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The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

Categoría: Música

18 Marzo 2008

Música: Music of the Spheres, de Mike Oldfield.

Al fin, tras múltiples retrasos, hoy he comprado y escuchado el último trabajo de Mike Oldfield. El veredicto... ni frío ni calor.

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Vamos por partes. Para mí es evidente que supone una mejora respecto a sus tres últimos discos, de los que poca cosa me parecía rescatable. Contar con una orquesta tenía que suponer necesariamente un cambio en el resultado final, pero, que nadie se llame a engaño, esto no es la incursión de Oldfield en la música sinfónica, por mucho que así nos lo hayan vendido: Music of the Spheres es una banda sonora épica al estilo de las que pueden encontrarse en muchas películas de Hollywood. Hergest Ridge o Incantations están más cercanas en intención a una sinfonía de lo que está MOTS.

Qué duda cabe de que el disco es agradable, “bonito”. Ningún tema chirría, el sonido es fabuloso... Y sin embargo, también es un disco tramposo, que tira de todos los recursos fáciles para emocionar que pueden encontrarse en las bandas sonoras en las que se inspira (de manera más o menos directa), y que cualquier compositor conoce bien. Se aprecia perfectamente cómo se construyen los clímax, qué mecanismos usan Oldfield y Karl Jenkins para llegar al oyente: ahora metemos timbales, ahora la sección de viento metal, si queremos conmover metemos un piano lentito... Todo muy de manual. En su época dorada Oldfield hacía justo lo contrario: tiraba siempre por el camino difícil, no caía en lo obvio y no le importaba no calar a la primera. MOTS entra de forma mucho más rápida que Amarok (por poner un ejemplo), pero de la misma manera, saldrá antes, porque la complejidad e intención de ambos discos es totalmente distinta, y tras varias escuchas, esas emociones que provoca desaparecerán y no habrá detrás nada sólido que invite a revisitarlo (hablo de mi caso personal, naturalmente).

De esta forma, escuchar MOTS es una experiencia que sorprende muy pocas veces. Tiene demasiados lugares comunes, tanto de su propia obra (me temo que estoy de acuerdo con los que consideran excesiva la enésima referencia al inicio de Tubular Bells, pero es que además Musica Universalis recuerda poderosamente a The Bell) como de otras bandas sonoras (las de Danny Elfman, por ejemplo). El disco se va escuchando sin sobresaltos, con partes más inspiradas y otras más normalitas, algunas pasándose de cursis, pero siempre dentro de los cauces esperados, sin salirse del guión establecido. De todos los temas el que más me ha gustado es The Tempest, donde, a pesar del sobado guiño tubular, veo cierta creatividad, algo diferente.

La voz de Hayley Westenra ciertamente es muy buena, a pesar de que On My Heart como tema no me parezca nada del otro mundo, ella solita lo levanta perfectamente. Lang Lang por su parte está muy bien, pero no entiendo (salvo como maniobra de marketing) que se cuente con un pianista de su calibre para hacer lo que hace: es como llamar al doctor House para curar un catarro.

Por otra parte, me ha sorprendido, y lamento mucho, que la guitarra de Oldfield apenas se escuche en el disco. Por los comentarios que había leído me imaginaba que no tendría una gran presencia, pero no esperaba que fuera tan poca. Para mí es muy triste, sabiendo como sabemos lo que era capaz de hacer Oldfield tan sólo con una guitarra clásica o acústica, a pelo, comprobar que se ha abandonado tanto como guitarrista que apenas esboza cuatro melodías en todo el disco, brevísimas. En Aurora hay una muy maja, pero en la que no ahonda, como habría hecho hace años, retorciéndola, matizándola, enriqueciéndola. No quiere o no puede, en realidad es lo mismo.

