nerviosas a quedárselos, se les notaba un tenue brillo en los ojos que, me pareció, no provenía de la abundancia de alcohol con que se festejan estos acontecimientos. ¿Lo llamaríamos falta de experiencia o el producto de reacciones químicas ilusionantes fruto de hormonas de las que, a cierta edad, ya carecemos?

Hubo tiempo para todo. Esperas interminables para cotillear, poner verde a primos a los que vemos sólo de boda en boda, y sufrir el daño de los zapatos y el ruido ensordecedor al que ahora llaman música, servido por un colocador de cedes enloquecido y que pretendía ser gracioso. Los mayores de la familia parecían a ratos mirar con melancolía hacia su tiempo pasado. Al cabo, quizás era el champaña servido con generosidad, el que los sumía en el baile tribal, al borde del colapso, empapando en sudor sus grasas, con músicas que nunca fueron suyas. Por fortuna, no hubo demasiados niños corriendo entre las mesas y atiborrándose de caramelos.

Para mí, que recuerdo mi boda como un día sofocante de agobios, sudores y prisas, en el que todo lo que podía salir mal se produjo tal y como lo habría profetizado un gafe, comprobar que el pasado se repite una y otra vez, incluso con protagonistas diferentes, es el único punto de divertimento del que disfruto durante los momentos en que, por obligación, debes resultar educado y amable. La rueda sigue. Seguimos vivos.

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2 Junio 2006

Mensajes

Poco antes de que llegaran las navidades, ahora ya tan pasadas, me llegó un mensaje de felicitación al móvil. Me extrañó. Yo no envío ni postales a los íntimos. Había, además, una novedosa diferencia. No conocía al remitente.

Soy persona más o menos educada, así que respondí, a mi vez, con otra felicitación y con alguna interrogante que pudiera sugerir a mi comunicante que se había producido un error. Al otro lado, no sé en donde, lo captaron enseguida y de nuevo llegó otro mensaje, ahora de incredulidad ante la duda. Mi respuesta intentó aclarar las cosas manteniendo oculta mi identidad. Comenzamos entonces un cruce de mensajes diferentes. La casualidad del error, quizás al escribir el número de destino tras una noche loca, o por la existencia de algún bit descontrolado en las centrales de movistar, había propiciado un encuentro inesperado. Los textos iban y venían revelando pequeñas parcelas de nuestra intimidad. Por momentos tuve la tentación de no mandar el siguiente mensaje y marcar directamente el número para escuchar una voz que, presumía, era femenina y melodiosa.

No lo hice. Descubrí algunos datos: el lugar desde donde escribía, aquello a lo que me dedico. No obtuve más respuestas. Al cabo de unos días borré los mensajes de la memoria del móvil. Ahora tampoco diré desde donde escribo o en qué trabajo. Temo que si lo hago nadie me lea.

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12 Mayo 2006

Perplejidades

Tener la sensación de que solo puedo escribir cuando estoy deprimido.

Pensar que algún comentario supuestamente divertido o que, al menos, me hace sonreír, queda vacío de toda gracia si lo pongo en negro sobre blanco.

Suponer que, algún día, me querrá, y seguir esperando que amanezca.

Que en mi bitácora aparezcan historias que yo no he escrito.

PD. Alguien del equipo puede explicarme como caben aquí películas sin clave y número de usuario?

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6 Abril 2006

Solo lo que les parece

Creen saber lo que son, como son, como les ven, tener rasgos de carácter más o menos definidos, una imagen con rasgos reconocibles, pautas de conducta establecidas, rutas programadas, incluso navegador con GPS incorporado de serie.

Y cada uno les vemos, y a cada uno nos ven, de forma diferente cada persona que nos mira.

No tenemos foto fija. Ni al sprint.

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Sobre mí

Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.

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