Estampa en el metro de Madrid...
Las cajas de aluminio atestadas de labios inertes se deslizan por los caminos de hormiga que sostienen la ciudad. Arriba, zapatos se resbalan sobre un suelo líquido y oscuro, los labios como telones morados cubren miles de piedritas de marfil que tropiezan una contra otra en convulsiones milimétricas, arrítmicas, obedientes al frío; cuellos encogidos, hombros encorvados que acentúan la deformidad de las bestias.
En las cajas de aluminio decenas de huecos en pares se abandonan al serpenteo entre puerto y puerto. Cuando se abre la puerta, algunos pares sin abrirse cambian de oscuridad, y salen a seguir su camino de indolencia hacia arriba, donde los zapatos resbalan, donde el viento raya la piel, donde pulula la impaciencia, la angustia y el cansancio en acordes para la sinfonía postmoderna de silbatos y maldiciones.
Abajo, no hay más opción que la renunciación y la entrega, al tiempo.
En ninguno de los dos lados del andén hay vida y sin embargo...
Se abre paso entre los charcos una alegre princesa, de unos 70 años con la cabeza dorada casi blanca, una falda ancha de tul rosado, un abrigo de la piel de un oso o unas cincuenta y nueve marmotas. Una elegante corona adorna su cabeza, y tres verrugas en la cara rodean esos huecos brillantes, inquietos, seductores, exquisitos.
La reina entra con pie fuerte al cubilete, con una mochila de piel falsa con grabados geométricos, pretendiendo un estatus de rancio abolengo. Sus gordos tobillos rebosan las zapatillas rosa.
Buenas Paellas! Jajaja! Buenas paellas y buena música! Jajaja! Su gruesa carcajada retumba en las paredes del afanoso armatoste. Por un instante la cajita se colma de brillo y destila saliva.
No importa a dónde va ni de dónde viene, es absolutamente inadmisible.
Dos estaciones más adelante, se baja anciana decrépita, senil, estorbosa, pálida con ropajes ridículos y una falsa diadema de plástico dorado. Con la mirada ausente, llena de ceniza, esbozando con sus pasos una larga y tortuosa despedida.
La ciudad hace lenta y gustosa la digestión del nuevo siglo.

creo ser pepita dijo
dónde está pepita roa??
4 Junio 2007 | 05:07 PM