La conclusión a la que llego es que, aunque es un disco digno (que no es poco estando como estaba el patio), MOTS no supone la vuelta del mejor Oldfield (que, asumásmolo, no va a volver). Es su incursión en un género en el que hay maestros con los que sale muy mal parado en una comparación, y quizás es éste el problema: Mike Oldfield lleva demasiado tiempo sin hacer lo que hace mejor (su propia música, inclasificable, ecléctica, única) e intentando hacer un disco de música celta, otro de tecno, otro de chill out... ahora le ha tocado el turno a las bandas sonoras orquestales.

Al menos, Music of the Spheres le ha devuelto el favor de muchos fans y cierto prestigio en el mundo musical que se había perdido. Ha vuelto a estar en los medios y se ha vuelto a involucrar, aunque haya sido a regañadientes, en la promoción. De cara al futuro, dudo mucho que veamos gira o disco nuevo en muchos años. Asumo que está prejubilado y lo que menos le importa ahora mismo es la música. Está en su derecho, naturalmente, pero uno ve a otros músicos, de su edad o incluso más mayores, sacando buenos discos, dando conciertos continuamente, disfrutando de la música... y da pena, de verdad.

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16 Noviembre 2007

Música: DVD de Rarezas de los Héroes del Silencio.

Éste va a ser un post corto, pero tenía que hablar de esto. Ayer vi en una tienda un DVD de los Héroes del Silencio titulado Rarezas. No sabía qué contenía (y la única información que había en la contraportada era la duración), pero dado que era barato (diez euros) y que no tengo mucho material de los Héroes en DVD, decidí comprarlo. Si venían vídeo clips, bien; si venían directos, mejor.

Es la del disco pero da igual, es la misma.

Pues ni una cosa ni otra. El DVD resulta contener un documental de la época en la que salió a la venta el disco de Rarezas (con el grupo ya disuelto), y contiene trozos de diversas entrevistas a los miembros del grupo y escasas imágenes de conciertos, sin sonido en directo.

La estafa consiste en que el documental tiene una calidad de imagen similar a la de un mal ripeo de un VHS (y probablemente lo sea; no está ni dividido en capítulos), y un sonido aún peor, hasta el punto de que a veces es imposible escuchar lo que están diciendo. Eso por no hablar del menú cutre, similar al que puede hacer tu cuñado para el vídeo del bautizo del chiquillo.

El documental en sí tampoco es que tenga mucho interés, si no eres muy completista con el material de los Héroes. Tiene una pinta de amateur que tira de espaldas y en las entrevistas no dicen nada que no sepamos a estas alturas.

Es obvio que EMI ha intentado aprovechar el tirón de la gira de reunión del grupo, que vuelve a estar en boca de todos. Ojo, eso me parece lícito, están en su derecho y además nos da la oportunidad de comprar material que no tenemos. Pero sacar a la venta algo con una calidad tan ínfima como esto, presentado de cualquier manera (la carátula es la misma que la del disco), ocultando el contenido para que piquen cuantos más mejor, es una canallada. Un toma el dinero y corre. Pero luego es Internet la que está matando la música, ya sabéis.

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5 Noviembre 2007

Música: Nuevo blog de Mike Oldfield.

Hoy arranca oficialmente el nuevo mikeoldfieldblog.com, un proyecto de blog colectivo que pretende continuar con el excepcional trabajo que David Llorente ha venido realizando, proyecto en el que colaboraré periódicamente con artículos relacionados con Oldfield y los diversos músicos que han trabajado con él y/o aguantado su mala leche. Quedáis invitados a pasaros por allí.

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23 Octubre 2007

Música: Héroes del Silencio: La gira del próximo milenio.

“Nos vemos en la gira del próximo milenio”, dijo Bunbury en el concierto de despedida de los Héroes del Silencio, hace once años. Y al final lo que pareció una frase bonita para que los fans no perdieran la esperanza más que otra cosa, se ha acabado cumpliendo, en una gira de varios conciertos en América y España. Lo que parecía imposible teniendo en cuenta lo mal que acabó Bunbury con el resto del grupo, se cumplía al fin. Para muchos, que no los vimos nunca en directo, era una oportunidad única. Así que a Sevilla que me tocó irme el sábado, a ver a los Héroes en el penúltimo concierto de esta gira de reunión que ha levantado un revuelo sin precedentes para un grupo español, tanto para conseguir las entradas como en los días de los conciertos en cada ciudad (Sevilla se vio literalmente colapsada: era imposible encontrar alojamiento y no había billetes de tren).

