Busby Berkeley

Allá al fondo, a flor de ritmo,
Se hace y deshace el nudo de las chicas;
Por el caleidoscopio de unas piernas
Contemplamos el aro de las lunas;
cada centro da origen a mil círculos
en los films musicales de la Warner.
Esta estrofa pertenece a una sextina escrita por Joan Brossa y dedicada a “Busby Berkeley, el Mago del Musical” (recojo la traducción al castellano presente en La Piedra Abierta, Círculo de Lectores, 2003, pp.431).
Busby Berkeley (1895-1976) fue un aclamado coreógrafo y director de cine en los años veinte y treinta. Con una merecida reputación tras de sí en la dirección de musicales para el teatro, tras la Gran Depresión fue requerido por los estudios Warner para poner en marcha un nuevo género cinematográfico que explotara las incipientes posibilidades del sonoro. La política comercial y mecenística de los grandes estudios de Holywood dio a luz precisamente en los años 30 a una época dorada e irrepetible del cine: Berkeley recibió la financiación que su capacidad creativa requería, y a lo largo de sucesivos filmes (42nd Street. Footlight Parade, Gold Diggers of 1933…) logró asombrar al mundo.

Hoy en día sabemos ya -a pesar de la opinión en contra de algún cinéfilo macrobiótico- que el género musical ha hecho gala en el cine de una libertad creativa que normalmente no ha proporcionado el drama o la comedia. Berkeley contribuyó enormemente a ello y en muchos aspectos aún no ha sido superado (quizás es aquí donde podríamos encontrar uno de los precedentes de lo que hoy llamamos videoclip).

Busby pasó de diseñar coreografías más o menos complejas a tomar las riendas en todos los aspectos de la dirección. Antes que Orson Welles, y a medio tránsito entre éste y la vanguardia rusa o alemana de los años 20, Berkeley investigó concienzudamente las posibilidades de la angulación de la cámara, los travellings imposibles, el uso de las grúas, y colocó las cámaras en los lugares más inverosímiles (lo que incluía hacer agujeros en el suelo de los decorados, o romper el techo para hacer sus famosas tomas caleidoscópicas a gran altura). El resultado de todo ello es la conversión del tradicional musical de teatro en un espectáculo propiamente cinematográfico en el que el espectador de la sala de cine se sentía inmerso y zarandeado, gracias también al complejo montaje.
Los argumentos de películas como Calle 42 o Gold Diggers no sobrepasan el melodrama romántico, ni despuntan en ningún aspecto, aunque casi siempre (sobre todo en 42nd Street) se apoyan sobre un mismo tema que posteriormente tuvo desarrollo en pelis como All that Jazz (Bob Fosse, 1979): la concepción de un espectáculo que debe superar todas las expectativas, y el trabajo duro y el agotamiento de su creador, que debe superar todo tipo de dificultades para llegar al estreno. Y aquí y allá los deslumbrantes -y muy extensos en metraje- números musicales en los que Berkeley, sirviéndose de todo tipo de trampas y juegos visuales, termina por desdibujar los límites entre el frágil desarrollo narrativo del film y las ensoñaciones coreográficas propiamente dichas. Puro cine.

Y piernas, muchas piernas de chicas doradas y sonrientes…
Ya sé que no es Ingmar Bergman, pero es un cine tan exquisito como el del sueco. Y que se jodan los intelectualoides humeantes. Ahora ya sabéis de donde le viene la inspiración a los directores de los spots de Freixenet…
Los gifs que podéis ver han salido de una página en la que se aporta una visión muy original acerca de la obra de Berkeley. Jeje.
Addenda:
Desde hace varios meses comienzan a aparecer fragmentos de los films de Berkeley en YouTube. Probablemente debido a problemas con los derechos de autor de las cintas, estos fragmentos están remontados, y la banda sonora original suele ser sustituida por música pop actual (The Flaming Lips, Björk, Air). A pesar de todo, dan una idea bastante aproximada de las creaciones de Busby, y el resultado, como verán, es brillante.

































juan del río dijo
como siempre ...ecelente.
2 Marzo 2007 | 10:26 AM