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<title>Adicciones</title>
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	<title>Adicciones</title>
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<title>Parada</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/31/parada</link>
<pubDate>2006-10-31T12:58:10+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Sobre el humo</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>No puedo más. Tengo que gritar y romperme la garganta. Tengo que llorar en silencio. Paro de nuevo.
</p>
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<title>Habitáculos: portales</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/26/habitaculos-portales</link>
<pubDate>2006-10-26T11:23:54+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Orígenes</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Los inviernos del estudiante sin dinero se hacían interminables. Aquel primer año la beca era corta, las ansias eran muchas y, por tanto, las perspectivas debían adecuarse al líquido disponible.  Del comedor universitario pasábamos a deambular por las calles, a apurar un café durante horas, a las charlas interminables sobre la vida y la muerte, sobre la libertad,  los grandes temas que impregnan el descubrimiento de vivir cada cual su camino y sus deseos. Una botella de vino peleón bien repartida servía para pasar la tarde entera en un garito cantando con guitarras a Víctor Jara y Quilapayún, a Serrat, Paco Ibáñez y otros clásicos y nos dejaban terminar con una cena de cacahuetes tostados rebañados de las mesas vacías. </p>
<p>Por la noche el cierzo introducía el frío en los huesos. El grupo se iba desperdigando a las distintas habitaciones con derecho a cocina. Las convenciones morales de la época y los pactos establecidos impedían que subiéramos a los cuartos de las chicas o que éstas se refugiaran en los nuestros.  Los portales se convirtieron en nuestro refugio, especialmente en suyo, algo más acogedor, con unos escalones de granito, fríos, pero que permitían descansar después de horas de paseos a ninguna parte. Allí, conforme se entrelazaban las conversaciones, iba surgiendo el deseo, aparecían los primeros sentimientos que tapaban otros dolorosos. La esperanza hacía olvidar las causas de la huída, cerraba las heridas que habían quedado atrás. Las noches en el portal, largas conversaciones interrumpidas sólo por la llegada de algún vecino trasnochador al que había que dar paso sumidos en el silencio, fueron reiterándose. Las primeras en pandilla, todos juntos y revueltos, y, poco a poco, los intereses comunes nos fueron juntanto a los dos, la conversación se fue haciendo más íntima, fuimos aceptando incluso los silencios y buscando el ruido de las respiraciones mientras abanzaba, sin parar el reloj y nos asegurábamos que no importaba fumarse las primeras clases. Comenzamos a hablar de nosostros, a reconocernos como personas, a intentar balbucear sentimientos. </p>
<p>Una noche, a solas con ella en su portal, le disparé sin pensar ¿tu te masturbas?. Me miró con cara de asombro, pareció negar con la cabeza y entendí que la pregunta no había sido muy adecuada. Me despedía con torpeza y caminé hasta la habitación con derecho a cocina.  Pasaron varios años hasta que volvimos a retomar aquella conversación. Al día siguiente, de nuevo comimos todos juntos. La noche parecía haber borrado tanto la pregunta como la (aparente) respuesta. Nos instalamos en la normalidad de la pandilla.</p>
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<title>Improntas</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/21/improntas</link>