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Uno de los carteles de la gira.

¿Qué tienen los Héroes del Silencio que hace que merezca la pena pegarse una paliza como la que me pegué? Está claro que no son ni Deep Purple ni Led Zeppelin; descontando a Bunbury, ninguno de ellos es un excepcional intérprete. Sin embargo, hay algo en el grupo que hace que tanto tiempo después la gente abarrote un estadio para verlos (70.000 personas, dicen): la pasión, la garra, la capacidad de llegar a un público con el que siempre conectaron a la perfección; y qué demonios, que sus canciones lo tienen todo para marcarte en ciertas etapas de la vida, independientemente de que sean o no grandísimos músicos. Héroes del Silencio fue un grupo que supo ser rebelde sin caer en la política, cargado de ira y de insolencia adolescente, pero también, a veces, de una honda amargura. Y ante todo, la forma en que sus crípticas letras se vinculan a esos recuerdos y se graban a fuego en la memoria, cobrando un significado distinto para cada persona, que es lo más grande de los Héroes del Silencio.

Fue la sinceridad con la que transmitían todo esto cuando se subían a un escenario o grababan un álbum lo que realmente me enganchó de ellos, y precisamente eso es lo que les diferenció de otros grupos españoles contemporáneos y lo que ha hecho que no tengan ningún sucesor en el deplorable mercado actual.

Ayer en Sevilla quedó patente que esa complicidad existe aún, aunque ya no sea, no pueda ser, lo mismo. Se separaron siendo aún prácticamente chavales, y hoy son padres de familia, alguno incluso con una carrera que no tiene que ver con la música. Excepto Bunbury, claro, que será siempre un eterno adolescente. Y es que podrá caer bien o mal, pero no se puede negar su carisma cuando se sube al escenario. No es sólo la voz impresionante que tiene, es la forma en la que masca cada sílaba, de darse completamente, de morir con cada canción. Y la verdad es que me sorprendió, porque pensaba que era el que más papeletas tenía para cumplir el trámite sin más y embolsarse el cheque, sobre todo teniendo en cuenta su trayectoria musical posterior. En estos conciertos está quedando claro hasta qué punto para él es importante un grupo al que le debe todo, lo mucho que aún siente esas canciones y esa época de su vida. Y fue a él, como siempre, al que le tocó establecer esa relación con el público, que desde el primer momento se entregó totalmente, como he visto pocas veces (aunque vaya, tampoco es que haya ido a muchísimos conciertos). El resto del grupo estuvo más estático, y se les ha criticado bastante por eso, pero no entiendo mucho por qué: si uno ve sus conciertos antiguos, verá que siempre ha sido así. Bunbury es el que anima y el que pone la pasión y la rabia, mientras que el resto toca, simplemente.

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Enrique Bunbury en un momento del concierto de Sevilla.

