3 Mayo 2008
Hoy he ido a la peluquería más veterana del pueblo. El peluquero dueño hace tiempo que podría haberse jubilado. Mientras espero turno, observo su manera de trabajar Está cortando el pelo a alguien tan mayor como él. Sus movimientos son lentos, precisos, mínimo esfuerzo, ningún gesto sobrante. Trabaja con mimo, totalmente concentrado. Apenas cambia cuatro palabras con su cliente. Con total calma va cortando, cepillando, dando forma a una cabellera bastante despoblada Entretanto otro peluquero más joven termina con su cliente e informa a un recién llegado que tiene por delante varios niños. Efectivamente, hay tres niños esperando, jugando cartas en una mesita baja, discretos, sin levantar la voz ni un momento. Cuando toca el turno al primer niño el juego se interrumpe. El niño, unos ocho años, sube al sillón ya preparado con una silla adaptada a su talla La toalla le envuelve, su cabeza asoma, su cara refleja el abandono, el dejar hacer que nos invade en la peluquería, está en manos del peluquero, que sin piedad aunque cuidadosamente entra a saco en su cabellera, cortando, desbrozando, allanando. El peluquero veterano ha terminado con su cliente, bromea diciendo que no es posible hacer más, dada la escasez de cabello. Llega mi turno, realmente prefería ponerme en sus manos. Me propone un corte discreto, acepto. Como el niño, estoy en sus manos, envuelto en una toalla, sin gafas, sus manos revolotean lentamente blandiendo una maquinilla eléctrica, veo mechones cayendo sobre la toalla, a veces hasta el suelo Se va desplazando a medida que lo exige su tarea. Percibo su calma, su saber hacer, su tacto leve, sus movimientos precisos. Lentamente su trabajo progresa. El segundo niño ya está en su sillón, también él, de unos seis años, ha de dejar sus gafas, doblemente indefenso. Ahora llega el turno de la navaja. Unas aplicaciones de jabón por el contorno de las orejas alrededores del cogote, recorta con suavidad y precisión esa tierra de nadie capilar donde el cabello es escaso y crece con aire de descuido. Pronto termina conmigo. Prometo volver...
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15 Abril 2008
Celebro el viejo ritual de convertir un tubérculo en milagroso ingrediente que expertas manos convertirán en manjar de dioses. Hablando más claro, estoy pelando patatas. En este momento sólo contamos la patata -una por vez-, el cuchillo y yo. La patata es fruto de una evolución y de una serie de factores (plantada quizá en luna nueva, Marte en cuadrante con Saturno... empaquetada, transportada y puesta a mi alcance el día de compra semanal) que nos han hecho coincidir en el justo momento, en un único punto del espacio-tiempo en que es preciso un digno acompañante de una trucha al horno. Y ¿qué mas digno que una, dos, tres, seis patatas? Así que el cuchillo -de última generación, hablando en tecno- separa amorosamente la piel, con los pequeños cortes que parecen salpicarla y sus motas oscuras, dejando limpia la pálida y amarillenta patata, empapada en sudor frío, totalmente desnuda, lista para transformarse junto con la rosada carne de la trucha y unas virutas de jamón, por obra de la gran sacerdotisa que, sabias manos, todo corazón, oficia el ritual de convertir todo ello -magia, alquimia- en sencillo, grandioso manjar de dioses. Bon appétit!
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24 Marzo 2008
Hace tiempo, ya no sé muy bien cuánto, pero años ha, para expresar conformidad o aprobación se decía "conforme", "de acuerdo", "bien" o "muy bien", "perfectamente", "está bien", y raramente "vale" . Con la llegada del teléfono móvil se impone "vale", que vale para todo -lo mismo para un roto que para un descosido, que diríamos-, tanto para expresar acuerdo, comprensión -enterado- o para zanjar el tema -vale, vale, que es como "déjalo ya, que haré lo que me parezca". En estos tiempos de empobrecimiento del lenguaje, tema que da mucho de sí, seguramente fruto del empobrecimiento de ideas que nos invade, no está de más recordar que hay otras maneras de mostrar acuerdo, conformidad o aprobación. ¿Vale?
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27 Enero 2008
No siempre los amigos/as son para siempre. Me pregunto dónde están la mayoría de mis amigos de la infancia. La vida nos ha dispersado, nuestros caminos se han separado irremediablemente y las raras ocasiones en que hemos vuelto a coincidir los encuentros han sido frustrantes. Hemos compartido recuerdos, hemos revivido instantes mágicos... pero no hemos recuperado la sintonía, nos hemos vuelto a separar prometiendo reencuentros que ni siquiera hemos intentado. Nos hemos vuelto desconocidos. Los/as amigos/as de la adolescencia han durado más: las amistades profundas no se pierden, resisten años de alejamiento, años de silencio. La sintonía permanece, y los cambios de cada uno son respetados por el/la otro/a. Quizá hay temas de los cuales es mejor no hablar, pero sabes que el/la amigo/a siempre te dará una opinión sincera si se la pides, siempre será capaz de decirte que a su entender te estás equivocando, siempre estará dispuesto/a a echarte una mano. En algunos casos el/la amigo/a se aleja de nosotros, como si nuestros caminos se separaran definitivamente -cosa que sólo a veces sucede- y es mejor dejarlo así. Una vez queda claro que nuestra mano está tendida, que seguimos considerándoles/as amigos/as, hay que dejar que la vida siga su curso.
