El barón rampante
…Para tener sus libros, Cosimo construyó en varias ocasiones una especie de bibliotecas colgantes, defendidas lo mejor posible de la lluvia y de los roedores, pero las cambiaba continuamente de sitio, según los estudios y los gustos del momento, porque consideraba un poco a los libros como a los pájaros y no quería verlos quietos o enjaulados, decía que se entristecían. En la más maciza de estas estanterías aéreas alineaba los tomos de la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert a medida que se los mandaba un librero de Livorno. Y si en los últimos tiempos, a fuerza de estar entre libros, se había quedado con la cabeza en las nubes, cada vez menos interesado por el mundo que le rodeaba, ahora, en cambio, con la lectura de la Enciclopedia, ciertas bellísimas voces como Abeille, Arbre, Bois, Jardin le hacían volver a descubrir todas las cosas de alrededor como nuevas. Entre los libros que se hacía mandar, empezaron a figurar también tratados prácticos, por ejemplo de arboricultura, y no veía la hora de experimentar sus nuevos saberes…
El Barón Rampante. Italo Calvino. Traducción de Esther Benítez. Diario El País, 2002. pp.141-142.










































el pato dijo
:-))
26 Febrero 2007 | 02:18 PM