Alicia en el País del Sol Naciente

Muchos me la habían recomendado, y ayer finalmente me decidí a ver El Viaje de Chihiro (2001). A medida que la película avanzaba no pude evitar encontrar un curioso paralelo con Alicia en el País de las Maravillas, la genial peli que Walt Disney dirigió en 1951.

No es mi intención restar mérito a Hayao Miyazaki, au contrair, El Viaje de Chihiro es una película con un nivel de ejecución extraordinario, y nos muestra un mundo sorprendente y muy hermoso (qué colores tan asombrosos!). Pero si atendemos a la estructura básica del largometraje se hace evidente la similitud con la peli de Disney: una niña abandona accidentalmente el mundo real quedando atrapada en una especie de mundo paralelo que intenta por todos los medios abandonar para reunirse con su familia…
Sin embargo, mientras que la Alicia de Disney tiene su origen la novela de un personajes un tanto oscuro y desconcertante como es Lewis Carroll, y que estaba interesado principalmente en el non-sense anglosajón, en los juego de palabras, y en las paradojas de raíz matemática, lo que Miyazaki nos ofrece es un nuevo desarrollo de las temática de lo fantástico, lo espectral y lo escatológico, a la que tan aficionada ha sido la literatura tradicional y el cine japoneses (Kurosawa, Mizoguchi, Kobayashi, etc…). Es probable que las hadas sean un patrimonio propiamente europeo y anglosajón, pero no es posible afirmar lo mismo acerca de los espíritus, y de la coexistencia entre el mundo de los vivos y de los muertos.


Así pues, a pesar de que el sustrato literario es muy diferente, el encanto de ambas películas, la de Disney y la de Miyazaki, se sustenta en elementos quizá más simples y evidentes. Una niña pequeña que no consigue comprender el imperativo a que es sometida por parte de sus mayores, se ve envuelta en situaciones completamente desconcertantes que le someten a tiranías aún peores que las de sus progenitores. La respuesta de la niña será hacer acopio de toda su inteligencia y madurez para superar las sucesivas pruebas que se le presentan: Alicia intentará inútilmente razonar o entender las leyes del País de las Maravillas; Chihiro acepta la esclavitud y el trabajo, y mantiene en todo momento sus bellas intenciones, con la intención de ganar su libertad. En este sentido, el contenido de la película es profundamente aleccionador. La fuerza dramática y emotiva de estos filmes reside en la dolorosa contradicción –ligeramente sádica- de ver a un niño en un rol adulto. Tanto más evidente en el caso de Chihiro, sobre la cual recae el peso de salvar a sus padres.


En última instancia (y bajo mi punto de vista) lo que fascina al espectador en este tipo de largometrajes es el manido –y siempre efectivo- tema del viaje iniciático. No a la manera alquímica o esotérica, sino el del ámbito de lo moral y lo psicológico. El tema único y principal es la desorientación, la pérdida de referentes de conducta, y el aprendizaje (consciente o inconsciente) que ello conlleva si se desea superar la prueba. Es preciso que el espectador se sienta identificado con el protagonista, y que haga suyas las tribulaciones de la niña, la angustia, la tristeza, la confusión, y el asombro ante un mundo que se revela dotado a partes iguales de crueldad y belleza. La genialidad de Disney y Miyazaki es que logran con creces este propósito.


En El Viaje de Chihiro no faltarán la malvada y arbitraria Reina de Corazones (la bruja Yubaba), el gato de Cheshire (que podría ser Haku, o quizás el extraño Ser Sin Cara), los itinerarios incomprensibles, ni tampoco, por supuesto, toda una baraja de seres fascinantes y lugares paradójicos: los pollitos del tamaño de un oso polar, los pulpos y el lodo andantes, el vapor cargado de luces (como sacado del Mississipi), el tren que discurre sobre el mar y las tristes sombras que viajan en él…

En la raíz de toda esa estética se encuentra ni más ni menos que un Surrealismo de pura cepa: René Magritte, Salvador Dalí… Al fin y al cabo el Surrealismo tampoco nace de la nada: toda la cultura que le precede es su patio de recreo. 

































Tempestad dijo
Estimado sr. RR:
Pero que buen crítico es usted¡¡¡ y que analítico....Leyendo sus "cositas" de las pelis se ven muchas más cosas de las que creemos ver en la pantalla.Coincido contigo con lo del viaje iniciático, que en cine ( y, of course, en literatura) da tanto juego, pero echo de menos en tu comentario un poquito más de pasión. ¡¡¡Es una monadaaaaaaa de peliiiii!!!!!! ¿no te comerías a la niñaaaaaa? ¿no has flipadoooo con los fantasmas?. Yo me quede absolutamente embobaba viendola, creo que fue mi primer largo manga , al que siempre había tenido bastante "uff-no-se-yo". Despues del viaje de chihiro topé con "la Tumba de las luciernagas", que es otra maravilla y que recomiendo, pero que es necesario abordar con un cargamento de klenex ( ni se te ocurra tostar la tumba de las luciernagas y dejar que la vean los abuelos del sobri....sería el drama padre)...y yo que pensaba que el manga era oliver y benji y 4 chorradas más... Puede ser CINE..y cine de 5 estrellas.
Hala, besos y esas cosas, que no se diga.....
25 Junio 2006 | 07:35 PM