Federico en la Luna

La estancia de Federico García Lorca en Nueva York dio para algo más que Poeta en Nueva York y El Público. Allí Lorca escribió su único –y ampliamente desconocido- guión de cine. Viaje a la Luna es un conjunto de escenas garabateadas en unas pocas cuartillas, pero cuyo destino ha sido tan extraño como la naturaleza de sus imágenes.
Compuesto por un total de 72 escenas muy breves escritas en solo un par de jornadas, Lorca entregó el guión de Viaje a la Luna al pintor y realizador mejicano Emilio Amero con el deseo de que hiciera con él lo que pudiese, después de varias conversaciones en las que habían intercambiado impresiones sobre el cine de vanguardia. En la atmósfera cultural flotaba aún, punzante y cálida, la vaharada de provocación de El Perro Andaluz, y Lorca no era del todo ajeno los recientes experimentos de poesía cinegráfica que se llevaban a cabo en Francia o Alemania.

Guillermo Sheridan apunta que, entre las correrías habituales de Federico en NY, además de los night-clubs donde escuchaba a los negros, se encontraba el parque de atracciones de Coney Island, donde aún sobrevivía una vieja atracción, ya un poco venida a menos, llamada precisamente A Trip to the Moon. Se trataba de un complejo ciclorama que emulaba un viaje a Selene: una montaña rusa con varias paradas en las que, entre otras cosas, unas chicas (selenitas) daban unos pasos de baile, y donde al final del recorrido se entregaba un trozo de queso a los visitantes, que según dicen, salían muy mareados.

El Viaje de Lorca es, por supuesto, un viaje interior: largos pasillos, peces, escaleras, ascensores que suben a la noche, mujeres de luto, arlequines, muñecos anatómicos, y una luna que siempre huye vertiginosamente. Se trata pues de los mismos referentes que siempre hemos identificado en Poeta en NY o en El Público: el deseo, la identidad, la angustia, el amor… Toda o casi toda la obra de Lorca es una portentosa construcción de imágenes, y Viaje a la Luna, en tanto que guión para el cine, es por tanto un caso excepcional.
Emilio Amero atesoró el manuscrito de Lorca toda su vida. Tras la muerte del poeta hizo un vago intento de rodar el guión, como gesto de protesta, pero lo cierto es que el guión permaneció en un cajón hasta la muerte de Amero. El manuscrito fue finalmente adquirido por la Biblioteca Nacional en 1989, y en 1995 la editorial Pre-textos sacó a la luz la primera edición fiable de la obra, con introducción de Antonio Monegal, notas y reproducción completa del manuscrito original, incluyendo además dos dibujos de Lorca que, según reza en el guión, debían aparecer en determinados momentos fundidos a las imágenes del film.

En 1998, y como añadido a la gran algarada en torno al aniversario del nacimiento del poeta, el pintor, escenógrafo y cineasta catalán Frederic Amat decide, tras un minucioso estudio del texto, embarcarse en el rodaje del guión. La productora Ovideo, junto con la Fundación Federico García Lorca y la RTVA coprodujeron un cortometraje de 18 minutos que yo mismo aún no he podido visionar: la Filmoteca de Andalucía sigue sin hacerse con una copia.

Al parecer, Amat comenzó el rodaje del guión en colaboración con el realizador y periodista Javier Martín Domínguez, pero no debían tener la misma visión acerca de la materia prima, ya que cada uno de ellos terminó realizando su propio proyecto. Amat recibió el apoyo institucional. De la cinta de Martín Domínguez apenas se sabe nada, y tampoco a nadie parece importarle, excepto a mí, que daría mis manos por ver ambas cintas (y que aunque sé de buena tinta por qué la Filmoteca de
Andalucía no compra ninguna de las obras, no deja de causarme estupor). Me parece triste que solo una de las dos versiones del guión recibiera bendición y cheque (así son las efemérides, es cierto), pero casi setenta años después de su redacción, el Viaje a la Luna podía reinventarse de muchos modos, y es por eso que ambas versiones merecen mi atención aquí.


De hecho, aunque la versión de Amat ha pasado a considerarse de algún modo la oficial, la cinta de este artista multidisciplinar, que contó con la ayuda del mismísimo Cesc Gelabert para las coreografías y con la música de Pascal Comelade para la banda
sonora, es bastante personal. Amat sin duda vio en el proyecto la oportunidad única que
constituía, ya que el Viaje a la Luna es de por sí un poema excepcional, un guión que en determinados aspectos es muy preciso y en otros es deliciosamente ambigüo (lo que le permitía un amplio radio de re-creación), y una apasionante encrucijada entre lo gráfico (por los propios dibujos de Lorca), lo literario, y -solo en potencia, dormido, soñado- lo cinemático.

Viaje a la Luna: Texto completo
Romancero Lunático, por Fabián Lebenglik
Un guión de Lorca en la pantalla: Viaje a la Luna y el diálogo entre las artes, por Antonio Monegal



































alegranza dijo
Hace unos años estuve ojeando un guión de Viaje a la luna pero ahora no recuerdo si era de Amat o de Martín Dominguez. Sí que recuerdo que la portada era la misma imagen con la que comienzas tu post y que apenas había texto. Era muy visual. ¿Podrías decirme de quién se trata?
Gracias..
Por cierto, me alegra mucho encontrar en la maquinaria a los Tiger Lillies.
Saludos.
20 Marzo 2007 | 01:01 AM