El Bañista Accidental
El pasado martes la ciudad de Córdoba amaneció con un curioso visitante: una escultura de cinco metros se encontraba en el lecho del Guadalquivir, a pocos metros del reciente y polémico puente de Miraflores (que a mí siempre me ha parecido estupendo). La pieza, fabricada en un material plástico de poco peso, representa a un bañista con los codos apoyados en el lecho del río y las piernas flexionadas. En su rostro se dibuja una cojonuda expresión de satisfacción.

En mi ciudad, que siempre ha ido a la cola de la modernidad y el cosmopolitismo (y no crean que no me duele decirlo), este tipo de sucesos levantan polémica, pero ésta está resultando especialmente jugosa, en primer lugar por lo divertido y lo subrepticio del asunto, en segundo lugar por la chafardería mental de la que nuestros políticos (como siempre) han hecho gala, y en tercer lugar porque ha quedado patente la gratitud de los viandantes ante una manifestación artística espontánea con la que ninguna asociación, agrupación religiosa, o partido político podrá colgarse una medalla y hacerse la vomitiva foto de rigor. Por una vez (por una única vez!) la imaginación y las ganas de provocar se han adelantado a los medallistas. Porque existe en Córdoba una milenaria y perniciosa tribu de sujetos dados a opinar sobre cualquier idea nueva que pueda transformar el aspecto de la ciudad. Son gente bastante apocalíptica, extremadamente paleta, y sorprende la asiduidad con la que sus opiniones son escuchadas por gente aún más timorata que ellos mismos, pero con más poder.
El Hombre Río (así se llama la escultura) es obra de dos escultores de los que nunca había oído hablar, aunque desde hoy mismo los admiro fervientemente: Francisco Marcos y Rafael Cornejo. Al parecer han trabajado durante casi dos meses en la pieza, realizando los bocetos, tallándola, e ideando el modo de colocarla en el centro mismo del curso fluvial. La noche del pasado martes 18 colocaron las pesas a las que iría anclada la pieza flotante, y la madrugada siguiente, con ayuda de una piragua y una gran balsa de fabricación casera, la dejaron colocada. El material ha sido pintado con una capa de pintura que le da un aspecto entre pétreo y broncíneo muy conseguido, lo que añade más incredulidad a su visión.
Es evidente que los dos artistas tenían muy claro el enclavamiento y el espíritu de la obra: su contemplación, en relación con el entorno, transmite un buen rollito descomunal, y cuando menos provoca la sonrisa. Yo mismo he podido verla esta mañana, y la estampa me pareció estupenda: creo que revaloriza enormemente el aspecto del río y de su entorno, y no me cabe duda de que va a convertirse en un foco de atracción hacia la ribera.
No ha sido casual que la aparición de la obra se haya hecho coincidir con la inauguración de Cosmopoética 2006, un encuentro internacional de poesía bastante currado que aglutina muy diversos eventos en distintos lugares de la ciudad. Francisco Marcos y Rafael Cornejo no parecen muy de acuerdo con el modo en que se ha organizado este evento, y han querido ofrecer su propio mensaje poético a la vista de todo el mundo. Personalmente me cuesta trabajo concebir un poema mejor que este bañista tan aireado.
También reconocen que su obra es perfectamente ilegal: no han solicitado ningún permiso a ninguna institución, por lo que son conscientes de que la obra puede ser retirada. Por el momento el Ayuntamiento ha traspasado la posibilidad de la denuncia a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, ya que la escultura ha sido colocada en su jurisdicción. Quedando fuera de dudas la pertinencia y el valor estético de la obra, me pregunto si la Confederación acometerá algo así como un estudio que valore el impacto ambiental de la pieza, es decir, si su presencia puede alterar de algún modo la sedimentación en el río, o provocar algún otro tipo de problema. Si así fuera, los escultores parecen comprometidos a retirarla, pero advierten que, bajo cualquiera de esos imperativos, la presencia en el río de otros muchos tipos de residuos (carritos de la compra, colchones, maletas…) resulta mucho más perniciosa y a nadie parece preocuparle. Tienen toda la razón.
Pero opino que si prosperara un informe de impacto ambiental negativo, no debería ser razón para la retirada de la escultura, sino para conceder a los autores una partida que les permita acondicionar mejor la pieza y eliminar ese posible impacto sin alterar su efecto estético. Esto sería lo correcto en una ciudad que, en la parte de atrás, deja impunes la tala indiscriminada de encinas con espúreos intereses urbanísticos.
Tengo la sensación de que en última instancia lo que más molesta es lo más estupendo de todo: la felicidad fresquita e ingrávida que emana de este Hombre Río que no pide nada a nadie, excepto prolongar su baño hasta que le dejen. Y aunque no lleva ni una semana ahí colocado ¿puede imaginarse el río ya sin la posiblidad de echar un vistazo a su felicidad constante bajo el sol de agosto o la lluvia de noviembre, a mediodía o de madrugada?
La noticia en el periódico local.
(Las fotos, a excepción del primer plano, las ha realizado amablemente una amiga)





































¿ysiestaveztequedaras? dijo
No tngo ni idea de cómo quedará de verdad pero vista ahí francamente llama la atención y a mi juicio se integra muy bien con el paisaje
23 Abril 2006 | 02:24 PM