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rrodrigo

19 Junio 2007

BREVE RESEÑA -reedición-

Pocas veces se presenta la ocasión de comentar una obra que por
su originalidad, por su atrevimiento desde su título audaz a su osado
texto impacta en el lector con la contundencia de un mazazo, le sacude
desde la médula, remueve oscuros recuerdos, sugiere nuevas lecturas a
pasados acontecimientos. Nos referimos a "BREVE RELATO DE LO ACONTECIDO
...", excúsenos el lector por dispensarle del resto del sugerente
título que ya anticipa el cuerpo del relato y su consumación. Atentos
lectores, más conocedores que este humilde crítico de la obra del
anónimo -intencionadamente anónimo- autor, han apuntado que se trata de
un relato sobre la tempestad que en 1999 sepultó varios poblados
andinos tras un inconcebible aluvión de lodo y rocas, borrándolos tanto
del mapa como de la memoria, por remotos e ignorados. Sería pues un
relato en primera persona de un sobreviviente, incapaz tanto por su
idiosincrasia y su escaso conocimiento del rico lenguaje de Cervantes
como por la inmensidad del dolor causado por la tragedia, de dar más
detalles, de encerrar en palabras el horror contemplado, la
desaparición de todo un poblado, familias, pasado, recuerdo, impotente
ante tan magna tragedia, previsible en sus causas, tanto la
desforestación provocada por ávidos negociantes madereros, como la
construcción de miserables poblados en expuestas laderas susceptibles
de desgajarse al socavar las aguas su inestable asentamiento, sumadas a
la impensable furia de los elementos, que los últimos años parecen
indicar que la Naturaleza toma venganza contra la especie humana que la
violenta sin mesura a escala planetaria; otros lectores defienden
acaloradamente el carácter, para ellos innegable, de obra de ficción,
inspirada, eso sí, en similares tragedias y dictada por el carácter
adusto y profundo del indio, por su lenguaje contenido y preciso y por
su fatalismo congénito que le impide elucubrar, divagar o detallar
acontecimientos que escapan a su control. Permítanos el lector remarcar
la absoluta precisión del relato, la precisa utilización del adverbial
"entonces" que sitúa el relato en el tiempo, en la historia, en lo
acontecido; y la absoluta precisión del verbo cuya acción sugiere a la
vez la causa, el resultado y su consecuencia. Todo ello nos invita a
recomendar vivamente la obra, indispensable tanto en la biblioteca como
en la memoria de nuestros lectores, elevada a las cumbres de la
literatura actual entre los clásicos de nuestros días.

-
broma inocente sobre escritores y críticos. A veces los críticos, con
perdón y sin ánimo de ofender, hacen de escarabajos peloteros de la
literatura...

-publicado en myblog.es/rodrigo 2006/2007-

Tags: historias

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19 Junio 2007

MAGO FLANAGAN -reedición-

El mago Flanagan salió al escenario como en tantas ocasiones, frente al
público de una pequeña ciudad de provincias en fiestas. Un público
fácil, deseoso de pasar el rato, ávido de maravillas simples como la
desaparición de una pecera con un pez plateado que reaparerá al conjuro
del mago con un pez colorado, en el interior de una caja antes vacía.
Un público no demasiado maliciado por la televisión, la gran enemiga,
culpable de la desaparición de la capacidad de asombro del espectador,
culpable de revelar, en programas de divulgación, los trucos de
prestigiosos ilusionistas capaces de matar la gallina de los huevos de
oro por un puñado de monedas. Un buen público, dados los tiempos que
corren, capaz de dejarse hipnotizar por la agradable voz del mago. Un
público sugestionable, pese a la televisión, un público deseoso de ver
lo que el mago quiere (vean, señoras y señores, la caja vacía donde, al
conjuro de mi voz y con mi varita...), un público dócil, ignorante de
lo que el mago quiere que ignore, un público de ojo lento frente a la
rápida mano del mago.

-Una baraja que yo no tocaré hasta que
el caballero que amablemente ha subido al escenario ¿señor Germán? haya
barajado y la gentil señorita que le acompaña, señorita Amalia,
¿verdad? haya escogido una carta, que en la imposibilidad de enseñar a
cada espectador, porque en esta magnífica sala somos mucha gente,
enseñará al señor Germán y al público de las primeras filas y escribirá
además el nombre de la carta -as de picas, ocho de tréboles o la que
sea- en un papel que guardará el caballero, señor Germán, una carta que
yo, con los ojos vendados, después de mezclada con las demás por el
caballero y de barajar la señorita Amalia, adivinaré y haré aparecer...

