Con danzas y ruegos, los indígenas ava guaraní CLAMAN EL FIN DE LOS ATROPELLOS
Los ava guaraní, son los indígenas más contactados por la cultura occidental y hasta los más parecidos a los paraguayos. Se expresan en un “guarañol” (guaraní-español) entendible, que al contacto casual hasta parecerían que son campesinos.
En los grupos y en las conversaciones con los mismos, uno descubre que son indígenas porque no dudan en hablar de sus culturas, de sus antepasados o de sus orígenes.
“Antes, todo este territorio era nuestro. Vivíamos con nuestros abuelos, recorriendo los montes del Alto Paraná”, nos decía Julio Martínez, dirigiendo de un lado a otro su brazo derecho, como queriendo dibujar en el horizonte lo que fue su hábitat.
Esta es la primera impresión que recibe el curioso de sus culturas. Adentrándose más en la conversación, ya se conocen sus creencias religiosas y también sus penurias.
El mayor dolor, se exterioriza cuando el nativo relata la invasión del intruso a su territorio, tal como están haciendo los campesinos en el “tekoha” ava guaraní de Itakyry, ubicado a 550 kilómetros al este de Asunción.
“Cada día estamos siendo atropellados por los campesinos, que venden nuestros rollos a seccionaleros. Y cuando queremos protestar, nos amenazan con sus armas”, decía Martínez, antes de una manifestación en San Alberto.
Los nativos aún no han reaccionado con la violencia. Han optado primero en recurrir a sus “oporaivas”. Ellos creen que sus dioses escucharán sus reclamos. Y danzan al son de sus cánticos y sonajeros de hy’a. Sus cadenciosas melodías, dicen que llegan directamente al creador del mundo, y aseguran que este iluminará a las autoridades para que nadie más les atropelle en su territorio.
Estos ava guaraní del Alto Paraná no molestan a nadie; solo quieren que sus tierras sean protegidas por las leyes paraguayas, y que nadie más invente títulos para aprovecharse de su “ignorancia” y decir que dentro de su hábitat o al costado hay excedentes, y se alientan invasiones al solo efecto de destruir su alma y su vida: su “tekoha”.
RESPUESTA RISIBLE
La semana pasada, los nativos recibieron una risible respuesta. Acudieron a una fiscalía para exigir el desalojo de campesinos, y les dijeron que la policía no actúa porque no hay efectivos para hacer cumplir su orden.
Y mientras sigue la dilación, los pocos rollos que aún quedan en la zona, van a parar en los aserraderos de los seccionaleros.
Atropellar el territorio indígena es fácil y hasta se realiza con total impunidad, como el caso Itakyry, donde los nativos han exhibido todos los documentos de posesión, pero sigue la incursión campesina.
La Policía Nacional, dice que esta semana desalojará a los invasores. Si ocurre será, “la respuesta de sus dioses” porque ellos creen que todos los bienes proceden de ellos.

Si se posterga el procedimiento, la comunidad seguirá danzando al son de sus misteriosos sonidos, con los sonajeros de hy’a, golpeando con la tacuara el suelo, y dirigiendo sus ruegos hacia el cielo, que solo se apagarán cuando el ava guaraní muera y retorne a su “yvága” (paraíso).





























