Del amor al mito
Los tiempos cambian, las mentalidades cambian, las personas cambian. Es cierto, todo cambia. Pero no es un defecto, es probablemente un fenómeno de adaptación al medio en el que a cada uno le toca vivir.
En esta dinámica de cambio podemos ver cómo se ha transformado la forma de vivir y pensar de la gente en períodos de tiempo cada vez más cortos. Y entre estos vaivenes de la vida, uno de los aspectos que más llaman la atención, por el increíble proceso de metamorfosis que ha sufrido, es el amor.

“No, qué dices, estoy más harta de este viejo…no me deja en paz ni un segundo. Siempre se pone a ‘cotillear’ lo que hago y todas las veces tenemos que hacer lo que él quiera.”
Muchas veces querer a alguien se demuestra en los pequeños detalles. Hablando con este matrimonio hubo un comentario de Ana que me fascinó sobremanera.
“Cuando un día se puso malito del estómago le compré una ‘pera’ para poderle limpiar bien el intestino desde el recto”.
Al tiempo que lo decía, acariciaba la cara de Luís, con una profunda mirada cargada de afecto.
Pensé que había que querer realmente a alguien para hacer una labor así, tan dedicadamente y con la única intención de cuidar al otro, de evitarle un dolor, un sufrimiento innecesario. ¿Cuántas parejas actuales están tan unidas como para hacer algo así?
También es verdad que llevan muchos años juntos y que eso se tiene que notar. Pero también es cierto que muchas personas actualmente no tienen el tiempo suficiente como para hacer que su relación funcione como lo hacían las de antes.
No niego que existan algunos casos, pero parece que ahora prima más lo superficial, las relaciones con cierto cariz de independencia que las impiden llegar a consumar esa intimidad que Ana y Luís han conseguido.
¿Se ha perdido esa emoción? ¿Acaso el cambio acaecido sobre nuestras formas de vida ha hecho mella en lo que el “amor” significa?
Cuando vas por la calle, por el metro, por cualquier lugar, ves a parejas, acarameladas, juntas, besándose. Algunas lo hacen de forma desinhibida, sin que importe nada ni nadie más.

Sin embargo a veces te preguntas si realmente se quieren o sólo están escudándose bajo el “mito del amor” para esconder lo que no es más que una mera transacción. Y digo transacción porque muchos entienden hoy por “amor” un intercambio de experiencias, llámense sexuales, llámense X.
Algunas personas con las que he hablado me confiesan que están saliendo con alguien porque no quieren estar solos, porque
“sino sales con alguien ¿qué vas a hacer?”
Respeto sus opiniones pero no puedo evitar sentir cierta lástima por ellos. ¡La de cosas que se pueden hacer!
El amor parece haber cambiado mucho en un breve espacio de tiempo, aunque me inclino más a pensar que siempre ha cambiado, que siempre se ha adaptado a cada contexto, a cada realidad.
Sin embargo ahora, que se ha dado una “liberación de la mujer” o la existencia de una cultura en la que el sexo es algo natural, algo que ha pasado de ser tema tabú, parece haber incidido en la percepción del hecho en sí.
Es decir, que ahora la gente es mucho más abierta y (aparentemente) menos juiciosa si se mantienen relaciones sexuales en una primera cita, lo que descarta automáticamente aquel concepto de romanticismo o de galanteo que existía antes. Sí, hace unos años los hombres también podían fingir, pero al menos existía una cierta sensación de romance. No digo que fuera buena o mala, simplemente existía.
Ahora el amor es difuso, se puede estar con alguien sin necesidad de sentir más que deseo y luego pasar a buscar a otra persona para ver si te llena o te aporta algo más que eso. Es más una cuestión de practicidad que de amor, es más acorde con el ritmo actual de nuestras vidas: rápido, práctico y efímero. No es mejor ni peor, es distinto.
Sin embargo, las relaciones de auténtico amor, de dedicación, de aguantar lo bueno pero también lo malo, de ceder en algunos casos y de dejarse convencer en otros…todo eso, ¿existirá aún?
Mi parte sentimental me quiere convencer de que sí, mi parte racional es más escéptica. En cualquier caso, matrimonios como el de Ana y Luís son verdaderas joyas, que gusta observar y de las que valdría la pena sacar algunas lecciones.

naufrago dijo
Encontrar tu blog ha sido toda una sopresa. Muy buen post.
:)
31 Octubre 2007 | 11:55