Ocasiones no ocasionales
Si la ocasión nos sorprende no siempre es que no la hayamos previsto, es en muchos casos una diferencial temporal, una causa circunstancial o nuevas causas, las que la han precipitado.
La mayor parte de las cosas que nos ocurren, sabemos que nos ocurrirán, e incluso somos capaces de definir sus características y matices. Como dijo aquel, “nada es nuevo bajo el sol”. Cada día que amanece nos sorprende con más de lo mismo y alguna novedad, la novedad de la novedad, es muchas veces relativa, casi tanto como el “más de lo mismo”.
Ya nada es lo mismo decimos cuando a una muy larga temporada se sucede otra en la cual nosotros ya no somos los mismos, y viendo las cosas de modo diferente, pensamos que lo diferente es lo que esta a nuestro alrededor.
Acumulando diferencias y multiplicándolas entre todos, el mundo nos parece diferente, poco a poco diferente.
Con el paso de los años, y no hace falta que sean muchos, nuestro mundo como en una secuencia de cine mudo crea un historia más o menos fiel pero real, una historia que poco a poco elimina opiniones y juicios de valor y se que da con un montón de información y percepciones que guardamos en nuestro archivo.
Qué difícil es ser objetivo cuando las circunstancias no lo son. Qué difícil es ser subjetivo cuando poseemos toda la información. Qué difícil es ser realista cuando casi todo lo que ocurre está tamizado por otro u otros que lo colorean y desdibujan sin solución de continuidad.
En ocasiones pensamos que nada cambia y en otras que todo ha cambiado. No pudiendo saber la realidad, pero sin dejar de intentarlo, rebuscamos en mil pozos donde nada hay oculto, y en ello pasan los días.
Ocasionalmente, me siento a ver las cosas pasar, sin parar de hacer cosas.

