Sugimoto: el alma y el lugar del cine

One night I had an idea while I was at the movies: to photograph the film itself. I tried to imagine photographing an entire feature film with my camera. I could already picture the projection screen making itself visible as a white rectangle. In my imagination, this would appear as a glowing, white rectangle; it would come forward from the projection surface and illuminate the entire theater. This idea struck me as being very interesting, mysterious, and even religious.
(Una noche tuve una idea mientras estaba en el cine: fotografiar la película en sí misma. Intenté imaginar cómo sería fotografiar una película completa con mi cámara. Podía imaginar la pantalla haciéndose visible como un rectángulo blanco. En mi imaginación, ésta aparecería como un rectángulo blanco y brillante; Avanzaría desde la superficie de la pantalla e iluminaría toda la sala. La idea me pareció muy interesante, misteriosa, e incluso religiosa)
Hiroshi Sugimoto
Estas líneas son el germen de Theaters, una serie fotográfica que Hiroshi Sugimoto (Tokyo, 1948) ha venido realizando desde la década de los 70 y durante casi 20 años. Como ven, la idea es relativamente sencilla. Técnicamente requiere un negativo poco sensible y una larga exposición. Ahora bien, el efecto de estas obras es impresionante, porque están preñadas de belleza y de lecturas.

En la actualidad asistimos a un largo y agónico declive de las salas de cine al estilo tradicional. Proliferan los multicines ultramodernos, y ya apenas retenemos en la memoria el aspecto de aquellas grandes salas dotadas de un espacio escénico en las que el cine alternaba con el teatro. La extraña quietud y desolación de estas salas fotografíadas por Sugimoto nos hablan de la magia de las proyecciones cinematográficas, y retienen una cierta mística de todo lo que el cine representa como arte y como evasión visual. Pero hay más.

En primer lugar la serie de Sugimoto da forma a una paradoja formal: si el fenómeno cinematógráfico (apoyado en el así llamado fenómeno de persistencia retiniana) consiste en la rapidísima sucesión de innumerables instantes fotográficos, Sugimoto se ha empleado en recondensar el discurso cinematográfico en una sola imagen. Esto se convierte casi en un proceso alquímico de destilación estética, y el resultado salta a la vista: anulando el movimiento y distorsionando el tiempo, Sugimoto ha obtenido el alma del cine: la luz, principio inalterable tanto de la fotografía como del cine.

En segundo lugar, hay que hacer notar la inversión perceptual que estas fotografías ofrecen. Las salas de cine son, por regla general, lugares anodinos, pensados en su diseño para desaparecer durante la proyección. Sugimoto ha invertido este aserto. La larguísima exposición fotográfica ha quemado el contenido icónico de la película, dando como resultado un vacío blanco y brillante, cuyo resplandor ilumina cenitalmente la sala, sus paredes, el techo, la embocadura escénica, y revela aspectos espaciales u ornamentales que no siempre advertimos.

En efecto, el fotógrafo ha escogido con gran precisión sus “teatros”. Todos ellos destacan por su
arquitectura, porque hubo un tiempo en que el mundo giraba en torno al cine, y el cine celebraba su liturgia de luz en un espacio arquitéctónico propio del siglo XX: la sala de cine. En su estudio sobre La arquitectura en el cine (Alianza, 1986), Juan Antonio Ramírez dedica un breve e interesantísimo apartado a esta tipología, heredera funcional de los teatros del siglo XIX, y por ello ilustrativo de estilos historicistas, decó, o a veces vocacionalmente vanguardistas (también la Bauhaus investigó la sala de cine como tipología y como nexo de unión de las artes). En el capítulo del que os hablo aparece una vieja fotografía del Ohio Theatre, un edificio levantado en 1928 por el arquitecto Thomas W. Lamb, y cuya sala fue fotografíada bajo una nueva mirada en 1980 por Sugimoto. Este edificio, lujurioso ejemplo del pastiche neobarroco holywoodiense, aún sigue en pie.

No conozco a ningún otro artista que, como Sugimoto, haya logrado conjugar en una sola expresión, y de un modo tan brillante, la fotografía, el cine, y la arquitectura.

Página web de Hiroshi Sugimoto
Exposición virtual del Hirshhorn Museum

































Mila dijo
Preciosas fotografías y buen análisis. Te recomiendo la fotografía de Candida Höfer y Raúl Belinchón (serie Patio de Butacas).
Un saludo y de nuevo felicitarte por tu blog
19 Abril 2008 | 11:38 PM