El Aleph de Ramón: Inventario nº 1

1. Este inventario, al igual que el experimento perecquiano de Korkos, se propone únicamente a nivel de tentativa. Cada entrega aborda un fragmento de la pared del despacho, en cada uno de las cuales intentaré identificar un número limitado de obras. Inventariar el total de imágenes es una tarea –apasionante- que llevaría años, y que excede, con mucho, mis capacidades (intelectuales y dinerarias). Escojo pues aquellas imágenes que llaman más mi atención y que pueden aportar algo –desde mis conocimientos y mi destreza particular- a la comprensión del universo visual de Ramón.
2. Me sirvo de las reproducciones contenidas en Ramón en su Torreón, el magnífico libro de Juan Manuel Bonet editado por la Fundación Wellington.
3. Me ciño -fundamentalmente, aunque no con exclusividad- a las obras de arte porque es mi terreno y porque son las únicas imágenes que, con mayor o menor éxito, pueden rastrearse en la bibliografía impresa y en la red. Es mucho más dificil –al menos para mí- identificar imágenes meramente publicitarias, periodísticas, o de reportajes de moda, géneros que también están presentes en los collages parietales de Ramón.
4. Abro la veda para que todo aquel que identifique nuevas imágenes lo ponga en mi conocimiento, de modo que el inventario pueda seguir creciendo. Aquellas imágenes que se consideren adecuadas se incorporarán, dentro de lo posible, al correspondiente inventario.
He aquí el primero de los paneles a inventariar, seguido de la primera imagen identificada:


Doy comienzo al inventario con esta famosa Venus de Tiziano como anticipo de lo que se nos viene encima: en las paredes de Ramón he encontrado casi todas las venus y odaliscas habidas y por haber en la historia del arte occidental. Otras muchas aparecerán en el inventario en las próximas entregas, así como infinitas imágenes de mujeres desnudas de todos los colores y en todas las posturas posibles. A los conocedores de la obra y la persona de Ramón les resultará natural, pero es un dato poco conocido: Ramón también transitó con dignidad por el género de la novela erótica en obras como La Nardo (1930).

No muy lejos de la oronda venus de Tiziano puede localizarse este desnudo reclinado de Picasso, aún más orondo y magnífico, si cabe. Cambia el estilo, pero únicamente el estilo: ambas obras se ciernen en torno a un mismo ideal de plenitud carnal. Como es habitual en la obra de Picasso, este desnudo es una de las innumerables versiones que realizó sobre el tema, y mucho me temo que no se corresponde por completo con el que he identificado en la pared de Ramón, aunque es prácticamente idéntico.

Es de sobras conocida la afición de todos los modernos como Ramón por las culturas exóticas y de la raza negra en particular. Los negros aportaron dos elementos sin los cuales no se puede entender el movimiento moderno: su arte ancestral, que ofreció itinerarios y referentes estéticos de primer orden para el desarrollo –por ejemplo- del cubismo, y, como no, el Jazz, género musical de rabiosa modernidad. El trozo de pared que hoy diseccionamos presenta una abundancia de esculturas y máscaras exóticas que no he vuelto a ver repetido en ninguna otra parte.
Desde hace años, desde antes del cubismo, que ha sido el iniciador del gusto por el arte negro, yo tenía ensalzados en mi despacho los más hermosos ídolos negros. Los había capturado en las selvas africanas del Rastro, en la región de los lagos del Rastro, allá abajo, donde, en la que yo llamo plazoleta central, la tierra se encara con el cielo y le acerca a las narices mismas sus lacerías.(...)
Me quieren magnetizar con sus ojos fijos, ahuevados, de cejas entrecruzadas, con la frente cayendo sobre su mirada y apoyándola con su alianza en sus ímpetus.
Yo les debo muchas inspiraciones, y más que nada, esa netitud que a veces consigo. Ellos están de cara a la primera alba, y en su obscura forma parece que reflejan, como en un espejo de obscuro bronce bruñido, numerosos albores del primer día y numerosos atisbos y principios que no han sido continuados.(Ismos, 1931)

El Aleph de Ramón está constituido en gran parte por obras pictóricas. Esto ocurre porque Ramón era un gran aficionado al arte, por supuesto, pero también parece como si hubiera preferido, por comodidad, observar y estudiar las grandes obras de la pintura desde las paredes, convirtiendo su despacho en un enorme museo. Ramón perjeñó textos sobre muchos artistas y biografió –a su modo y manera- a algunos muy importantes, como Goya. No es extraño pues que ocupe un lugar destacado este impresionante autorretrato de Goya.
Su retrato es el de un españolazo que enfrenta con iluminada espiritualidad el fenómeno fisonómico de su época y su rostro se destaca con encaramiento enérgico, expresivo y profundo. Sus autorretratos nos servirán para comprender la personalidad humana de este hombre lleno de carácter en medio de las carátulas muy humanas que le rodeaban. (…)
…antes de parecerse definitivamente a Beethoven va a vivir una época casera y desmelenada en la que va a tener asueto para hacerse desde 1815 varios retratos con el cuello de la camisa entreabierto, ladeado lánguidamente sobre el abismo de su genio. (…)
Nadie como un pintor tan duradero y que ha pintado tan hondos retratos para saber cómo se deshacen los rostros; cómo la maceración de la vida corrige los parecidos y cuán desgarradora es la mirada de naúfrago de los modelos envejecidos.(Goya, 1928)