Sin embargo esa simbiosis grupo-público también tiene su parte mala. Yo admito que soy muy raro, y que, acostumbrado como estoy a ir a conciertos de gente como Jethro Tull y Mike Oldfield, en los que la gente chista a los escandalosos para que se pueda escuchar mejor la música, me choca y me molesta que haya gente que vaya al concierto con la intención de dar la nota (animados por previas ingestas de alcohol en cantidades nada despreciables) más que de escuchar al grupo. También es que me coloqué en una zona no muy buena, en el campo, pero muy lejos del escenario, y al lado de cuatro o cinco borrachos que no cantaban: berreaban. De hecho, en muchas de las canciones apenas escuchaba otra cosa que el tío que soltaba gallos a escasos centímetros de mi oreja (y hasta me jodía los solos imitando el sonido de la guitarra con la boca). Luego me moví, y algo más disfruté, pero aún así la música se escuchaba demasiado baja como para imponerse debidamente al alboroto lógico (al margen de mi mala suerte al elegir sitio) que hacen 70.000 personas. No es achacable al grupo, sino al sonido, que no es que fuera malo, es que no tenía potencia. Así que como fiesta, fue un diez absoluto, pero como concierto en sí, como acto de escuchar música con cierta calidad más allá de la emoción de estar escuchando en directo al grupo, me decepcionó un poquillo. Vamos, no me arrepiento, que conste, fue algo muy especial vivir aquello, en algunos momentos muy emocionante. Pero me hubiera gustado escucharlo mejor, porque yo voy a un concierto a eso.

De cualquier forma, el grupo no estuvo mal. Ya he dicho que Bunbury estaba completamente entregado, y en cuanto a su voz, por los temas que pude escuchar mejor estuvo fantástico, y aguantó hasta el final, que no es poco, ya que el concierto rondó las dos horas y media (más de veinte temas). Juan Valdivia se marcó buenos solos y fue el contrapunto perfecto a Bunbury en el escenario: siempre sereno, en su mundo, a veces con un cigarro, pero sin levantar apenas la vista de su guitarra. De la labor de Andreu y Cardiel no puedo opinar mucho dados mis problemas para escuchar la música, y a Gonzalo Valdivia, que fue como segundo guitarra, se le vio muy a gusto y suelto. En conjunto sí observé que tocaron más en la línea de los discos, del estilo de estudio, que de los antiguos directos, donde su sonido se endurecía bastante, si bien es cierto que esto se notó menos en los temas del Avalancha, que en ese sentido es su disco más “heavy”.

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Portada de Avalancha, último disco de estudio de la banda.

El listado de temas estuvo en general acertado. Era evidente que había canciones que iban a tocar sí o sí (Avalancha, Maldito duende, Entre dos tierras...). A mí me faltaron algunas y me sobraron otras, pero supongo que eso le pasó a todo el mundo. Sin embargo, me parece que a un concierto de los Héroes sin Flor de Loto y Parasiempre le falta algo. No esperaba que tocaran mi tema favorito, Espuma de Venus (no lo han tocado jamás, que yo sepa), pero canciones como Hace Tiempo y Sangre Hirviendo sí me parecen mejores y más representativas del grupo que Despertar o No más lágrimas, pero no deja de ser una cuestión subjetiva. Hubo sorpresas agradables para mí, como Tesoro, y sobre todo Bendecida, una de mis favoritas y de las que más disfruté. La Chispa Adecuada fue uno de los mejores momentos del concierto, e incluso hubo un par de sorpresas más, como la aparición estelar de Phil Manzanera, guitarrista y productor de Senderos de Traición y El Espíritu del Vino (al que la gente recibió con cierta frialdad, probablemente porque no sabían quién era), y los espectaculares fuegos artificiales tras el concierto, que me dejaron embobado (no puedo evitarlo: me fascinan desde crío). Eso sí, eché en falta algún recuerdo para el azteca de oro, Alan Boguslasky, guitarrista que llegó a formar parte del grupo, y al que no hubiera estado de más dedicarle algún tema.

Mención aparte merece la nefasta organización del concierto, al menos por lo que a mí me tocó. Las puertas se abrieron demasiado tarde, y además por algún motivo estuvieron un rato sin dejarnos pasar una vez abiertas, lo que creó momentos de un hacinamiento agobiante. Tras el concierto, más de lo mismo: por algún oscuro motivo cerraron las salidas a pie de campo y tocó esperar interminablemente para salir por las superiores. Y lo peor de todo fue el tema de las entradas preferentes: hubo gente que tenía y tuvo que ver el concierto desde la grada, mientras que parece ser que el acceso a dicha zona fue una cuestión más de picaresca y velocidad que otra cosa. Imperdonable, teniendo en cuenta lo que costaban y lo difícil que era conseguirlas.

