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30 Septiembre 2007

Aeronáutica y Pintura

Globo aerostático. Atribuido a Francisco de Goya

Joseph Michel (1740-1810) y Jacques-Etienne Mongolfier (1745-1799) eran fabricantes de papel en Annonay, un pueblo francés próximo a Lyon, donde hicieron las primeras pruebas con globos de aire caliente a finales de 1872. El 25 de abril siguiente acertaron a elevar un globo de cierto tamaño hasta una altura de 300 metros, y fue el 4 de junio de ese mismo año de 1783 cuando realizaron su primera demostración en público. El globo en cuestión, de 11 metros de diámetro y relleno de aire caliente, efectuó su memorable vuelo durante unos diez minutos, en solitario y sin tripulación. El acontecimiento despertó tal expectación que, desde Annonay, la noticia se difundió a enorme velocidad por Europa para los medios de entonces y ese mismo año los experimentos se repitieron en diversas partes del mundo.(...)

La partida del globo, G.F.T. Nadar, 1870

En España, ni los técnicos ni los artistas quedaron al margen de tan revolucionarios acontecimientos. Al ingeniero canario Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), se debe la exitosa elevación de nuestro primer globo aerostático. Ésta tuvo lugar en Madrid, el 29 de noviembre de 1783, apenas unos meses después del primer lanzamiento Montgolfier, en un escenario y con un público escogidos: la casa de campo del Infante Don Gabriel, a la que ese día acudieron el monarca Carlos IV y parte de su corte. Cuando al cabo de dos minutos de ascensión el globo realizado con tafetán barnizado desapareció entre las nubes, cuenta la crónica que el propio monarca se quitó el sombrero.

Vista del puente de Sèvres, Henri Rousseau, 1908

Aeronaútica y Pintura es el singular título de un grueso catálogo de imágenes reunidas, comentadas y prologadas por Carmen de Cima Suárez y Ana Vázquez de la Cueva y editado por Aena en 2001. Desde las veduti venecianas, pasando por los cuadros de los aeropintores futuristas hasta llegar a los terrenos del pop art y las últimas tendencias, en el libro se reúnen obras pictóricas del siglo XVIII al XX, de todos los estilos y escuelas, cuyo punto en común es la presencia en ellos de algún prodigio de la aeronaútica: aerostatos, dirigibles, aviones, y helicópteros, plasmados con los ojos de la descomposición cubista, por la mano del pintor cortesano y del romántico, o con estéticas hiperrealistas, suprematistas, o surrealistas.

El dirigible y la torre, Robert Delaunay, 1909

Sobrevolando en espiral el Coliseo, Guglielmo Sansoni, 1931

Leyendo sus páginas se entera de uno de cosas importantes, como por ejemplo el papel fundamental que jugaron los aerostatos durante el asedio de París en 1871; o la no muy conocida afición a la aerostática de Nadar -el celebre fotógrafo que retrató a la flor y nata de la sociedad parisina- afición que complementó, curiosamente, con la paleta de pintor (el catálogo contiene uno de sus lienzos). Entre las narraciones más divertidas están todas aquellas que tratan sobre los pioneros del siglo XVIII: en una Francia a punto de embarcarse en la Revolución, la fiebre aerostática propició numerosas ascensiones, cuya visión provocaba unas veces un asombro sin límites, y otras verdadero pánico. Tanto es así que en 1783 un globo extraviado a varios kilómetros del lugar del despegue fue recibido a garrotazos por los campesinos ajenos al evento, creyendo que se trataba de algún animal desconocido.

Globo Rojo, Paul Klee, 1922

Compendios como el de Aeronaútica y Pintura, aparentemente tan arbitrario o improbable, son imprescindibles porque demuestran que la pintura, y por extensión toda la historia del arte, puede abordarse desde puntos de vista muy diferentes a la habitual clasificación cronológica de los periodos artísticos. El jugoso estudio histórico y científico, y los pormenorizados comentarios de las obras que contiene, lo convierten en un libro altamente disfrutable.

¡Whaam!, Roy Lichtenstein, 1963

De entre todas las láminas que contiene el catálogo me ha llamado muy especialmente la atención una obra del pintor estadounidense Mark Tansey (San José, California, 1949). En el lienzo –que se puede observar a mayor tamaño aquí- se desarrolla una escena que alude a las primeras tentativas de vuelo de los hermanos Wright, pero donde estos han sido sustituidos por dos pintores cubistas que están probando un aparato recién construido, una suerte intermedia de planeador rudimentario y constructo propio del cubismo sintético. A bordo del aparato se encuentra Picasso, y Braque acompaña desde tierra a su compañero. Esta pequeña broma de Tansey está cargada de significado: cubismo e inicios de la aviación compartieron cronología, y ambos representaban únicamente el balbuceo de todo lo que estaba por llegar, en el campo de la aeronaútica y en el de la pintura contemporánea.

Picasso y Braque, Mark Tansey, 1992

(Tansey ha inspirado su cuadro directamente en las fotografías originales tomadas durante los primeros experimentos de los hermanos Whrigt:)

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