Muchísimas obras del pintor de Fuentetodos aparecerán en las paredes de Ramón, pero aquí el autorretrato de Goya está arropado por varias estampas de los Caprichos (obsérvese que el satírico asno de la estampa de Goya está secundado en la pared por la fotografía de un hermoso burro):
Después de haber ojeado mucho el libro feretral de los aguafuertes, y después de haber leido incesantemente las posdatas que Goya añadió a sus plumisferios, estoy convencido de que Goya fue el precursor del humorismo intencionado y suicida, que creó ideal literatura del momento. (…)
La lección de las aguafuertes de Goya es profunda y nunca pasará la frescura, la protesta y el sarcasmo de estas pruebas que ya se repiten sobre planchas de planchas de planchas de la plancha original. ¿Qué hay en estos dibujos que no pudieron alcanzar los millones de dibujos triviales de que se ha llenado el mundo?
Hay un contraste misterioso que está más allá, más al fondo, en la ráfaga de negrura que cruza la estampa, en la sonrisa, en la espectadora lejana, en la candidez de unas manos, en el flequillo de encaje de la mantilla, en el seno abolsado del traje, en los perritos que juegan como si quisieran retozar los amantes, en la falta de ortografía de la leyenda escrita de su puño y letra.
Goya pilló el aspaviento de la ingravidez de la vida sobre la gravidez del drama, el escape de la burla, la ignonimia del hecho consumado, el fatal cuadro de la prisa que tiene la efímera vida de consumar los acercamientos.(Goya, 1928)

Esta me parece una de las imágenes más curiosas del torreón. Parece una fotografía de estudio, que probablemente formó parte de una amplia colección de imágenes médicas o sobre salud, y que Ramón debió de recortar de alguna revista. He creído identificar al autor en un tal R.P. Kingston, y la fecha de 1945 es tan solo aproximada. Es interesante ante todo porque documenta algo que, al menos en principio, no es visible, y porque el escritor prestó bastante atención a los estornudos en sus greguerías.
Estornudo: borrón del aire.
El estornudo es la interjección del silencio.
El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos.
La fotografía me ha gustado tanto que he localizado otras imágenes similares en la red, aunque no estuvieran en el despacho de Ramón.



El pan o mejor la muerte que la deshonra, Salvador Dalí, 1945
Dalí fue otro de los pintores a los que Ramón dedicó una monografía. Así pues, por admiración personal, o porque lo consideró útil para su trabajo, Ramón cubrió su despacho con montones de imágenes de cuadros de este pintor. Reseño este lienzo porque se trata de una obra austera y emocionante, donde Dalí se parece querer aproximarse al bodegón barroco, que tanto desarrollo tiene en la escuela española. La imagen transmite una atmósfera de espiritualidad bastante inusual en la obra del ampurdanés

El dinero huele a vagabundo, afirmó Ramón en una de sus greguerías. Su relación con el dinero fue, digamos, irregular, o más bien, insuficiente. Como otros muchos escritores y figuras de la cultura, Ramón pasó fatigas. Bien es cierto que nunca le faltó nada esencial, que recibió herencia, que viajó, que compró caprichos, que en algún momento atesoró varias propiedades, y que mantuvo como buenamente pudo su status de figura literaria en una atmósfera de continuos encuentros, homenajes y celebraciones, pero Ramón era muy consciente del origen de todo aquello: el dinero que sin regularidad cobraba por cada uno de los libros, conferencias y artículos que escribía en sus largas noches de trabajo, siempre hasta el alba. Por ello, si tenemos en cuenta la proyección que alcanzó como escritor, sus ganancias no fueron tantas, y lo que es más, sus ingresos fueron menguando considerablemente desde finales de los años treinta y sin parar hasta su muerte en 1963, lo que le imponía un duro horario de trabajo que cumplía a rajatabla encerrado en su despacho.
Demasiada gloria y poco dinero, esa es la suerte del escritor no intrigante y no sectario cuando llegua su vejez.
(Nuevas páginas de mi vida, 1957) Capt. XVII
No hay más que leer sus textos finales para comprender que los últimos años de Ramón fueron amargos. La enfermedad y la estrechez económica le cercan, pero incluso en esto el escritor demuestra su naturaleza de poeta: la contabilidad de Ramón fue en verdad una contabilidad de imágenes y de metáforas.
El único capital del escritor: su cuenta corriente, su papel moneda; lo único que la naturaleza fabrica con exuberancia, largueza e indominio, son las nubes.
(Nuevas páginas de mi vida, 1957) Capítulo XXXI
Además, elabora una contabilidad de objetos de regalo (un cisne lunar, una cartera con billetes muertos, un fuelle para senos caídos), o de sombrillas (sombrillas de encaje para ver el cielo por entre la bruma, sombrillas con golondrinas atadas), así como un…
Balance sucinto de final de año que representan unidades de sinsabor (1954):
Por no importarme tener trajes, ni una gabardina, ni calzado, ni ropa blanca, ni una media docena de corbatas… 100.000.
Por no haber podido comprar aún el candelabro con que quiero poner farol central a una de estas noches… 1.432.
Por no saber si tendré el año que viene alguna de las entradas de este año… Incalculables sinsabores.(Nuevas páginas de mi vida, 1957) Captítulo II










































pablo dijo
Veo imposible imaginar una serie de artículos más interesantes.
Ya me sorprendió el post introductorio del aleph.
No me perderé ni un solo inventario.
Son geniales las fotos del estornudo.
Ya estoy esperando ansioso a que alguien estornude al lado mío y poder soltarle una greguería.
Enhorabuena.
7 Enero 2008 | 08:32 PM