<pubDate>2006-10-21T19:50:44+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Abecedario</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>César Tubau se había quedado sin ideas. Nunca había sido una persona despierta pero, una mañana, tiempo atrás, sintió que no se le ocurría nada y ni tan siquiera notó un vacío. Miraba a las personas a su alrededor, observaba los distintos objetos, conocía sus nombres y sus usos, seguía con los ojos los movimientos, pero nada llegaba a producir un pensamiento en su cabeza. No conseguía pensar nada, y ni siquiera era consciente de ese vacío, ni se sentía distinto a los demás, ni podía pensar que otros días anteriores en su vida habían sido diferentes.</p>
<p>Desde entonces, durante años, siguió una vida metódica inspirada por la mecánica diaria grabada como una impronta en los pliegues de su cerebro. Con su mujer compartía la vida que acostumbraban, ajenos a novedades o a sorpresas. En el trabajo respondía de forma adecuada a los estímulos documentales y a los destellos del ordenador y pasaba las horas muertas, removiendo papeles, copiando informes, y utilizando corta y pega de word para hacer miles de páginas inútiles. Al llegar a casa, algunas noches, su compañera le esperaba con alguna de sus sorpresas habituales y terminaban, como siempre, haciendo el amor tal y como habían aprendido hacía ya demasiado tiempo.</p>
<p>Los años transcurrieron lentamente, con la suave cadencia de las estaciones, con el monótono caer de las hojas del calendario. Todo estaba en orden.</p>
<p>Una noche, César Tubau se despertó sudando. En el reloj comprobó la hora, apenas las cuatro de la mañana, y sintió un escalofrío. Pensó que no era feliz y la simple comprobación de que algo se había vuelto a encender en su mente le asustó. No sabía como reaccionar. No estaba previsto que sucediera. El sudor se incrementó y notó un dolor agudo en el pecho. Apenas se dio cuenta de que se moría.</p>
<p>A la mañana siguiente, cuando sonó el despertador, su mujer sintió su mano fría y quieta en la cadera. No tuvo siquiera que mirarlo para saber lo que había sucedido. Pensó: pobre, como un pajarito...</p>
]]></content:encoded>
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<title>Habitáculos dos</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/11/habitaculosdos</link>
<pubDate>2006-10-11T10:21:22+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Orígenes</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Aquel curso se consumió entre turbulencias. Las clases eran masivas. Las manifestaciones también. En cualquier momento se montaba una pequeña algarada o una pequeña fiesta con guitarras, canción protesta y vino peleón. Y, a veces, hasta pillábamos costo después de falsificar la compra de algún libro. El frío en la habitación era intenso así que apenas pasaba en ella el tiempo imprescindible para dormir y para las últimas sentadas previas a algún examen. Corrimos delante de policías que todavía vestían de gris y corrimos borrachos de bar en bar hasta acabar en el santuario local con nombre de metal noble, El Plata, café cantante, donde nos mezclábamos alrededor de la penúltima copa de coñac con los habituales del lugar y con otros peregrinos que, desde los pueblos próximos, habían acudido a la celebración suprema de la juerga. Jaleábamos cuplés, a la espera del striptis final, para acabar la noche y pasar la última sesión en el bar de la estación del tren, viendo fugaces expresos nocturnos camino de lugares a los, entonces, no soñábamos siquiera con llegar.</p>
<p>Aquel año nos alimentábamos en el comedor de medicina, entre revuelos de batas blancas de aprendices, con productos congelados y mal recalentados. Lo más barato de la ciudad para estudiantes sin posibles. Allí la conocimos. Eramos tres para tres y comenzamos a esperarlas para comer. Todos de medicina menos yo, un bicho raro, que empezaba en una facultad distinta y que mantenía como único lazo de unión la habitación realquilada de al lado.
