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rrodrigo

20 Enero 2008

PAPELES, PAPELITOS Y PAPELOTES

Papeles, papelitos y papelotes crecen y se multiplican. Van invadiendo espacio tras espacio. Estantes, cajones, mesas... sin hablar de bolsillos de pantalones, de abrigos, chaquetas.. como una plaga bíblica se extienden hasta llenarlo todo. Los papeles llegan desde todas partes, a través del correo llegan recibos, formularios, contratos renovados de seguros, informes bancarios, cantidades de propaganda... unos valiosos, otros inútiles. Raro es el papel importante -y por ello a guardar durante el tiempo necesario- que no viene acompañado al menos por otro de interés tan efímero como el momento de leerlo y comprobar que solamente nos da cuenta de la llegada del papel importante. Una primera criba condena irremediablemente al noventa por ciento de la propaganda -perdón, publicidad- al reciclaje. El restante diez por ciento se une al ejército invasor, ocupando durante un cierto tiempo un puesto de privilegio encima de un montón de sus semejantes -catálogos interesantes, o que parecen o prometen serlo- en espera del improbable momento en que extraiga la información necesaria y me deshaga de ellos por innecesarios. De cuanto no es propaganda -perdón, publicidad- los resguardos de pagos con tarjeta de crédito o facturas de compras menores -papelitos- son los primeros en invocar su derecho de quedarse hasta Tiempos Mejores en que sean clasificados por fechas y eliminados pasado el mes de su pago y la conformidad bancaria. Los prospectos de hoteles y restaurantes merecen mención aparte. Su puesto de honor es el mueble que a la entrada/salida de la casa acoge llaves, mapas de metro, mandos a distancia de garaje, pilas usadas para reciclar y variados adminículos. Allí se amontonan, en teoría en espera de Tiempos Mejores en que, clasificados, aparezcan cuando se les necesita (aquel hotelito en Asturias, donde la fabada, ¿dónde...?), en realidad hasta la próxima limpieza-a-fondo, que nunca es a-fondo sino a-medias. Los papelotes son envoltorios, embalajes, cartonajes que en un principio son admitidos bajo su inocente aspecto de útiles (siempre viene bien, nunca sabes cuándo vas a necesitar...) y luego, una vez desenmascarada su identidad troyana son irremediablemente condenados al descuartizamiento y al destierro. Intento librarme de papeles, papelitos y papelotes con furor iconoclasta, sometiéndolos al fuego purificador cuando no llenando bolsas con ellos, bolsas que tras un somero tratamiento -eliminación de nombres, direcciones, números de cuenta- se encaminan hacia el reciclaje. Entretanto, incapaz de poner orden, clasificar, ordenar -seguros aquí; informes médicos allá; hipotecas aquí; seguridad social allá; declaraciones de renta aquí; garantía de aparatos allá; manuales aquí; contratos de teléfonos allá; internet aquí...- amontono los papeles importantes en un único cajón de/sastre donde ya están rebosando, reclamando imperiosamente la llegada de Tiempos Mejores...

Tags: papeles

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