Una maleta, dos maletas, tres maletas...

Hasta hace poco mi vida ha girado en torno a las maletas. O más bien alrededor de una única maleta alimentada de otras muchas maletas: La Maleta de Rrose. Es lo que explica que la Maquinaria de la Nube -casi sin darme yo cuenta- se haya llenado últimamente de entradas relativas a collagistas, stop-motion y diversos tipos de animación.
Lo que sigue es un intento de aclaración.

Marcel Duchamp se dedicó durante años y años a fabricar sus boite en valise, una especie de museos portátiles similares a una maleta en cuyo interior colocó minuciosas reproducciones de sus obras más importantes. El empeño de Duchamp por elaborar estas reproducciones (una a una, manualmente) le absorbió durante mucho tiempo, y fue también una de sus mayores fuentes de ingresos, ya que las vendía a un buen precio a los coleccionistas que admiraban su obra y que probablemente le creyeron cuando declaró que había abandonado la práctica artística (cosa que afortunadamente era incierta).

Ramón Gómez de la Serna era admirado por sus conferencias sobre temas disparatados y caleidoscópicos, pero entre todas ellas destacaban sus Conferencias-Maleta. Ramón acudía ante el auditorio portando una maleta grande que colocaba sobre la mesa del orador. Tras abrir la maleta comenzaba su conferencia: de ella iba sacando objetos de todo tipo, y sobre cada uno de ellos improvisaba una historia, o enumeraba sus cualidades, y les imaginaba siempre una función diferente a la evidente. Ramón tenía el suficiente talento como para imaginar una infinidad de metáforas y episodios a partir de cada uno de aquellos objetos, y normalmente el público, acostumbrado a las conferencias plúmbeas de otros intelectuales, comparecía encantado e infantil. La conferencia terminaba cuando ya no quedaban más cacharros en la maleta.
En la trilogía de Las Maletas de Tulse Luper (2002), Peter Greenaway nos cuenta la historia de un hombre que dedica su vida entera a llenar maletas con objetos con los que intenta representar el mundo. Una maleta llena de juguetes, una maleta llena de piezas de carbón, una maleta llena de muestras de orina… así hasta 92 maletas. ¿Por qué? Tulse Luper es desde niño condenado a sufrir condena. Primero es castigado y encerrado por sus padres, luego es objeto de persecución por una secta religiosa, luego los nazis… Luper es un prisionero profesional que dedica siempre su cautiverio a
investigar el mundo que le rodea. En sus maletas intenta reunir el mundo, empirizando cada cosa conocida y sometiéndola a clasificación. Su empresa es inútil, absurda, y sin embargo es una muestra de irreductible libertad, de conspiración intelectual, y de heroicidad.
El artista norteamericano Joseph Cornell se limitó a partir de los años 30 a meter cosas en cajas. Es cierto, esta vez no son maletas, pero son cajas. Y las suyas son encantadoras y misteriosas.
En el siglo XIX existió un tipo de divertimento óptico y precinematográfico denominado Praxinoscopio. Consistía en una tira de imágenes que descomponían algún tipo de movimiento y que se colocaban circularmente frente a un cilindro de espejos (tal y como se ven en la imagen). El armatoste podía guardarse en una maletita, y debía mirarse desde un ángulo determinado a través de una precisa abertura.

He dedicado casi dos años a escribir primero, y a ilustrar luego un libro que titulé La Maleta de Rrose. Me resulta imposible explicar aquí (y también en cualquier otra parte) qué es o de qué trata La Maleta. Diré tan solo que es un conjunto de textos vagamente escénicos acerca de la vida de Marcel Duchamp. O al menos esto pensé hacer en un principio, porque el texto que resultó era confuso, deslavazado, y de dudoso valor literario. En última instancia me sentí satisfecho de no haber arrojado luz sobre la obra y el pensamiento de Duchamp (no hay nada más odioso que explicar las cosas) sino haberle procurado una modesta continuación, algo así como un juego de resonancias, un nivel nuevo de penumbra. Por eso el libro no trataba sobre Duchamp, sino sobre su alter ego: Rrose Sélavy, una extraña mujer que solo existió durante una breve sesión fotográfica frente a la cámara de Man Ray.

Tuve posteriormente la idea de organizar un conjunto de collages creados a partir de este texto, a modo de ilustraciones. El trayecto que va desde la primera concepción del texto hasta la realización de cada uno de los collages fue un viaje que estuvo regido siempre por el azar y la intuición. La mayor parte de las láminas no ilustran propiamente el texto, pero algo dicen a su modo acerca de todas las ideas implícitas en el texto: un rendido homenaje al Surrealismo y aún más al espíritu Dadá, la música, el cine, el amor, el erotismo…


Una vez acabado el libro (por el momento he realizado una única tirada de 5 ejemplares) pensé que podría dar un tercer salto mortal: después de digitalizar los collages en mi escáner de segunda mano he pensado que sería posible alterarlos digitalmente y poner sus personajes y objetos en movimiento con Flash. Pero aunque ya tengo mediado un guión que estipula los movimientos precisos (siempre muy sencillos) y los efectos de sonido imprescindibles, sé que yo no puedo realizar esta tercera Maleta: no sé manejar Flash Player. Esta vez ni siquiera Glenn Gould tocando las Variaciones Goldberg podría proporcionarme la inspiración, y desisto de leer las 750 páginas del manual de Flash.
¿Alguien se ofrece a poner movimiento a mi proyecto? Aquí os dejo algunas de las imágenes ya editadas con NeroPhotoSnap.




































Tempestad dijo
Umm, RR, 15 años despues de conocerte me entero de "lo de la maleta". Fantástico. Y fantasticos los collages. He entrado a mirar tu blog por puro aburrimiento pa' que vamos a engañarnos, pero me lo he leido de un tirón. plas plas ( plas plas= aplausos)
hala, a seguir haciendo cosas....del libro deberias hacer aunque sea una tirada de 27 ejemplares (por poner un número al tun tun...) que muchos querriamos leerlo...
18 Abril 2006 | 08:42 PM