</p>
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<title>Palomas</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/10/palomas</link>
<pubDate>2006-10-10T13:52:29+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">En corto</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre cruza en diagonal la plaza. A su paso se levantan las palomas, molestas por el intruso que interrumpe la pitanza. Desde un banco, en la sombra, le observan algunos jóvenes sentados en el respaldo. Miran sin ver como camina, sus miradas se pierden a lo lejos, hacia África. </p>
<p>Cuando se acerca a la esquina se detiene. Apenas un ligero temblor en los hombros. A sus pies vuelven las palomas que zurean esperando más grano. El hombre se lleva la mano a la boca, se la tapa. En su rostro emerge la tristeza y, poco a poco, sin moverse, se le escapan las lágrimas. Sólo dos. Resbalan lentamente.</p>
<p>Una niña se acerca para alimentar a las palomas. Levanta la mano y las tres más atrevidas se le montan en el brazo y picotean entre los dedos. La niña levanta la vista para mirar a la paloma que se posó en la cabeza del hombre, para llamarla al banquete. Ve el llanto lento, sosegado. </p>
<p>A pocos metros, su padre la observa. La niña se gira y corre hacia él: "anda, dame un dinero para la estatua".</p>
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<title>Poesía</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/05/-veces-sobre-todo-cuando-depresion-toca-fondo-suelo</link>
<pubDate>2006-10-05T14:12:49+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">En corto</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>A veces, sobre todo cuando la depresión toca fondo, suelo escribir poemillas doloridos intentando encontrar en las palabras el consuelo. Los escribo, los olvido en las libretas que van llenando mis bolsillos y, a veces, los releo y los arranco avergonzado de la futildad del intento. </p>
<p>Hace unos días decidí ir al trabajo en metro. Cuando busqué en los bolsillo de la chaqueta la tarjeta de transporte mis dedos rozaron un papelillo doblado. Lo arrojé, sin leerlo, a las vías. Quedó como una mancha blanca en la negrura, apenas visible.</p>
<p><em>Juzgado de Guardia, dígame.<br />
Llamo de la central de avisos de la Guardia Urbana. Ha habido un accidente en la estación de metro de Ciudadela. Hace unos diez minutos. Hay una persona fallecida. La circulación está detenida. Es urgente retirar el cadáver.<br />
Paso el aviso. La comisión irá lo antes posible.</em></p>
<p><strong>Suicido en el Metro. (Redacción) Poco antes de la medianoche, J.V.M., varón de 38 años, murió tras ser arrollado por un tren del metro. Se desconocen las circunstancias del fatal accidente, pero, junto al cadáver se localizó una nota manuscrita, al parecer un pequeño poema que, por su contenido, y según fuentes policiales, podría indicar que el propio fallecido pudo arrojarse de forma voluntaria al paso del convoy. La transcripción de la nota decía: <em>"Silencio blanco/Llevo semanas y sólo oigo el silencio./Escribo con tinta blanca./Ni siquiera sé si volveré."</em></strong></p>
<p><em>Sonaron las sirenas al paso de los coches camuflados. La distancia hasta la entrada a la estación era corta. Un policía les indicó los pasillos por donde debían dirigirse. El tren había retrocedido. Los escasos pasajeros ya habían sido trasladados la estación anterior. El cuerpo estaba troceado. Junto a la mano derecha, entreabierta, una mancha blanca.<br />
Recojan ese papel, por favor, dijo el juez.</em></p>
<p><strong>En el andén solo había un pasajero esperando. Se colocó detrás. Pocos segundos después entraba el convoy en la estación. Sólo un empujón. Ni le dió tiempo a gritar. El vagón que pasaba a su lado estaba vacío. La locomotora ya había pasado. Subió las escaleras mecánicas. En la entrada solo funcionaban los cajeros automáticos. Era tan sencillo que incluso estaba perdiendo la emoción, las sensaciones de poder de las primeras veces.</strong></p>
<p>Siempre leo la prensa desde la última página. Ayer, por primera vez, vi publicado uno de mis poemas.</p>
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<title>Como debe ser</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/10/02/como-debe-ser</link>
<pubDate>2006-10-02T11:37:14+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Abecedario</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Bernardo era hijo de un abogado con despacho histórico aunque modesto, en el centro de una ciudad mediana con regular crecimiento. Estudió con corrección. Buscaba apuntes, se preparaba los exámenes, sabía que sus gruesas gafas le librarían de las obligaciones militares entonces vigentes. Buscó novia en la facultad y la encontró de su talla, a su medida. Comenzó a hacerse cargo poco a poco de los asuntos que, de forma lenta pero también regular, iban entrando. Alcanzó ritmo de crucero en su economía familiar, con la ayuda del sueldo constante de funcionaria de la que, de novia, pasó a ser su esposa. Nunca se movió de la ciudad en la que había nacido. Ahora, su hijo Bernardo ha comenzado en la facultad. El río lento de la vida va transcurriendo. Cambió gafas por lentillas y, al final, incluso se operó la miopía. Pero sigue viendo las mismas calles cada día. Cambian las estaciones, pasan los años, y, supongo que, aún de forma razonable, es feliz.</p>