Los
aplausos premiaron cada número. El mago hizo aparecer pañuelos y
palomas, desaparecer mesas, conjuró espíritus que surgieron levitando,
ingrávidos, resplandeciendo tenuemente en la oscuridad. Su voz
sugerente presidía, guiando la atención de los espectadores hacia el
punto deseado.

"-Ahora, señoras y caballeros, ruego de su
amabilidad silencio absoluto mientras cuatro voluntarios, cinco
valientes, suben al escenario... -No se alarmen, no hay peligro, pero
han de ser valientes, sin miedo al ridículo.. Señoras y señores, nadie
quedará en ridículo, lo que suceda en el escenario le pasaría también a
usted, que no se ha atrevido a subir! -¡Cuatro voluntarios, cuatro...!
Muy bien, gracias, joven, señor... señor Fernando, siéntese en esta
silla... Gracias, parejita, la señorita ¿su nombre, por favor? Señorita
Eva, siéntese en la segunda silla, el caballero en la tercera...
¿señor? señor Nicolás ¿Nadie más?... Vamos, vamos, no nos comemos a
nadie... nos falta un voluntario.... ¿sería usted tan amable, caballero
de la tercera fila? usted, al lado del señor de la chaqueta a
cuadros... sí, usted mismo, ¿es tan amable de ponerse de pie...?
perfecto... Señoras y señores, un aplauso para este valiente caballero
que subirá al escenario, ya que nadie más se ha atrevido... Bien,
caballero, señor... ¿Germán? señor Germán, usted en la cuarta silla...
Ahora comencemos, por favor, póngase de pie el joven de la primera
silla... ¿tiene usted fuego? ¿usa encendedor? bien, luego le pediré
fuego, mientras tanto piense qué hora puede ser, no mire al reloj...
¿lleva tabaco? (el mago se acercaba a él, se alejaba de él, acercaba
sus manos, distraía su atención) Dé la espalda al público... ahora por
favor, de frente... Pasemos al caballero de la segunda silla. señor
Nicolás, póngase de pie, por favor..."

El mago iba y venía entre
los voluntarios, preguntando, haciéndoles avanzar, retroceder, girar, y
mientras hablaba sus manos pasaban de aquí para allá, rozando,
acompañando los giros -dése la vuelta por favor, que puedan verle de
espaldas, gracias... vuelva a su posición...- "Ahora tenemos esta bella
señorita... ¿lleva pañuelo en su bolso? ¿barra de labios? ¿gafas de
sol? dése la vuelta, por favor... así, yo le indico... En seguida
vuelvo con usted... Bien, pasemos a nuestro primer voluntario.
Caballero, ¿es tan amable de ponerse de pie? Gracias... Señor Fernando
¿qué le pasa...? ¿se le caen los pantalones? Señoras y señores, no se
rían... a cualquiera se le caerían los pantalones si le faltara el
cinturón... ¿es suyo este cinturón? ¿Sí? Tenga usted... ¿Tiene hora?
¿no? ¿no lleva reloj? ¿no lo encuentra? ¿es éste? ¿sí? póngaselo...
Gracias por sus aplausos... Ahora vamos a hacer un truco con
cigarrillos, ¿puede usted darme uno, señor Nicolás? ¿cómo? ¿no
encuentra su tabaco? Pídale a su compañero... señor Fernando, ¿usted
tampoco encuentra su tabaco? ¿y su encendedor? ¿no es el suyo? enséñelo
a su compañero... ¡Vaya! ¡Así que su encendedor está en el bolsillo del
señor Nicolás...! Señorita Eva, ¿tiene fuego, por favor? ¿sería tan
amable de abrir su bolso? ¿cómo? ¿no es su encendedor? A ver,
caballero, ¿es suyo este encendedor? ¿sí? y este tabaco, ¿es suyo? Esta
cajita de preser... ¡no he dicho nada! ¡no rían, señoras y caballeros,
no queremos desvelar intimidades de nadie...! A ver nuestro amable
caballero de la silla primera, señor Fernando, ¿puede decirnos la hora?
¿no? ¿y su reloj? ¡vaya! ¿es como éste? ¿no? ¿y usted, señor
Nicolás...? ¿tampoco encuentra su reloj? ¿es éste? ¿y su cinturón?
¡Caramba! ¿es esta su cartera? Señor
Germán, tiene una magnífica
cartera... No, no está en el bolsillo de su chaqueta, está en este
bolsillo de la mía... una magnífica cartera de piel de cocodrilo, que
abro, con un documento de identidad que dice "Fernández de la Viuda,
Federico"... ¿cómo? ¿no se llama usted Germán...?

