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Test_Diario

La prueba es que estoy aquí. Del dicho apasionado hacia el Horizonte esperanzado. Al final del estrecho, la recompensa. ¡Bienvenid@ al Nuevo espejo habitual!.

29 Agosto 2005

CON NOCTURNIDAD

........(Continúa)- CAPITULO CUARTO.

“La última noche que pasamos juntos se acostó vestido. Se metió en la cama tal y como estaba cuando preparó la cena: con su chándal y una camiseta negra encima. Joan preparó unas patatas con huevo, cebolla y pimiento, que me dijo era no sé qué plato típico andaluz.. Yo me encargué de la ensalada.
Al terminar, en la salita del piso, vimos en su ordenador “Melinda y Melinda”. Yo disfruté mucho de la película. Me confieso una gran admiradora de Woody Allen.
Me acosté antes que Joan. Él se entretuvo en el baño.
Cuando vino al dormitorio y se tumbó en la cama, se colocó en su lado, dándome la espalda
-¿Te acuestas vestido?- Le pregunté extrañada.
-Sí.- Fue lo único que me contestó.

Dejé pasar unos minutos, expectante. ¿Se levantaría y se quitaría el chándal y la camiseta con olor a cebolla frita?¿Se quedaría así?¿No se quedaría?¿Se desvestiría y volvería a la cama desnudo?¿No se desnudaría y volvería al baño?¿Iría al baño desnudo?¿Me traería el baño desnudo a mi lado de la cama? Yo ya no sabía ni qué pensar ni qué hacer, si reír o llorar. Él, mientras tanto, permanecía quieto a su lado de la cama.

-¿No me das un beso de buenas noches?- Musité tímidamente.
-¡No! ¡Quiero estar tranquilo!- Contestó secamente.
-Sólo un besito de buenas noches, Joan. No te pido una noche de sexo salvaje, sólo un par de besitos de buenas noches..., anda..-Pedí.
-¡Déjame!, quiero descansar.- Su tono sonaba cada vez más duro.
-¡Vaya plan! Somos un hombre y una mujer, somos pareja, estamos acostados en la misma cama, tú estás vestido aquí metido, te pido un inocente beso de buenas noches y ¿esto es lo que me dices?.- Me quejé.
-¿Sabes que te digo? Que me dejes en paz, me voy a escribir.- Dicho y hecho, se levantó de la cama, y se fue.

Yo no sabía qué decisión tomar después de aquella escena. Era la una y cuarto de la madrugada. Opté por vestirme y marcharme en plena noche. Me puse mis tejanos, mi jersey azul y los zapatos. Recogí mi neceser en una bolsa y fui a la salita a despedirme.

-Eva, si sales de esta casa, no vuelvas a poner el pie aquí.- Dijo amenazadoramente.
Pensé en preguntarle qué me haría si lo intentaba. Pero francamente, me atemorizaron la situación, su comentario y su tono. Así que contesté:
-Tengo mi llave, Joan y todo el derecho del mundo a regresar.
-¡Eso es lo que lamento!. Que hayas estado todos estos días entrando y saliendo cuando te ha dado la gana.- Continuó diciendo en el mismo tono, sin quitar la vista de la pantalla de su ordenador.
Yo no sabía si replicarle de alguna manera, si callarme... Noté que el corazón me empezaba a palpitar con rapidez, que sentía miedo, mucho miedo.
-¡Eres una egoísta!- Bramó.
Saqué fuerzas no sé muy bien de dónde y le dije:
-Ya me contarás en qué soy egoísta. Te he apoyado absolutamente en todo, te he comprendido, te he ayudado, cuando he venido sabes que quedábamos a una hora, has conocido a mi familia que te han acogido en casa desde el primer momento, incluso, te he ayudado económicamente para que tú pudieras estar en este piso. Te ayudé con el dinero que había que dar al firmar el contrato, y tú sabes bien que ese dinero salió de mis ahorros, que yo ahora no trabajo. Explícame en qué soy egoísta. Y que te quede bien claro, que no voy a permitir que me insultes, Joan.
-Eso no es un insulto, Eva.- Intentó defenderse.
-¿Ah no? ¿Entonces qué tengo que escuchar que tú consideres un insulto?¿Dónde está tu umbral de insultos? ¿Dónde está tu límite, el que dice: esto sí es un insulto o esto no lo es? ¡Cuidadito Joan, con lo que dices, porque no voy a permitir que me agredas más verbalmente! Ya ha sido suficiente con lo que he escuchado por hoy.
Decidí volver a la habitación e intentar calmarme de la ansiedad que me había despertado la situación. Pensé qué podría hacer. No me atrevía a marcharme a esas horas en mi estado de inquietud. Me desvestí y me volví a acostar. Me temblaba todo el cuerpo, notaba cierta presión en el pecho, tenía la respiración agitada y temor, tanto temor, que al recordarlo ahora mismo, se me acelera el corazón.
Al cabo de un rato, regresó a la cama, se acostó y me besó la frente. Yo no pude sino echarme a llorar. ¿A qué venía aquel beso después de lo que había hecho y dicho aquel hombre? Me fui a la cocina para desahogarme en soledad. Sentía como si me hubiera pegado y después me dijera con ese beso que me quería. ¡Me parecía tan contradictorio!
Cuando calmé mi llanto regresé a la cama. Me vino a la mente el título de la película “Durmiendo con su enemigo”. Empecé a hacer ejercicios de respiración para relajarme. Cuando él me escuchó, dijo:
-¿Sabes Eva? Me das lástima.”

..........

Este relato fue mi contestación a la pregunta de la madre de Joan.

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Sobre mí

¡QUIERO SER FELIZ! Para mejorar cuando me rodea, empiezo por mí misma. Me observo detenidamente para conocerme. Encuentro rincones que no me safisfacen. Otros sin embargo, me fascinan. Unos y otros los descubro sin miedo. Son la llave hacia mi felicidad. Las herramientas con las que construyo mi universo; poco a poco, pero firmemente. Opino que para encontrase bien conviene sincerarse con un@ mism@, reconocer quizá, que se está sinceramente en el error. Para encontrarse bien, conviene comprenderse y respetarse. Lo que no haga un@ consigo mism@, dífícilmente lo hará con l@s demás. ¡Saludos cordiales, nuev@ amig@!. GRACIAS POR TU VISITA.

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