Al final, pese a todo, me quedo con lo bueno, con haber podido ver en directo a un grupo que jamás pensé que podría ver y que no defraudó en absoluto en su regreso. No estuvieron mejores que nunca, pero estuvieron a la altura de su leyenda. Y con eso, al menos por esta vez, basta.

Discografía básica:

El mar no cesa (1988).

Senderos de traición (1990).

El Espíritu del Vino (1993).

Avalancha (1995).

Parasiempre (1996).

Rarezas (1998).

ACTUALIZACIÓN 25/10/07:

Listado de temas del concierto:

El estanque.

Deshacer el mundo.

Maradentro.

La carta.

Bendecida.

Sirena varada.

Opio.

La herida.

Despertar.

Apuesta por el rock'n'roll.

Héroe de leyenda.

Con nombre de guerra.

No más lágrimas.

Nuestros nombres.

El mar no cesa.

Entre dos tierras.

Maldito duende.

Iberia sumergida.

Avalancha.

Oración.

Tumbas de sal.

La chispa adecuada.

Tesoro.

Malas intenciones.

En brazos de la fiebre.

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28 Septiembre 2007

Música: Retrasado el lanzamiento de Music of the Spheres.

Pues eso. Estos días nos hemos enterado de que Music of the Spheres se retrasa hasta el año que viene. La fecha concreta varía según la fuente, pero parece que saldrá en algún momento de enero de 2008. Se ha filtrado que la causa es el deseo de Oldfield de estar en casa en las fechas en las que nacerá el segundo hijo con su actual pareja. Es una gran excusa, porque en un principio es peliagudo criticar ese deseo sin parecer un friki insensible. ¿Quién puede negarle eso a un padre? Pero sucede que la duración del ciclo de gestación de los seres humanos es bien conocida por el público, y hasta Oldfield, con lo pasota que es, se ha tenido que enterar en un momento u otro a base de tener descendencia. Vamos, que hace siete meses que sabe perfectamente cuándo nacerá su hijo. Podría haber previsto esto hace mucho, y más teniendo en cuenta que el disco lleva grabado bastante. ¿Por qué no adelantar la fecha de lanzamiento a septiembre, dando así tiempo a que Oldfield participe en cualquier promoción que Universal preparara? Todos lo que conocemos a Oldfield sabemos de sus continuos cambios de opinión y de humor: no puede descartarse que esto se le acabe de ocurrir. Pero es lamentable que una persona de su edad y una multinacional como Universal hagan gala de tan poca seriedad.

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"¿Nueve meses? ¿Y por qué no se me ha informado antes?"

El disco está presentado, se han distribuido promos, y lo que es peor, lleva en internet casi dos meses gracias a (o por culpa de) una filtración misteriosa de origen desconocido. La reacción ante esta filtración ha sido nula. Aquí no ha pasado nada. Seguimos con el paripé sin tener en cuenta que todo el mundo que ha querido ya ha escuchado el disco. Y por si fuera poco, retrasan aún más la salida del disco. Cuando llegue la fecha, para sus seguidores será agua pasada, e ir a comprarlo un mero trámite carente de cualquier emoción. Habrá hasta quien se olvide de que el disco aún tiene que salir.

Como lo del hijo a mí me parece más una excusa que un motivo (y no soy el único que piensa así), vale la pena pensar en otras razones para esto. Hay quienes creen que se debe a que Oldfield quiere involucrarse de verdad en la promoción, y parece plausible. Pero esto sólo se justificaría si Universal está preparando algo gordo; su último disco, Light+Shade, salió a la venta con una promoción casi nula, y una implicación del autor más nula aún. Si al final ocurriera esto, sería aún más absurdo. Quizás podamos esperar una premiere al estilo de la que se hizo con Tubular Bells III, o incluso varios conciertos. Pero no mucho más, vaya, que es un disco, que nadie espere una campaña mundial con Oldfield viajando seis meses por el globo en plan superestrella.

