Hombres que lloran. Soldados!!!
Tema difícil de abordar, se supone que los hombres no lloran, y además como el enfoque de mis blogeos es con un fuerte componente castrense y todos pensamos que los soldados son hombres duros, la materia en ahora quiero entrar es difícil de abordar, por que la verdad es que los hombres si lloran y mucho. Y para más remate los soldados son de los más llorones que he conocido.
En esta oportunidad me es imprescindible que me ayuden con sus comentarios no quisiera que se malinterpreten mis palabras, por que hablo de llanto no de miedos o cobardía.
Me encontraba cursando el 2 año en la Escuela Militar, cuando me correspondió participar de una entretenida y provechosa tarde de cine, reunidos en un improvisado biógrafo en los espacios que correspondían al patio techado a la entrada de los comedores del Alcázar de las 100 Águilas, se proyectaba la vida del músico Johan Strauss (Hijo (1825 - 1899), muy importante para nosotros ya que nuestra Marcha de Parada era Radetzki. Claro que esa marcha no la compuso Johan Strauss Hijo sino que Johan Strauss Padre, lo aprendí de la misma película.
Es en el momento en que Strauss (Hijo), realiza su primer gran concierto público, cuando señala que en honor a su padre tocará la marcha Radetzki, -hay que saber que el compositor Johan padre no quería por ningún motivo que su hijo fuese músico y se encontraba de incógnito viendo a su hijo - y al romper los violines con la introducción de la Gran Marcha al Mariscal de Campo Jan Josef conde Radetzki de Rade (insigne jefe militar nació en 1766 en el seno de una familia de la vieja aristocracia checa, Radetzki es una figura militar legendaria: prestó servicio a cinco emperadores austriacos: José II, Leopoldo II, Francisco I, Fernando el Bueno y Francisco José I. Tomó parte en 17 campañas de gran envergadura y siete veces fue herido.) con gran sorpresa me pude percatar que los músicos de la Banda Instrumental de la Escuela Militar, en su gran mayoría, tenían los ojos llenos de lagrimas.
¿Qué esta pasando?, ¿viejos sub.-oficiales, hombres de tropa, con muchos años de servicio al cuerpo llorando como magdalenas? –fueron mis primeras preguntas frente a esta sorpresa, soldados llorando por una canción, luego se lo comenté a un compañero, conversamos un par de veces sobre el tema, la conclusión a mis 17 años fue que llevaban tanto tiempo, interpretando Radetzki, que el sentirla a orquesta completa y verla en la gran pantalla del cine les provoco una fuerte emoción.
Pero la clave de todo es que asumí que los soldados al emocionarse lloraron, esto me quedo dando vueltas en el subconsciente, es por ello lo recuerdo hoy, los soldados tiene sentimientos que parecen propios de los débiles y no solo se emocionan como todos los seres humanos, sino que lo expresan llenando de lagrimas sus ojos.
Siendo apenas un cadete de 2º año, tenía cosas más importantes en que pensar, la prueba de matemáticas, el test de couper y el carrete de fin de semana, la experiencia pasó y quedo almacenada para más adelante.
Pasaron algunos años y en una reunión de casino con oficiales de reserva viví otra experiencia relativa al llanto y los hombres de armas, esta vez tomé la cosa con mas madurez, el ver un hombre adulto emocionarse frente a un discurso, unos abrazo y un par de brindis, la vida me señalo, nuevamente que algo hay en los duros hombres de armas que los convierte en seres sensibles, capaces de expresar sus sentimientos mas profundos mostrándolos en un par de lagrimas. Mas adelante fue Jean Larteguy quien por intermedio de su trilogía Los Centuriones, Los Pretorianos y Los Mercenarios quien me introdujo de lleno en el tema de la psiquis del combatiente, como se construye y destruye la escala de valores de los hombres enfrentados a conflictos armados, las motivaciones ocultas y las formas visibles de la personalidad del combatiente, después de leer aquellos libros comencé a fijarme un poco mas en el ser humano que hay dentro de cada uniforma, hoy después de casi 20 años me encuentro leyendo nuevamente a mi amigo Larteguy, y nuevamente me impacta al punto de sentir la tremenda necesidad de conversar, por este blog el por que las lagrimas en los rostros pintados de los soldados.
Es que con el correr del tiempo, me ha ocurrido que frente a un grupo de muchachotes cantando el himno nacional he sentido como se me empaña la vista y sendas lágrimas tibias rodar por mis mejillas. No me siento menos hombre por ello, por que se que es mi lado humano mas intimo el que aflora en ese momento.
Mucho me gustaría recibir sus aportes al respecto, de repente me trato de imaginar a un Ignacio Carrera Pinto o un Luis Cruz Martínez llorando y no me resulta cómodo, pero tengo el profundo convencimiento que compartimos los mismos valores.
Ahora y entrando a un punto más difícil de tratar, aquellos que equivocaron su camino y torturaron y asesinaron, en la otra cara de la moneda, ¿también lloraran?
Bueno espero seguir mas adelante con el tema, pero no solo requiero de un dialogo, necesito sus opiniones.





H dijo
Comprendo lo que dices. No soy militar, pero habría encantado serlo; me gusta investigar la historia militar de Chile y bueno... en algunas ocaciones (especialmente en fechas importantes para el país), me he encontrado con la combinación perfecta para las lágrimas: conmemoración de acontecimientos heróicos de nuestras fuerzas armadas, lectura sobre aquellos hechos de valor y sacrificio... y para colomo escuchando alguna marcha militar... la combinación perfecta que hace recordar la sangre derramada por la tierra, al amigo que debe dejarse atrás, la familia que no se volverá a ver, etc...
29 Agosto 2006 | 05:53 PM