]]></content:encoded>
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<title>A diario</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/29/a-diario</link>
<pubDate>2006-09-29T13:57:38+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Abecedario</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Andrés se baja del autobús y camina hasta el café. Hoy no ha comprado el periódico. Ni siquiera pide a la camarera, a la que saluda sólo con un leve gesto. Mientras espera el cortado enciende el segundo cigarrillo y aspira con fuerza. Desea sentir la quemazón y saber que le hace daño. Recoge el café  y comienza a removerlo para que se enfríe. Esta noche tengo que hablar con ella, ya no puedo seguir aguantando silencios y negativas. De hoy no pasa. Tengo que saber que sucede. </p>
<p>El día transcurre en silencio. La soledad del despacho, la monotonía de los papeles. No llega ningún mensaje a la bandeja de correo, salvo los habituales documentos oficiales de cada día. Y, tan rápido, ya es de noche. Llegó el momento. Todos se han acostado. Ella lo ha hecho en silencio, sin decirle siquiera hasta mañana, o me voy a la cama, o ven conmigo a la cama. Cuanto tiempo hace que no escucha esas frases. Ya no recuerda. Andrés, por un momento, ha pensado en seguirla. No le interesa la luz ni el ruido del televisor, ni el libro abierto en su regazo, pero ahora incluso desea el silencio. Es el momento de salir al balcón. Encender un pitillo, aspirar hasta que duela, sentir que se va muriendo poco a poco, en cada calada. Y saber que, por fin, ha pasado un día más con ellas.
</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/29/a-diario#comentarios
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</item>

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<title>A veces...</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/22/a-veces-</link>
<pubDate>2006-09-22T10:12:02+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">En corto</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>...nos llegan noticias, nos las cuentan, que no querríamos haber vivido. A veces, una llamada telefónica que, al ver el nombre iluminando la pantalla, genera un instante de sorpresa y felicidad antes de pulsar el acepto, introduce factores en la vida que no creíamos posibles. Son cosas que pasan a diario a nuestro lado pero que nunca hemos vivido de forma directa. Ni las pensamos. No existen. Ni siquiera tenemos sospecha de la liviandad de nuestras vidas, de los lazos que nos unen a cada uno de los días. Entonces nos damos cuenta de nuestra fragilidad, de lo absurdo de nuestras querellas y preocupaciones. En una ciudad de México una familia esperaba un bebé. Nadie sabe que pasó. No dan explicaciones, pero, desde que amaneció a la vida ingresó en el sufrimiento, en un sufrimiento que no le abandonará mientras viva. Tratamientos agresivos para intentar mantener un cuerpo que pierde vida por todos sus poros. ¿Cómo mantener la esperanza sabiendo que no existe futuro? ¿Cómo explicarle a su hermano que el hermano con el que iba a jugar y aprender no puede salir del hospital? ¿Cómo asumir que se ha roto la vida para siempre, que nada volverá a ser como antes? ¿Cómo entender la terrible injusticia? ¿Dónde pedimos cuentas? ¿Cómo explicar que queremos a ese pedazo de carne doliente más que a nuestra vida?</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/22/a-veces-#comentarios
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</item>

<item>
<title>Respeto</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/20/respeto</link>
<pubDate>2006-09-20T13:41:15+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Dos</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Necesito que respetes mi intimidad, necesito tener una parte de mi misma, un espacio propio... me dijo, hace ya tantos años, después de mucho insistir en compartir sus pensamientos, los sufrimientos que yo podía sospechar. Me lo creí. Lo he tenido siempre presente en todos los años transcurridos, en todos los silencios vividos, todas las veces que rechazaba una caricia, un abrazo o un simple beso.</p>
<p>Hace unas cuantas noches sólo pudo decir que nunca he sido su marido, su amigo, su confidente. Entonces yo me callé. Y, en silencio, pensé que mi mayor error ha sido respetar siempre su silencio, querer en el silencio, soñar con que algún día sería capaz de abrir sus sensaciones y compartirlas. No pedir. Respetar.