(Cito, espero que fielmente, a ... no sé quién: "No estoy aquí para llenar tus expectativas; no estás aquí para llenar mis expectativas. Si coincidimos, bien; si no coincidimos... igualmente bien")
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24 Enero 2008
El artículo 104 del Código Penal iraní describe que la pena con la que se castigará el "delito" del adulterio será la lapidación. Para ello se usarán piedras "no tan grandes como para matar a la persona de uno o dos golpes, ni tan pequeñas como para no poder considerarlas piedras". En el artículo 102 se detalla que para ejecutar este castigo, en el caso de un hombre, se le enterrará en el suelo hasta la cintura, y en el caso de las mujeres, hasta el pecho.
Amnistía Internacional lanza hoy el informe contra la lapidación en Irán, mientras, al menos 11 personas, están condenadas.
Tu firma es una herramienta útil. Úsala para que podamos desterrar este castigo cruel.
Amnistía Internacional las recoge en su web
http://web.es.amnesty.org/iran-lapidaciones/
Esta es la carta para la que se pide tu firma:
<< Su Excelencia Ayatollah Sayed ‘Ali Khamenei:
Le escribo para mostrarle mi consternación porque todavía se sigan registrando casos de lapidación en Irán. Recientemente he tenido conocimiento del informe de Amnistía Internacional “Irán: Terminar con las ejecuciones por lapidación”, en el que se explica la situación legal de este castigo en su país y aparecen datos de las últimas lapidaciones y los casos de al menos nueve mujeres y dos hombres sentenciados a morir lapidados.
Me opongo a la pena de muerte en todas las circunstancias; aún más en el caso de la lapidación, que está especialmente concebida para agravar el sufrimiento de las víctimas. Además es un castigo especialmente indicado para el adulterio cometido por hombres y mujeres casados, algo que ni siquiera es delito en la mayoría de los países. La mayor parte de las víctimas condenadas a lapidación son mujeres.
Le pido encarecidamente que en la medida de sus competencias promueva la derogación o modificación del artículo 83 del Código Penal, relativo a la lapidación.
Igualmente es necesario que las autoridades iraníes revisen la legislación con el objetivo de destipificar como delito las relaciones sexuales consentidas en privado y entre adultos.
Además, es necesario que se restaure en todo el país la moratoria de lapidaciones que estableció en 2002 el Presidente de la Magistratura y que, sin embargo, se ha roto al menos en tres ocasiones. En consecuencia, este órgano deberá conmutar todas las sentencias de ejecución por lapidación todavía existentes.
La prohibición de la lapidación sería un importante paso adelante hacia la abolición total de la pena de muerte en Irán. De esta forma, Irán se sumaría a la tendencia abolicionista registrada a nivel mundial en las últimas tres décadas y reforzada por la reciente aprobación en la Asamblea General de la ONU de una resolución favorable a una suspensión de la pena de muerte en todo el mundo.
Atentamente, >>
Y aquí puede ir tu firma.