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Portada de Music of the Spheres.
También se ha hablado de que Oldfield podría aprovechar este retraso para componer música nueva que incluir en el disco, o arreglos distintos para la que ya existe, como una forma de compensar por la filtración y arreglar un poco semejante despropósito. Yo sinceramente no lo creo. Quienes han escuchado el disco dicen que se nota que es música finiquitada, que no parece una demo. Siempre se puede añadir más guitarra (ya que parece que escasea), pero me temo que eso no está en la mente de Oldfield. Sí imagino que Universal incluirá un CD extra con algún tipo de bonus, pero la cosa irá más por entrevistas o documentales que por música nueva.

No sé si con el tiempo sabremos la verdad de todo esto. A mí me parece una vergüenza. Empezando por la filtración, que tiene por fuerza que salir de la propia discográfica, hasta este retraso inaudito, con el disco grabado y presentado. Todo esto evidencia una realidad: el lugar actual de Mike Oldfield en el mundo de la música es secundario. Esto que ha pasado es inconcebible que le pase a un músico de primera fila, simplemente. Quizás lo peor sea que el propio Oldfield pasa de todo, que asume ese lugar y se recluye en su casa. Ante la filtración, en lugar de reaccionar diciendo “hey, vamos a sacar esto YA, vamos a montar algo bueno, no puede ser que el disco esté circulando cuatro o cinco meses antes de que lo saquemos”, se encoge de hombros y se va a casa con su familia. ¿Tiene derecho? Por supuesto que sí. Yo he sido muy crítico con su última etapa, pero siempre defenderé su derecho a hacer lo que le dé la gana como persona libre que es. No creo que esté obligado de ninguna manera hacia sus seguidores. Yo considero que le he dado poco a él comparado con lo que él me ha dado a mí. Pero me entristece ver a la persona que ha compuesto algunos de mis discos favoritos haciendo según qué cosas. Con Music of the Spheres parecía que estaba despertando un poco y cambiando de actitud. Veremos si no se queda todo en un espejismo...

Y al final, como siempre, paga el aficionado. Sobre todo aquellos que como yo hemos decidido no escuchar el disco hasta que salga a la venta. Posiblemente la culpa sea mía, por romántico, por querer darle algún valor a las cosas en la época de lo inmediato. Por querer darle algo de magia al disco de Mike Oldfield que más me ha interesado en los últimos diez años.

Seguiremos esperando acontecimientos.

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10 Agosto 2007

Música: Mike Oldfield y Music of the Spheres.

Aprovechando que ya está anunciada la salida de su nuevo disco, Music of the Spheres, hoy voy a hablar un poco de Mike Oldfield, que ya tocaba (pobre, encima que le plagio el título del blog). Existiendo esta página, todo lo que pueda escribir de su trayectoria es redundante. Pero vaya, hagamos un repaso más o menos rápido por su historia: A los diecinueve años, un chaval descarado, egocéntrico, y hasta las cejas de problemas mentales (y drogas), consigue publicar Tubular Bells en Virgin, y se convierte en un bombazo que sólo pudo bajar del primer puesto su siguiente disco, Hergest Ridge. El joven Oldfield, admirador de Bach, de Sibelius, sorprendió al mundo con un disco instrumental, muy complejo, ecléptico, en el que él tocaba prácticamente todos los instrumentos. Dos partes de veintitantos minutos sin pausa de música grabada artesanalmente, con una paciencia infinita, y con una intención más cercana a la música sinfónica que al pop. Tanto Tubular Bells como sus tres discos siguientes fueron producto de alguien desesperado, inestable, que volcaba toda su angustia en una música en la que encontraba todo el control que le faltaba en la vida real. Vivía para ella y gracias a ella, componía en un estado febril, delirante y, con su genio y su entrega, parió esas cuatro obras por las que pasará a la historia de la música.