</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/20/respeto#comentarios
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<title>20 de septiembre de 2086</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/20/20-septiembre-2086</link>
<pubDate>2006-09-20T10:33:01+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Pasado futuro</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevo contacto. Estoy empezando a tener más seguridad a la hora de entrar, aunque sigo sin tener certeza, sin saber si algo de lo que escribo estará saliendo en algún lado, si podrá ser visto por alguien capaz de leer desde alguna de las localizaciones aisladas en que ahora vivimos los habitantes de lo que queda.</p>
<p>Algún día escribiré sobre mi historia en la travesía universal. Hace ya demasiados años pero ninguno de los que la vivimos hemos podido olvidarla. Entre nosotros no hablamos de esos días, las heridas están todavía demasiado presentes. Nadie propuso ningún pacto de silencio, ninguno de nuestros dirigentes habló nunca de silenciar el pasado pero, el silencio de lo que un día fuimos y de cómo lo perdimos llegando a lo que ahora somos, nos avergüenza tanto que, como en la posguerra alemana, todos preferimos considerar que el pasado está olvidado. Además, todos somos conscientes de que nunca volverá. Ahora cada isla es un planeta alrededor de galaxias de agua.
</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/20/20-septiembre-2086#comentarios
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</item>

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<title>Habitáculos</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/18/habitaculos</link>
<pubDate>2006-09-18T17:54:54+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Orígenes</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>¿En cuantas habitaciones he vivido?<br />
Cuando comencé a vivir solo tuve que buscar una habitación con derecho a cocina. No sé si ahora se sigue utilizando esta expresión que me trae aromas de sucedáneo de café y galletas reblandecidas por la humedad. Eran tiempos de cierzo helado en las calles y vidrios rotos por doquier. Miedo e ilusión.<br />
Nunca tuve relación con la familia que alquilaba la habitación, ni siquiera recuerdo sus rostros o sus nombres. La había encontrado por casualidad y tenía dos ventajas, estaba cerca de la universidad y era individual. Casi monacal. Cama, armario, silla y mesa. Cuarto piso sin ascensor. Ventana a la calle. Al lado, compartían habitación dos estudiantes, realquilados como yo, que comenzaban medicina, y con los que no tuve más remedio que trabar amistad, más por necesidad que por afinidad.<br />
En realidad no vivíamos allí. Nuestras horas pasaban entre clases y bares, en las calles. Aún ignoro como pude aprobar aquel primer año. En las clases comencé a profundizar en las clandestinidades habituales de la época y aprendí a tomar apuntes y a responder a lo que preguntaban. Ahorro de esfuerzos. En el bar, el Montesol, que habíamos adoptado como sala de estar, comedor y cocina, justo enfrente de la desolada habitación, nos llenábamos de humo, cerveza y bocadillos de tortilla. Aprendí a jugar al guiñote, a tomar café y coñac, y desarrollé mis tácticas de fumador. Las horas pasaban muertas en ese bar que todavía existe, en la misma esquina ventosa, con sus olores a fritangas y pinchos con vinagre.</p>
<p>Continuará...
</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/18/habitaculos#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Habitaciones</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/15/habitaciones</link>
<pubDate>2006-09-15T13:46:17+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">En corto</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.belt.es/noticiasmdb/home2_noticias.asp?id=1792">Priklopil</a> construyó su habitación privada pensando, mientras arrancaba paletadas de tierra del sótano de su casa, que estaba edificando un palacio, una catedral, un homenaje magnífico.</p>
<p>Sin querer aceptarlo, muchos de nosotros construímos habitaciones obscuras en el sótano de la conciencia. Lugares donde solo nuestra soledad sabe lo que sucede. No solemos encerrar en ellas a personas, pero sí tenemos allí personas a las que creemos conocer y que, mientras las observamos tan próximas, se alejan cada vez más.
