Naqoyqatsi

Naqoyqatsy es un término del idioma Hopi que significa algo así como guerra civilizada o violencia entendida como forma de vida, y así es como se titula el singular film que Godfrey Reggio realizó en 2002, y que al parecer constituye la tercera entrega de una trilogía acerca de la cual lo desconozco prácticamente todo. Aún sin una información previa, Naqoyqatsi se presenta ante nuestros ojos como una película compleja, caleidoscópica, y lo más importante: dotada de altos valores estéticos y conceptuales.


Naqoyqatsi es muchísimas cosas a la vez, pero puede definirse como un impresionante collage audiovisual de clara intención: ofrecer al espectador una mirada totalizadora y crítica sobre la vida actual y sus conflictos. A pesar de lo ambicioso del proyecto, el metraje se articula de un modo bastante efectivo. Reggio propone un meticuloso distanciamiento de la realidad, que así reorganizada, cobra un sentido crítico muy fuerte.


El film carece de guión al modo tradicional y se presenta como un conjunto de secuencias muy libres, acompañadas en todo momento por una excelente banda sonora de Philip Glass. Y aunque es imposible enumerar todo el contenido de la cinta, en Naqoyqatsi veremos conflictos armados, maquinarias en funcionamiento, estallidos de bombas, circuitos impresos, animales en libertad, fractales, tormentas, publicidad televisiva, masas militarizadas, competiciones deportivas, visiones microscópicas de bacterias y espermatozoides, el espacio exterior, y el cuerpo humano en todas sus facetas.


Sin embargo, lejos de convertirse en una experiencia caótica al estilo de los usuales collages televisivos, el ejercicio de Reggio se apoya en una sólida base de cinematografía pura y dura. Se advierten la influencia de cineastas marginales como Dziga Vertov (en lo que tiene de glorificación del progreso, los medios de transporte o la ciencia), Leni Riefensthal (su sombra es larga en las secuencias deportivas), o Hans Richter, Walter Ruttmann y Man Ray (en todas las secuencias -hermosísimas- de formas abstractas en movimiento). Imágenes y banda sonora se imbrican variando de ritmo, ofreciendo fragmentos vertiginosos y secuencias que transmiten una apacible calma.


Además el film no solo es un dardo crítico acerca de nuestro mundo y un ejercicio audiovisual notable, sino que en un nivel algo menos evidente constituye un rendido homenaje a la imagen en movimiento y al cine en todos sus formas y posibilidades, ya que recopila irregulares imágenes de archivo, fragmentos televisados, infografías digitales, cuerpos radiografiados, aparatos ópticos del siglo XIX, y en algún momento incluso cobran movimiento los primeros experimentos cronofotográficos de Muybridge.

Sin lugar a dudas este film hubiera hecho las delicias de Val del Omar.










































Javier dijo
Tiene una pinta estupenda. Parace un torrente visual alucinante
23 Noviembre 2007 | 01:30 PM