No, no es que hayan hecho una versión subidita de tono. Es el de siempre, el clásico, cuyas primeras temporadas acaban de salir en DVD en Estados Unidos... con un sello que las cataloga como material para adultos. Un perfecto símbolo de decadencia en una sociedad cada vez más esperpéntica. Me preocupa que hayamos llegado a un punto en el que las mentes bienpensantes, políticamente correctas, consideren que Barrio Sésamo es un programa no apto para niños. Dice mucho de los estándares educativos esta medida, y nada bueno. Pues nada, tengamos a los niños idiotizados, tratémosles como si fueran de cristal, preservémosles de todo lo que pueda impresionarles. Es evidente que estos criterios funcionan, ¿no? Quiero decir, los sistemas de educación, los niveles de éxito escolar, el civismo de la gente, son ahora mucho mejores que antes, cuando estábamos expuestos a programas nocivos para nosotros, ¿no es verdad?
A ver si algún día nos enteramos de que la tele no tiene la culpa de casi nada. Que los que tienen que educar son los padres. Porque como esto siga así, por favor, que paren este puto mundo, que yo me bajo.
servido por The Watcher
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Hay muchas formas de editar cómics. Se pueden editar como un mero producto de consumo rápido, con malos materiales, de cualquier forma, sin corregir siquiera los textos. Editar mal, vaya. O se puede editar como está editando el señor Manuel Caldas esa obra maestra que es Príncipe Valiente, cuyo tercer volumen recibí por correo el sábado pasado. El trabajo de este hombre es tan abrumador, que me siento obligado a aportar mi granito de arena a que se conozca, para devolver de algún modo este regalo que nos hace. Sí, regalo, porque Caldas, para seguir con la edición en castellano de su obra, se conforma con no perder dinero. Luego contaré el porqué.
Es una edición jodidamente buena. Punto. La mejor que se puede hacer, al menos por el momento. El que quiera buscarle los tres pies al gato (que los hay: esta edición lleva suscitando la polémica desde que salió el primer tomo) te dirá que si la tapa dura, que si el color, que si la abuela fuma. Pero todo se cae por su propio peso cuando uno abre uno de los tomos y empieza apreciar el trabajo, el amor por lo que está editando que Caldas se ha dejado ahí, en cada ejemplar. El tamaño es suficientemente grande como para apreciar adecuadamente el detallado dibujo de Foster, y además evita la necesidad de resumir textos para que entren en espacios minúsculos que tienen otras ediciones. El trabajo de restauración le ha llevado horas infinitas, es un trabajo meticuloso y duro que le ha permitido recuperar el trazo original de Harold Foster, en blanco y negro, porque el color original no puede recuperarse a día de hoy, y el color de las reediciones actuales es así de bueno:

El que prefiera esto, tiene un problema.
A la inconmensurable labor restauradora de Manuel Caldas, hay que unir el diseño de Jesús Yugo, precioso, y la traducción (sin cobrar un duro) de Rafael Marín, apasionado reconocido de Príncipe Valiente, cosa que se agradece (algunos errores de traducción de la edición de Planeta, que es la otra que tengo en casa, eran de traca: valga como ejemplo traducir “boar” por oso en lugar de jabalí, demostrando que el traductor ni conoce la obra, ni la tiene delante cuando traduce).
Las circunstancias que rodean la edición son especialmente difíciles: sin entrar en pormenores (porque los propios Caldas y Marín prefieren que así sea), un problema de derechos impide que la colección se siga distribuyendo en tiendas, como ocurrió con los volúmenes uno y dos, que fueron un éxito de ventas que prácticamente agotaron las tiradas. La situación actual le permite al editor vender al territorio español únicamente por vía postal. Éste es el motivo de que simplemente aspire a cubrir gastos: ha calculado que se necesita vender trescientos ejemplares para ello. Conmigo desde luego va a contar, hasta donde él pueda llegar. En lugar de discutir, o cagarse en los culpables de esta nueva situación (tan incómoda para el lector como para el propio Caldas, que sale muy perjudicado de ello), hay que apoyar la edición comprándola, así de sencillo. Cada tomo sale por veinticinco euros, más cinco de gastos de envío. Parece caro, pero creedme, no lo es. Caro es pagar diez euros por un tomucho editado con desgana, traducido por preescolares y maquetado por chimpancés. Y sé de lo que hablo, que tengo la habitación llena.