</p>
]]></content:encoded>
<comments>
http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/15/habitaciones#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Orígenes</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/14/origenes</link>
<pubDate>2006-09-14T10:04:47+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Orígenes</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Bucear en las profundidades abisales de demasiados años exige escafandra de seguridad, con elevada resistencia a las altas presiones. Allá abajo se pierden las referencias de espacio y tiempo y las visiones que aparecen diáfanas pueden, en realidad, ser sólo reflejos empobrecidos, carentes del detalle de la vida.</p>
<p>Imaginemos un adolescente que se cree a punto para pasar a la edad adulta, que se cree adulto. Imaginemos que ha salido huyendo de una pequeña capital de provincias oscurecida por el sueño de los años de dictadura, olvidada en un meandro junto al río. Se deja arrastrar por la vida a unos estudios que no le seducen pero que le permitirán salir de la ciudad, dejar el ambiente familiar que le ahoga. Y allí aterriza, en otra ciudad más grande pero también adormecida, de nuevo al lado del mismo río pero con otros aires. Se siente libre en la habitación desnuda recién alquilada. Compra algunos manuales que no entiende pero que aprenderá a memorizar con el piloto automático para poder seguir disfrutando de lo que cree que es su libertad.</p>
<p>Quedan atrás amigos que no se atrevieron a dar el salto, amores nunca correspondidos. Ya ha conocido los dolores del fracaso sentimental y ha aprendido que no hay frase que más duela: "seamos amigos, me gustas, me caes muy bien, pero no estoy enamorada de tí".</p>
<p>Todo se olvida con las primeras borracheras y los segundos porros.</p>
<p>Continuará...
</p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/14/origenes#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>Seguir</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/12/seguir</link>
<pubDate>2006-09-12T12:05:38+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Sobre el humo</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Regresan al colegio. Siguen pasando los años. Seguimos esperando que las mochilas nuevas nos aporten otros horizontes. Nuevos horarios. Nuevas experiencias. Más vida.</p>
<p>Hoy llovía. Caía un agua torrencial, de diluvio originario, como si quisiera dejar su presencia después de semanas de sequía y desierto, como si reclamara de nuevo su lugar en esta ciudad castigada durante semanas por el sol y la humedad.</p>
<p>Después de dejarlas en el cole he puesto rumbo a la oficina. Me apetecía caminar bajo la lluvia así que me he bajado tres paradas antes del autobús. En las aceras se formaban sistemas de ríos y lagunas. Sin darme cuenta he comenzado a seguir los pasos de una chica que caminaba delante de mí. Llevaba sandalias y sus pies desnudos iban dando pequeños saltitos para evitar hundirse en el agua embalsada, en los remansos frescos. Protegía su camisa de seda negra llena de flores estampadas debajo de un paraguas rojo. No pede verle la cara, pero, sin que lo supiera, iba guiando mis pasos hasta el último cruce. Colocaba mis zapatos donde ella había posado sus pies como alas. Allí nuestro camino se separó y alcancé el despacho como pude, empapándome los zapatos nuevos y las perneras del pantalón, sin poder evitar hundirme en todos los charcos.</p>
<p>Juraría que, con sus gráciles movimientos, no se mojó ni el meñique. </p>
]]></content:encoded>
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http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/12/seguir#comentarios
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<item>
<title>Sueños</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/08/suenos</link>
<pubDate>2006-09-08T10:00:12+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">En corto</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elpais.es/articulo/ultima/Bonjour/elpepiopi/20060908elpepiult_2/Tes/">Tengo un amigo paranoico</a>. Tiene el profundo convencimiento de que alguien o algo, no sabe si humano, espíritu o extraterrestre, captura sus sueños con algún propósito oculto. </p>
