Archangel

Un combatiente de la I Guerra Mundial ha perdido dos cosas en la batalla: a su prometida Iris, y una de sus dos piernas, y se dispone a desembarcar en el puerto ruso de Archangel, una apartada ciudad a la que aún no ha llegado la noticia de que la guerra ha terminado. Así se abre la historia de Archangel (1990), uno de los largometrajes del peculiarísimo realizador canadiense Guy Maddin .

Archangel es algo así como una diminuta ciudad contenida en una de esas esferas de cristal en las que se desata una tormenta de nieve a poco que la agitemos. En su interior se desarrolla una guerra de pesadilla, unos personajes en situaciones improbables, y un desarrollo argumental completamente delirante. El cine de Guy Maddin no tiene misericordia con sus espectadores, tan solo los invita a sumergirse en una imaginería propia del cine de los años 20 y 30, lleno de referencias al cine expresionista y soviético. Archangel es la demostración de que puede rodarse un film formalmente correcto sirviéndose de un poco de vestuario y unas cuantas telas artísticamente dispuestas en el interior de una exigua leñera polvorienta. El resultado es asombroso.


Por la ciudad rusa de Archangel deambulan sacerdotes
ortodoxos de largas barbas, soldados zombis comedores de niños, un soldado que sufre amnesia y que quiere recuperar a su esposa, un protagonista mutilado de una pierna que se engaña al creer que una chica de la zona es una reencarnación de su amor perdido y que a su vez es la esposa del soldado anterior (¡). Batallas bajo la nieve, celos, venganzas, matanzas: en Archangel los hechos se suceden con la mecánica de un sueño, con la mecánica alógica de un film surrealista, pero eso sí, rodado con una exquisitez en los planos y en la fotografía que ya quisieran muchos para sí.


Creo que el el experimento de larga duración de Maddin puede definirse como una de esas películas con señoras terribles, dramas, soldados, y desenlaces folletinescos, a la que se le ha injertado el absurdo, el sentido del humor y el horror de un sensibilidad muy particular como es la de Maddin. El film resultará a todas luces indigesto para espectadores poco dispuestos a saborear el amor de Maddin por el cine pretérito, pero gustará a aquellos que han disfrutado, por ejemplo, del cine de los Hermanos Quay, o de todos aquellos cineastas que buscan su fuente de inspiración en modelos olvidados que reinterpretan a su vez de un modo personal y cuyo horizonte creativo es muy distinto del habitual en las salas comerciales.







































virginia dijo
Sí! Aguante!! Yo vi este corto, está muy bueno. Justamente me lo mostró mi novio del que sospecho que sean hermanos gemelos separados al nacer porque tienen gustos demasiado similares. No hay mucha gente en la blogosfera hispano parlante a la que le gusten Brothers Quay, Luigi Russuolo, Guy Maddin y los dadaístas. (El link que dejo es de su blog). Saludos
4 Julio 2007 | 09:47 PM