Un perro llamado dolor

La carrera discográfica de Luis Eduardo Aute ha eclipsado su actividad como pintor, dibujante y cineasta. El audiovisual había tentado en varias ocasiones al cantante por la vía del cortometraje (Minutos después, Chapuza nº 1, A flor de piel), pero Un Perro Llamado Dolor (2001) ha sido su verdadera entrada en materia.

La excepcionalidad de Un Perro Llamado Dolor reside en primer lugar en que se trata de una cinta de animación, pero cuya responsabilidad recae casi en exclusividad sobre Luis Eduardo. Se usó software de animación, pero únicamente para dar vida a los más de 4000 dibujos a mano que el artista había elaborado a lo largo de cinco años, de los cuales los dos últimos los empleó con dedicación completa al largometraje.

La cinta se compone de varios episodios, cada uno de ellos centrado en un artista diferente: Goya, Julio Romero de Torres, Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Sorolla, Frida Khalo, y Velázquez. El punto de partida de estas piezas es mostrar la relación de cada uno de estos artistas con su modelo, pero esto es únicamente la excusa para tejer unas imágenes cargadas de poesía que reflexionan de un modo poco habitual sobre el Arte, con mayúsculas.

Vemos a un Goya acosado por los fantasmas de la muerte y del absolutismo que se refugia entre las piernas de su aristocrática modelo; vemos la sonrisa irónica de Duchamp mostrándonos el artificio erótico e inquietante de su Etant Donnés, ombligo del arte del siglo XX; vemos a Romero de Torres en la ribera del Guadalquivir, atónito ante la traición de un strip-tease cubista; vemos a Sorolla junto al mar, en lidia contra una cámara de cine en su deseo de captar la luz; vemos a un joven Dalí en Cadaqués, inmerso en un triángulo de amores y traiciones… Los escenarios y los actos de los personajes discurren en un dificil equilibrio entre el dato histórico y lo puramente ficticio, y se encuentran sujetos únicamente al sueño y a una mecánica enteramente poética.

Un Perro Llamado Dolor está tejido formando una compleja red de elementos. El episodio sobre Rrose Sélavy da lugar al improbable encuentro de Man Ray, Picasso, Woody Allen o Charles Chaplin; la pieza sobre Frida Khalo (que es la que da título a la película) propone una trágica encrucijada en la que concurren Diego Rivera, León Trotsky, Stalin y hasta Sergei Eisenstein. La cinta está plagada de alusiones a aspectos biográficos de los artistas, o a detalles concretos de sus obras que al espectador bien dispuesto complace enormemente identificar. Alusiones que se entrelazan en un juego desprovisto de reglas, de un modo muy similar a esos juegos de palabras que Aute enhebra en algunos de sus libros, neologismos y tirabuzones verbales –muy similares a aquellos otros de Marcel Duchamp- se desenvuelven hasta el límite de las posibilidades sémicas, por arriba y por debajo, en todas direcciones.



Un auténtico divertimento, eso es Un Perro Llamado Dolor, pero con todo lo que el término divertimento pueda esconder de leve y sigilosa puñalada. Porque en Un Perro Llamado Dolor se juega con cosas muy serias, con cosas con las que es preciso jugar: el deseo, la muerte, y el arte.






































arati dijo
Me ha sorprendido, RR. Los dibujos que nos muestra de Aute son hermosos.
Decirle que, de entrada, me han recordado a William Kentridge (y no sé si se podría encontrar mejor referente para una animación de este tipo).
Tal vez si consiguiera ver la película mejoraria la opinión que hasta ahora he tenido de Aute como pintor... que lamentablemente no era tan buena como la que tengo de él como músico.
Ánimos y no se deje apabullar por las gripes y los achuchones invernales.
4 Marzo 2008 | 01:23 PM