<p>Hace ya unos cuantos años, después de una buena cena y varias copas, me contó, entre avergonzado y espoleado por el alcohol, su triste situación. Comenzó a sospechar después de varios meses en que nunca recordaba ningún sueño al levantarse. Pensó que estaba durmiendo más profundamente, ya que era una época en la que su matrimonio no había sufrido los desgastes del tiempo y su vida sexual era placentera y constante y, además, pese a que dedicaba bastantes horas al trabajo, se encontraba en un momento ideal de su vida profesional. Pero, pese a todo, comenzó a preocuparse. Buscó información e incluso llegó a consultar con uno de los primeros especialistas en sueños de Barcelona que le recomendó, con tono pausado, que no debía preocuparse. Tras conocer las horas en las que, despertándose, podía resultar más probable el recuerdo, comenzó a poner despertadores para despertarse en mitad de la noche. Lo único que logró fue agriar el carácter de su mujer. Un año después se divorciaron de forma traumática, entre acusaciones mutuas y discusiones por la custodia de la iguana que había observado el deterioro de la relación desde una esquina del salón.</p>
<p>No nos veíamos con frecuencia. Un divorciado deja de encajar entre el grupo de amigos con problemas de pareja e hijos en que nos habíamos convertido. Pero, aquella noche, me hizo una revelación sorprendente. Hacía pocos días que había encontrado, oculto entre las ropas del fondo del armario, las que apenas usaba, una caja de zapatos llena de casetes vírgenes, con su celofán protector y, ajustándose a sus sospechas, las fue colocando, una a una, más de setenta y dos horas seguidas, en el reproductor. Allí encontró horas y horas de relatos, voces metálicas que explicaban historias. Algunas se repetían de forma obsesiva, muchas las conocía ya, otras le resultaron nuevas e incluso creyó que podían pertenecer a otros.</p>
<p>La revelación me inquietó. Durante unos cuantos días hice varias llamadas a antiguos amigos comunes, incluso a su ex, para confabularlos en mi propósito de buscarle un tratamiento adecuado. No conseguí gran cosa. Su ex me colgó el teléfono después de mandarme a la mierda y reclamarme la iguana. Dejé de verle y me fui olvidando. Adopté la ilusión de que el tiempo puede curarlo todo. </p>
<p>Desde esa noche sólo me lo he encontrado de forma ocasional. Veo como su aspecto se va deteriorando en cada encuentro, pero procuramos no hablar mucho y nunca le pregunto por sus sueños. En su mirada, a veces, encuentro rincones de sospecha. Ayer, después de varios años de encuentros esporádicos, me lo encontré curioseando en la sección de informática de la FNAC. Llevaba la camiseta arrugada, había ganado peso y apestaba a tabaco. Nos saludamos con mutuos recelos y le propuse tomar una caña en el Zúrich, por los viejos tiempos, aunque ya no sea el nuestro, le dije. En un rincón de la terraza, viendo volar las palomas sobre turistas y vendedores, me habló de conexiones wi-fi y tarjetas de memoria. Tenía información de primera mano sobre los últimos modelos de almacenamiento y transmisión de datos. Me dijo, cuando nos despedíamos, que seguía sin soñar nada.</p>
<p>Quedamos en llamarnos. Pero no creo que lo hagamos.</p>
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<title>7 de septiembre de 2086</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/07/7-septiembre-2086</link>
<pubDate>2006-09-07T13:56:58+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Pasado futuro</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos días he podido dormir muy poco. Quizás sea la edad. Los estudios explicaban, hace ya mucho tiempo, que cuantos más años vas cumpliendo menos necesidad tienes de dormir. El semestre de las luces está a punto de comenzar aquí, en la isla sur, y eso me anuncia, como en cada cambio, nuevas jornadas de insominio. Quizás este año me decida a probar la química.</p>
<p>He hecho cálculos para llenar las horas de vacío. Si mis elucubraciones no están basadas en el error es posible que el formato en el que estoy escribiendo pueda ser visto ahora desde otros ordenadores antiguos en algún punto del resto de las islas que quedan en el planeta. En realidad, tampoco es que me importe. Esto es un juego. Soñar con la existencia de una mínima posibilidad de comunicación a la manera de nuestra infancia, con las redes que estaban tan de moda cuando apenas era una niña. Y poder enlazar con los recuerdos de esos días.</p>