Como un
rayo, el señor Germán saltó sobre el mago, le arrebató la cartera y
desapareció del escenario entre tramoyas. El señor de la chaqueta a
cuadros de la tercera fila, en pie, gritaba "¡al ladrón! ¡es mi
cartera! ¡mi cartera! ¡al ladrón...!" Las luces del escenario se
apagaron, alguien gritó algo como ¡fuego...! y se produjo una gran
confusión en que todo el mundo intentó salir a la vez de la sala a
oscuras.

Al día siguiente el periódico local (El Pregón)
recogía en su crónica el caso del mago Flanagan, en cuya actuación se
produjo el robo de la cartera de un rico ganadero, con el importe de
las ventas de la feria anual en billetes contantes y sonantes, que
desaparecieron por arte de magia tras una avalancha humana que se saldó
con veinte heridos leves y cinco de pronóstico reservado. El mago pasó
la noche en comisaría y al día siguiente fue puesto en libertad sin
cargos.

Y nunca más se supo. Ni de la cartera, que no
apareció. Ni del dinero. Ni del mago, que no volvió al año siguiente y
probablemente se trasladó a Suramérica donde al parecer actúa con el
nombre de Shiun Chao, el mago oriental.


-publicado en myblog 2006/2007-

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19 Junio 2007

SUSANITA -reedición-

Demonio de chico, todo el santo día con el ordenador. El caso es que no
podemos quejarnos de él, en primer lugar no nos ha costado ni un euro,
todavía me parece increíble cómo pudo ganar el concurso aquél con la
cantidad de chicos que participaron, todos mayores que él, y lo que
sabían algunos... ¡un ordenador y un año de conexión gratis! el caso es
que muchos de esos chicos llevan años dándole al ordenador,
programando, descubriendo, y él sólo había usado a ratos el viejo
ordenador de Berta, que lo heredó de su prima... ¿mentiendes? y nada de
juegos, teclea, teclea frases en inglés o lo que sea, rápido como un
rayo, ojalá hablara así de rápido, nadie sabe lo que hace, él dice que
envía instrucciones y programas a servidores, enlaces, dice que entrar
en un sistema es pan comido.. Su hermana Berta dice de él que es un
jáquer, ¿mentiendes?, uno de esos que entran en el ordenador de la Casa
Blanca y hacen que el presidente salga en las fotos con cara de mono,
aunque bien pocos retoques necesita el tal Bush para parecerlo...

El
caso es que sólo tiene diez años, apenas es capaz de decir dos palabras
seguidas y nunca juega con otros chicos, no he visto chico más
solitario. Pero parece que se escribe con una tal Susana, se escribe
por internet, ¿mentiendes? y aunque no suelta prenda para él no debe
haber más que Susana por arriba y Susana por abajo... Ahora se pasa
todo el santo día con esa musiquita, mientras él no para de teclear, su
ordenador no deja de sonar con la melodía de Susanita tiene un ratón...
¿de dónde la habrá sacado?... Sí, mujer, aquélla de "Susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín, que come chocolate y turrón, y bolitas de anís..." El caso es que ayer el móvil de su hermana se puso a sonar con
la dichosa melodía sin que ella la hubiera cambiado, ella tenía una
canción de una tal Sakira o como se diga, ¿mentiendes? salió un mensaje
de llamada oculta y ¡zas! Ti ti ti ti, titititiiií... el caso es que su
hermana comentó que a todas sus amigas les pasó lo mismo, a la misma
hora les sonó a todas el móvil con la dichosa melodía, a todas ellas,
¿me entiendes? y aunque la quitaban y volvían a poner la que tenían
antes, a la hora en punto volvía a sonar, llamada oculta ¿mentiendes? y
otra vez Susanita... Hoy en el mercado casi no se hablaba de otra cosa,
todo el mundo diciendo lo mismo, que si un virus... El caso es que los
periódicos y los telediarios dicen todos lo mismo, que se está
extendiendo, que las compañías de móviles no saben como pararlo y..
¿tienes la radio puesta? ¡qué me dices! ¿lo dan como primera noticia?
¿que todos los móviles del mundo suenan ya con Susanita tiene un ratón?