Dedicado, con cariño, eso sí, a todos los que meten a Oldfield en el mismo saco que Vangelis y J.M. Jarre.

Después, una etapa progresiva, probablemente inferior, pero aún muy recomendable (especialmente Five Miles Out). Pero a medida que el chaval se hacía mayor, y encontraba la calma, su música se fue volviendo más simple, como si sólo desde la ira y el malestar fuera capaz de imprimir garra y pasión a sus creaciones. Se volvió un compositor de éxitos pop (algunos excelentes, pero sin comparación posible), y empezó a dejarse llevar por los cantos de las sirenas tecnológicas. Y se acabó perdiendo, la música dejó de ser una prioridad (no; una necesidad: lo único que lo mantenía con vida) y se acomodó en el éxito del que parecía haber rehuido toda su vida como músico. Amarok, en el 90, fue un golpe en la mesa, un “aquí estoy”, una locura genial fruto, de nuevo, de la ira. Para muchos, su canto del cisne, aunque yo creo que el posterior Tubular Bells 2 fue su último buen disco. Después, sólo momentos; alguna canción, alguna cosilla que me hacían recordar quién era su autor entre tanta mediocridad, tanta música para relajarse y tanto abuso de la pobre campana, que maldita la culpa que tendrá.

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Portada de Crises (1983).

Y llegamos a hoy: tras tres discos decepcionantes, llenos de samples, sin apenas trabajo, hechos desde el conformismo y el relax en lugar de la rabia y la necesidad de demostrar de lo que es capaz, en menos de cien días tendremos un nuevo disco de Mike Oldfield. Y al fin llego a lo que yo quería comentar (sí, vale, el “repaso más o menos rápido” se me ha ido un poco de las manos, lo sé): ¿Qué podemos esperar a estas alturas de Oldfield? Pues en contra de lo que se pudiera pensar, yo soy optimista. Muchos de los vicios de los últimos años (el ombliguismo, la producción pesada y meliflua que ocultaba melodías simples y repetitivas) parecen desterrados. Se ha vuelto a rodear de buenos músicos, como Lang Lang, que además de una máquina parece ser que es uno de los pianistas más respetados del momento. Ha dicho por activa y por pasiva que se acabaron los instrumentos sampleados (por no hablar de las horribles voces informáticas de Light + Shade), parece (repito: parece) que ha vuelto a currar. Se le nota picado en su orgullo, es muy posible que las flojas ventas de ese Light+Shade le hayan servido como toque de atención para darse cuenta de cuál es su sitio real a día de hoy: uno muy, muy secundario. Ha despertado muchas expectativas, no sólo las mías. La gente está, por primera vez en muchos años, relativamente ilusionada. No creo que nadie espere una obra maestra, pero sí un disco decente, un disco que no compremos por resignación y casi como tributo agradecido al pasado glorioso. Un disco del que no se cachondeen fuera del círculo de sus seguidores. En sus manos está (o ha estado, que el disco está grabado y su suerte sellada). Lo veo en una situación muy similar a la que había con aquel ya lejano Amarok: la misma necesidad de reivindicarse, el mismo prestigio perdido, el mismo callejón sin salida. Sólo que la caída ahora ha sido mayor. Porque en aquella época, se sabía que su discográfica lo presionaba para hacer determinada música. Hoy, hace lo que le da la gana, con lo que ya no tiene excusa alguna. Ha levantado demasiadas expectativas y el riesgo de que muchos se cansen definitivamente y lo manden a paseo es demasiado alto. Con Music of the Spheres, o alza el vuelo, o se estrella para siempre. Dentro de cien días, la respuesta, en este mismo blog.

Discografía básica:

Tubular Bells (1973).

Hergest Ridge (1974).

Ommadawn (1975).

Incantations (1976).

Five Miles Out (1982).

Crises (1983).

Amarok (1990).

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