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20 Enero 2008
Papeles, papelitos y papelotes crecen y se multiplican. Van invadiendo espacio tras espacio. Estantes, cajones, mesas... sin hablar de bolsillos de pantalones, de abrigos, chaquetas.. como una plaga bíblica se extienden hasta llenarlo todo. Los papeles llegan desde todas partes, a través del correo llegan recibos, formularios, contratos renovados de seguros, informes bancarios, cantidades de propaganda... unos valiosos, otros inútiles. Raro es el papel importante -y por ello a guardar durante el tiempo necesario- que no viene acompañado al menos por otro de interés tan efímero como el momento de leerlo y comprobar que solamente nos da cuenta de la llegada del papel importante. Una primera criba condena irremediablemente al noventa por ciento de la propaganda -perdón, publicidad- al reciclaje. El restante diez por ciento se une al ejército invasor, ocupando durante un cierto tiempo un puesto de privilegio encima de un montón de sus semejantes -catálogos interesantes, o que parecen o prometen serlo- en espera del improbable momento en que extraiga la información necesaria y me deshaga de ellos por innecesarios. De cuanto no es propaganda -perdón, publicidad- los resguardos de pagos con tarjeta de crédito o facturas de compras menores -papelitos- son los primeros en invocar su derecho de quedarse hasta Tiempos Mejores en que sean clasificados por fechas y eliminados pasado el mes de su pago y la conformidad bancaria. Los prospectos de hoteles y restaurantes merecen mención aparte. Su puesto de honor es el mueble que a la entrada/salida de la casa acoge llaves, mapas de metro, mandos a distancia de garaje, pilas usadas para reciclar y variados adminículos. Allí se amontonan, en teoría en espera de Tiempos Mejores en que, clasificados, aparezcan cuando se les necesita (aquel hotelito en Asturias, donde la fabada, ¿dónde...?), en realidad hasta la próxima limpieza-a-fondo, que nunca es a-fondo sino a-medias. Los papelotes son envoltorios, embalajes, cartonajes que en un principio son admitidos bajo su inocente aspecto de útiles (siempre viene bien, nunca sabes cuándo vas a necesitar...) y luego, una vez desenmascarada su identidad troyana son irremediablemente condenados al descuartizamiento y al destierro. Intento librarme de papeles, papelitos y papelotes con furor iconoclasta, sometiéndolos al fuego purificador cuando no llenando bolsas con ellos, bolsas que tras un somero tratamiento -eliminación de nombres, direcciones, números de cuenta- se encaminan hacia el reciclaje. Entretanto, incapaz de poner orden, clasificar, ordenar -seguros aquí; informes médicos allá; hipotecas aquí; seguridad social allá; declaraciones de renta aquí; garantía de aparatos allá; manuales aquí; contratos de teléfonos allá; internet aquí...- amontono los papeles importantes en un único cajón de/sastre donde ya están rebosando, reclamando imperiosamente la llegada de Tiempos Mejores...
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1 Enero 2008
Henos aquí vivos y coleando después de sobrevivir a la serie de rituales que el fin de año comporta. Rituales de banquetes familiares, rituales de regalos, de músicas, rituales con restos de significado religioso superpuesto a festividades paganas, En el fondo es toda una serie de celebraciones en torno a lo evidente: el tiempo se nos revela en ciclos anuales, la naturaleza impone la ley general del eterno retorno, oscuridad, penumbra, luz, penumbra, oscuridad... de suerte que todo parece morir para renacer de nuevo. La humanidad "salvaje" -o preurbana, anterior a la actual civilización urbana en que la mayoría de la población vive en ciudades, ajena a los ciclos naturales, solamente pendiente de la predicción meteorológica- tenía muy claro que la propia naturaleza -mejor, Naturaleza- decidía continuar con el eterno ciclo, decidía renacer de nuevo en primavera, florecer, germinar, producir nuevos frutos, nuevas crías. Por eso la Naturaleza era reverenciada, se agradecía cada fruto recogido, cada animal cazado, cada tronco cortado, a la vez pidiendo perdón por la vida truncada y dando gracias por el sustento. Nosotros tomamos demasiado, sin siquiera agradecer, cortamos, talamos, violentamos a la Naturaleza y todo lo que se nos ocurre es cambiar de calendario, pensar que el año es nuevo y que la vida puede ser algo mejor durante ese breve ciclo. Feliz año.
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25 Noviembre 2007
La fageda (hayedo) d'en Jordà forma parte del parque natural de La Garrotxa, (comarca cuya cabecera el Olot, en Girona), una zona moldeada por volcanes cuyos cráteres hoy se adivinan en cada monte, en cada colina. La fageda se extiende sobre una zona montañosa salpicada de rocas y piedras naturalmente, de origen volcánico.
Estos días el suelo está alfombrado con varias capas de hojas, amarillentas, cobrizas, que cubren el terreno ondulado hasta donde se pierde la vista, confundiéndose con las pocas que quedan en los árboles, de color dorado y rojizo. Los troncos forman un enrejado vertical en tres dimensiones, gris plata en la parte expuesta a los rayos solares y pardo negruzco en la parte orientada al norte. Aparte de los troncos, del mar de hojas muertas emergen piedras y rocas, cubiertas en parte por musgo, un musgo del color verde más intenso que pueda haber visto en toda la vida, un verde increíble, impensable, que primeramente hace pensar que la vista, adaptada al tono cobrizo de las hojas, hace aparentar más verde al verde... pero luego impone la realidad de que realmente el musgo es más verde allí, como la hiedra, que a veces tapiza el suelo (¿cómo demonios no está cubierta por tres capas de hojas como el resto del terreno?) y a veces trepa por los troncos de las hayas, una hiedra de hojas verdes, verdes reverdes como el mismo musgo.
Pese a que en fin de semana el número de visitantes es importante, y que éstos parecen aborrecer el silencio, es posible abandonar el camino señalizado, perderse en la fageda y disfrutar en solitario de la imponente presencia del otoño hecha bosque.
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