-publicado en myblog 2006/2007-

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17 Junio 2007

LA CITA

Sábado. Tras una mala noche poblada de fantasmas, de miedos, de
esperanzas e imaginaciones. Llegó el día de la cita, idea del chico,
aceptada por él a regañadientes. Él se sentía cómodo con su relación
que ya duraba un año, visitando cada uno el blog del otro, él -después
de pasarse a un ordenador potente y a conexión de alta velocidad, para
poder recibir vídeos, canciones...- aprendiendo cosas de rabiosa
actualidad servidas por el chico; el chico -Kikke- desmontando los
relatos publicados a costa de tanto esfuerzo ("Matu, te has pasado
esta vez, y además no es nada original") y de tanto en tanto haciéndole
sufrir con su silencio, una semana entera sin visitas, sin comentarios,
sin publicar... Una relación con fronteras tácitamente definidas. Nada
de nombres. Cada uno su apodo, Kikke y Matu -Matusalén-; nada de
fotos, direcciones ni teléfonos. Nada de datos personales, aunque el
chico quiso dejar bien clara su edad, pero nada de fechas; a pesar de
todo pronto se habían dado cuenta de que vivían relativamente cerca el
uno del otro. Y ahora Kikke empeñado en que debían conocerse, en que
debían verse cara a cara YA, había planeado los detalles del encuentro,
este sábado en el centro comercial, con una gorra roja cada uno para
poder identificarse, sin dar alternativas, como un ultimátum. Él había
aceptado con verdadero miedo. Miedo a perder una relación hasta
entonces sin importancia -sabía que intentaba engañarse a sí mismo- y
que de repente le hizo verse tan frágil, tan vulnerable, pendiente de
la iniciativa de un chico de doce años, con miedo a que la relación tan
cómoda hasta entonces, tan satisfactoria, cambiara radicalmente.
Imposible que todo siga igual después de conocernos. ¿Y si Kikke no es
el muchacho de doce años que dice ser? ¿Y si me encuentra viejo y
vulgar? A partir de los cuarenta todos somos viejos para los chicos; no
soy expiloto de pruebas, ni campeón de karate, ni he dado la vuelta al
mundo en catamarán... ¿Sabrán sus padres que tiene un amigo en
internet? ¿Pensarán que soy un peligro para el chico? Tantas veces le
he dicho que no esconda mi existencia, que les hable de nuestros
contactos, y él parece encantado con vivir una relación secreta, ni
siquiera conocida por sus amigos, con un abuelo virtual.. Con la
histeria que la amistad o simple relación de un mayor con un niño
desata en tantos padres, tantos educadores y tantos censores... (No es
normal. ¿No te parece raro que un viejo envíe mensajes a un niño, que
chatee con él, que jueguen a ajedrez por internet? ¿Qué buscará en
realidad?)

Pensó en su nieto Eric. Si su padre no hubiera muerto en ese estúpido
accidente, si su madre no estuviera tan resentida con toda la familia
paterna, si no se hubiera casado de nuevo con ese influyente abogado...
entre los dos se las habían arreglado para que el chico no tuviera el
más mínimo contacto con la familia paterna. Cinco años sin ver a Eric,
sin una foto, sin una felicitación, sin una llamada... Y ahora podía
perder una relación que, sin habérselo planteado hasta entonces,
llenaba ese vacío. Dejaría de ser el amigo secreto de Kikke, no
compartido con nadie, el abuelo virtual, sabio a sus ojos de niño,
siempre sorprendiéndole con sus puntos de vista razonados, chocantes
pero estimulantes, diferentes, abriéndole puertas, descubriendo puntos
de interés insospechados. Serio, reprendiéndole a veces, pero lleno de
cariño y sincero interés.

Llegado al punto de encuentro, cerca de los multicines, enfrente de la
tienda de chuches, sintiéndose incómodo -más bien ridículo- con la
gorra roja, buscó inútilmente un chico con igual atuendo, imaginándose
espiado, seguido por cámaras de seguridad, vigilado como sospechoso. Al
fin, entre la tanta gente entrando y saliendo de las tiendas o haciendo
cola para comprar entradas o entrar a los cines divisó un chico con
gorra roja, solo, con la gorra del revés, visera hacia atrás, que a su
vez parecía buscar a alguien. Se miraron, se escrutaron. Entonces él
siguió el protocolo establecido por el chico, giró la visera de su
gorra hacia atrás, como la del chico; el chico a su vez giró la visera
hacia delante... ¡contacto! ¡no hay duda! un chispazo mágico, cada uno
percibió en el otro la misma certeza "¡es ÉL!". Y estuvo al borde del
infarto cuando el chico, cuya cara le fue pareciendo más y más familiar
a medida que se acercaba (¿Eric?) salió corriendo hacia él como un
guepardo, saltó como un tigre con los brazos abiertos y se colgó de su
cuello, estrujándole en un abrazo de oso, repitiendo ¡abuelo!,
¡abuelo!..

-publicado en myblog hace 1 año y dos días...-

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16 Junio 2007

hola

acabo de llegar...

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