Steve Hollinger: the cloudcatcher

El azar propicia siempre los mejores hallazgos, los más deslumbrantes. Pasear sin prisa a bordo de Google o de YouTube es lo que me ha permitido conocer las delicadas y misteriosas esculturas de Steve Hollinger (Greenwich, 1962). Era preciso anotar algo sobre esto en la Maquinaria.
Sus obras están realizadas con objetos y materiales usuales en la escultura de nuestros días (madera, alambre, papel, vidrio, plásticos) y otros menos habituales, como hojas de árbol, o pétalos de flor. En su mayoría incorporan ínfimos mecanismos muy sensibles que se activan por efecto de la luz ambiente o la temperatura. Esto los convierte en objetos autónomos que se mueven o varían su forma en relación a lo que les rodea.

Con reminiscencias de la obra de Marcel Duchamp (como su Gran Vidrio), Jean Tinguely, y quizás ecos literarios de los aparatos inverosímiles y disparatados que Raymond Roussel describía en sus novelas, las esculturas de Hollinger, sin embargo, se caracterizan por su sencillez y su preciosismo formal. Observar su Medusa (Jellyfish, 2002) es una experiencia cristalina y silenciosa ya que es la primera escultura pensada expresamente para evolucionar bajo del agua de la que yo, personalmente, tengo noticia (aunque siempre he pensado que el Gran Vidrio de Duchamp tenía algo de diorama marino y de pecera galáctica).

El Cazador de Nubes (Cloudcatcher, 2000) es un ínfimo aparatito en la que una serie de engranajes metálicos dotados de pétalos de rosas, son capaces, según el autor, de detectar la luz solar y las nubes cercanas, y es por tanto casi casi un encantador y frágil barómetro; Su Mariposa parece sostenerse sobre el aire sin esfuerzo, y es -poco más, o poco menos que- un juguete sobrecogedor.

A veces las cajas de Hollinger incorporan pequeños visores, y nos invitan a curiosear en su interior, y es aquí donde revela su amor por las tecnologías del precine y los viejos dioramas, ahora recreados con nuevas técnicas.

Marcel Duchamp dijo que "El Arte es como la Electricidad; no podemos explicar exactamente qué es, pero no hay duda de que se siente". El empeño de Hollinger ha sido transformar algo tan precioso e inadvertido como la luz en motor (inmóvil) de sus frágiles juguetes.
Es por tanto la obra de este escultor norteamericano un feliz encuentro entre lo científico y lo poético, ya que lo que sustenta estas obras no es solo cierta belleza secreta que podría fácilmente pasar inadvertida ante el ojo impaciente, sino que su alimento mecánico es ni más ni menos que la luz, cuyo efecto se perpetúa en estos objetos gratuita, limpia, y cálidamente, hacia el infinito. Imposible mayor levedad.
Todas las imágenes han salido de la página web de Steve Hollinger.

































yreal dijo
Buenísimo post,alucinantes las cajas. Me encanta tu site...Voy a seguir un rato mas por acá
saludos
y
10 Noviembre 2006 | 05:53 AM