Edgar Ende

Edgar Ende (1901-1965), aparte de ser el padre de Michael Ende, fue un pintor surrealista. La obra de ambos es un territorio donde lo fantástico, lo absurdo y lo poético pasean a placer. Las relaciones entre la pintura del padre y los relatos y novelas del hijo es evidente, y merecen que se le preste atención en su condición especular.

Antes incluso que a los surrealistas, Edgar Ende se sentía próximo a artistas como William Blake, ya que hizo de lo visionario, lo extraño, lo inexplorado, su objetivo. Si el Surrealismo tuvo como patio de recreo toda la historia europea precedente, así como precisos baluartes políticos y morales que derribar, Edgar Ende, por el contrario, definía sus cuadros como “pre-lógicos”, es decir, nacidos de una
ausencia total de intención conceptual, y en sus obras deseaba ofrecer un misterio desnudo y puro, ausente de toda lógica, de toda idea preconcebida y de cualquier tipo de simbolismo.

Los cuadros de Edgar Ende no alcanzaron nunca gran
repercusión, y su nombre no apareció nunca asociado al de los grandes artistas surrealistas, por lo que el pintor ejerció su oficio discretamente, pero dando un calor continuado a sus visiones, a pesar de las dificultades económicas y de
que los nazis llegaron a prohibir la exhibición de sus cuadros. Michael Ende creció arropado por la proximidad de los inquietantes cuadros del padre y en alguna ocasión explicó con cariño el método creativo de su padre
Su frase era: «Voy a hacer bocetos». Eso significaba, para mi madre y para mí, que mi padre deseaba que no le molestaran bajo ningún concepto. Se encerraba en su taller, por lo general lo dejaba incluso completamente a oscuras, se echaba en el sofá y se concentraba. Según me explicó él una vez, la dificultad de esa concentración no consistía en concentrarse en un determinado pensamiento, en una idea determinada, sino en no concentrarse en nada. Había que olvidar toda intención, reducir al silencio todo pensamiento, hacer desaparecer toda idea. Entonces, con una conciencia totalmente vacía, pero en una especie de creciente estado de vigilia, esperaba…


Michael Ende escribió su libro de relatos El Espejo en el Espejo inspirándose directamente en los cuadros de su padre y la obra se editó acompañada de varios grabados de Edgar, al que la obra estaba dedicada. Una lectura atenta del texto nos muestra hasta qué punto una serie de referentes propiamente plásticos pueden llegar a transformarse, por mano de otro creador, en producto literario de primer orden, guardando en sí, intacto, el mismo sustrato poético.

Las imágenes proceden de la página web oficial sobre Edgar Ende








































siempre dijo
Vengo cayendo desde otro blog y he quedado gratamente impresionada.
Sin dudas volveré.
5 Mayo 2007 | 06:34 AM