<p>Nunca sabemos la causa de que, en un instante, se produzcan determinadas conexiones eléctricas y nos asalte un recuerdo, un fogonazo del pasado. Ayer mismo, dándole vueltas a mis intentos anteriores y fracasados de volver a escribir en este viejo cacharro, surgieron imágenes del último verano en la montaña, del último verano de mi infancia en que estuvimos los cuatro juntos, de lo que veía y de lo que pensaba, de todos los silencios que viví, de mi enfado al ver que mi padre no hacía nada para romper el aislamiento en que había caído mi madre, ensimismada, pasando a su lado como si no existiera, volviendo la cara y los ojos cada vez que se encontraba a su lado. Intuía que mi vida ya no sería la misma después de esas semanas, pero no fue hasta varios años después cuando pude entender algunos aspectos de lo que, bajo las sombras, estaba ocurriendo. </p>
<p>Aquel verano fuimos muchas veces a la piscina. Monté a caballo. Y tuvo momentos en que, al menos con nosotras, parecía calentar el sol. Pero, al final, fue aquel verano en el que se instaló el hielo en nuestra familia y nadie tuvo después fuerza o calor suficientes para deshacerlo. Pero eso es otra historia.</p>
<p>Si alguien me lee, intentaré regresar.
</p>
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<title>Si comiera un limón...</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/05/si-comiera-limon-</link>
<pubDate>2006-09-05T16:18:17+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Sobre el humo</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy se publica en <a href="http://www.lavanguardia.es/free/edicionimpresa/res/20060905/51282004796.html?urlback=http://www.lavanguardia.es/premium/edicionimpresa/20060905/51282004796.html">La Vanguardia</a> una reseña del próximo libro de relatos de Sergi Pàmies, del que tomo prestado la primera parte del título. Por supuesto, no lo he leído, pero, en la entrevista, he vislumbrado señales de cercanía. La dependencia de las relaciones afectivas que crean adicción. El amor a los hijos, a la mujer, que se convierte, y cito textualmente, en una adicción, que crea dependencia. </p>
<p>Ayer mismo, una vez más, dudé de nuevo, y, después de repensar como sería una vida sin su presencia constante, como sería una vida con la posibilidad de ser tan feliz como los ingenuos algún día, tuve que llegar a la misma conclusión que mi psicoterapeuta. En realidad te gusta sufrir. </p>
<p>Quizás, mi más profunda adicción, no sea a una persona sino a la amortiguada sensación de dolor que me permite seguir escribiendo. Leeré el libro.
</p>
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<title>Regresar</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/09/01/regresar</link>
<pubDate>2006-09-01T15:43:21+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Dos</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en las vacaciones no se ha descansado, el regreso puede convertirse en un mar de angustia. Vivir el verano envuelto en la soledad y en la tristeza, en el silencio sólo roto por frases desabridas, captando como evita tu mirada y solo te dirige frases de desprecio, sin verte, como si mi solo presencia hubiera provocado que el día radiante se tornara neblinoso, el regreso a la rutina podría parecer incluso agradable. </p>
<p>Cuando lo vivido en las vacaciones se convierte en la rutina diaria, la angustia lo invade todo, y, en ella, me ahogo</p>
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<title>Lo que permanece</title>
<link>http://www.espacioblog.com/otravezadicto/post/2006/07/28/lo-permanece</link>
<pubDate>2006-07-28T14:54:18+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.espacioblog.com/otravezadicto">Sobre el humo</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Los jueves, paella.</p>
<p>Las vacaciones en agosto.</p>
<p>Las emociones al ver, una vez más, "Memorias de África"</p>
<p>El dolor cuando se sufre.</p>
<p>La página en blanco al regreso, ya en septiembre.
</p>
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