SAL EMERGUI
JERUSALÉN-. El israelí Dor y el palestino Shari tienen un enemigo común: las matemáticas. Los dos niños, de 11 años, se ayudan en la búsqueda de una solución al enésimo problema que aparece en la pizarra. Cuando los números no salen y las raíces son todo menos cuadradas, poco importa su religión o que pertenezcan a dos pueblos en guerra eterna.
"A mí no me importa si mi amigo es musulmán, cristiano o judío. Para mí son todos iguales", dice Dor mientras Shari -con un ojo aún puesto en la maldita ecuación- asiente con la cabeza: "Sí, es triste que sólo aquí dentro haya convivencia y paz y ahí fuera se sigan matando". "Ahí fuera" es Israel, Palestina. Jerusalén, Tel Aviv, Ramala o la franja de Gaza. "Aquí dentro" es la escuela de Nevé Shalom-Wahat al Salam, una pastoral aldea donde 50 familias árabes e israelíes conviven en armonía.
Aquí sólo se disputan la pelota en el pequeño campo de fútbol del colegio. En el recreo, los 130 niños y 20 profesores se hablan en hebreo y árabe. De repente, escuchamos inglés. Es Gili, un turista de Honolulu que visita Nevé Shalom para ver con sus propios ojos que el sueño es posible.
"Me habían dicho que existe un colegio donde niños palestinos e israelíes conviven y aprenden juntos en una clase. Quería comprobarlo. Ojalá los más grandes aprendan del ejemplo de los más pequeños. Puede ser una semilla de una nueva generación que firme la paz. No pueden continuar matándose", sentencia el turista nada accidental.
El potente grito al unísono de la maestra israelí Liora y la palestina Faten indica que el tiempo del recreo ha tocado su fin. Es hora de volver a clase. Las dos profesoras llevan muchos años en Nevé Shalom enseñando y aprendiendo de los niños que desafían la lógica de la guerra.
No siempre es fácil. "Muchas veces lo que pasa fuera afecta al colegio. No podemos estar desconectados y tampoco queremos ocultar nada a los niños. Les exponemos las discrepancias de la forma más natural y ellos se expresan respetando al compañero, sea árabe o israelí", reconoce Faten. Liora añade: "Han de saber que pueden hablar y discutir, pero deben escuchar. El compañero de pupitre no es culpable de la violencia sino los de arriba, los dirigentes".
Pero ¿qué pasa al día siguiente de un atentado suicida o una operación militar? ¿Cómo se explica la muerte y la violencia?"Les enseñamos que no todos son malos y violentos. Que también hay israelíes buenos y palestinos buenos. Les dejamos expresar lo que llevan dentro porque sino algún día ese dolor explotará. Cuanto más hablen, mejor. Creemos que con violencia no se llega a ninguna parte", dice Faten mientras su compañera de trabajo le hace una señal con la cabeza. Teme llegar tarde a la clase donde los niños se lo pasan bomba sin la presencia del profe.
Un oasis en medio del infierno
En la clase, adornada con carteles en hebreo y árabe, encontramos a Dor y Shari. Les dejamos hace unas horas con varios problemas matemáticos y ahora les secuestramos para preguntarles por otro tipo de problemas. Más difíciles, más tristes y cuya solución no pasa por sus
"Me da mucha rabia que se juzgue a las personas sin conocerlas. Por eso estoy contento de estudiar aquí, porque conozco a muchos amigos árabes, aprendo su cultura y su lengua y ellos me conocen a mí. Es cierto que vivimos en una especia de burbuja, pero ojalá algún día no haya más guerras", reflexiona el judío Dor.
Su compañero musulmán envía un mensaje a los líderes: "¡Que hagan las paces en beneficio de todos! Hay muchos niños israelíes y palestinos que mueren, ¿qué va a hacer una madre si su hijo muere? Es muy triste. Y si los padres son las víctimas, ¿cómo vivirán los niños que se queden huérfanos?".
Dos preguntas rotundas de un chaval de apenas 11 años que observa con resignación lo que sucede fuera de la burbuja de Nevé Shalom-Wahat-Al Salam, término que significa Oasis de paz. El triste pasado, el violento presente y sobre todo el incierto futuro demuestran el acierto de su nombre.
Como dice el presidente de Israel, el veterano Simon Peres, "es un lugar especial, una isla que creará un continente de paz". Muy cerca del colegio hay un edificio camuflado por ramas cada vez más robustas. Es la Escuela por la Paz, creada como centro de encuentros para estimular el diálogo. En su interior, jóvenes israelíes y palestinos se han conocido por primera vez. Un primer contacto decisivo.
El palestino ve a un israelí sin el uniforme militar y apostado en un control militar. El israelí ve al palestino sin un cinturón de explosivos adosado al cuerpo. Caen los estereotipos y, con ello, la ignorancia, el odio y las ganas de venganza.
Es cierto que, tal y como su nombre indica, se trata de un oasis y quizás sea finalmente una utopía pero niños como Dor o Shari cuando sean padres explicarán a sus hijos que lo importante es dialogar y escuchar. No es una casualidad por tanto que en un pequeño y aislado rincón de esta aldea esté la llamada Casa del Silencio, escenario de meditación y reflexión.
El fundador, Bruno Hussar -monje dominicano nacido judío en Egipto y convertido al cristianismo-, afirmó en la inauguración en 1972: "El objetivo de esta aldea de la paz es la confianza total en la victoria del amor en su duelo con la violencia".
Fuente: El Mundo, 8/10/07