Así que si alguno os animáis, ésta es la dirección a la que hay que enviar el giro postal:
Apartado 222
4490-909 Póvoa de Varzim
PORTUGAL
Y éste es el correo electrónico de Manuel Caldas, para cualquier duda o comentario sobre Príncipe Valiente. Como se ve por la dirección Caldas es portugués, pero se le puede escribir en castellano sin problemas. Doy fe de que responde muy rápidamente:
mcaldas59@sapo.pt
En cuanto al material en sí, poco se puede decir salvo que es uno de los clásicos absolutos de la historia del cómic. Es simplemente imprescindible. Foster fue no sólo uno de los más grandes dibujantes que ha dado el medio, sino que ha influído a varias generaciones de artistas de una forma evidente. Observad este ejemplo, una de las más espectaculares viñetas de la serie, incluida en este tercer tomo:

Pinchad en la imagen para verla a un tamaño lógico.
La viñeta muestra el momento en el que el rey Arturo descubre a sus caballeros los signos de la tortura a la que los vikingos han sometido a Val. Al margen del evidente dominio de la anatomía, de las luces y de la perspectiva, hay que fijarse en la composición de la escena: Valiente como eje central, junto al rey y todos los caballeros desplegados frente a ellos. Y sobre todo destaca la increíble pericia de Foster: las terribles heridas del protagonista no se muestran directamente al lector, si no que las imagina al observar las expresiones de los caballeros que sí las ven, expresiones que van de la ira a la incomprensión, pasando por el asombro, el dolor... Magistral.
Pero no es sólo el increíble dibujo de Foster. Ni su agradable sentido del humor, ni siquiera la apabullante labor de documentación que realizó (¡y sin google! ¿os lo podéis creer?). No, Príncipe Valiente no es un tebeo más. Es una obra enriquecedora que además de ofrecer un extraordinario sentido de la aventura trata los temas universales que aparecen en cualquier clásico. Es una historia acerca del paso del tiempo: lo que cambia, y lo que es inmutable. Sus protagonistas son humanos y como tales se equivocan, y son víctimas de la ira, la envidia, la codicia... Val, al contrario que otros héroes del cómic de su época, no gana siempre. Sufre amargas derrotas y la pérdida de seres queridos. Y sin embargo, se intuye optimismo, la idea de que todo dolor es pasajero. En Príncipe Valiente Foster rehuye la corrección política (eran otros tiempos), a la vez que crea a partir de los mitos artúricos un mundo pseudohistórico situado en algún momento tras la caída del imperio romano, en el que conviven personajes y situaciones de lo menos cinco siglos, en un ambiente obviamente romántico pero que no oculta la violencia inherente a la época, ni tampoco la existencia de esclavos ni los saqueos como práctica habitual, a la que recurren incluso “los buenos”. A lo largo de todos los años que dura la serie, Valiente viaja a África, a América, a tierra santa. Foster incluso llegó a visitar muchos de los lugares a los que quería llevar a Val con el fin de documentarlos correctamente.
Y si bien él era un dibujante plenamente maduro cuando inició Príncipe Valiente, como guionista lo vemos evolucionar casi en cada plancha. Aún en el tomo tres el autor está en plena búsqueda del tono definitivo con el que se sentirá cómodo, con el ritmo adecuado para la serie. Así, por ejemplo, se observa que en un principio no tiene reparos en mostrarnos el elemento fantástico como parte del mundo de Valiente (ese jardín de Merlín, lleno de duendes y hadas), para poco a poco ir desplazándolo, hasta el punto de que el propio Merlín confesará a Val que todo es truco e ilusión, pese a lo cual en ocasiones excepcionales veremos auténtica magia, o incluso apariciones de dioses, aunque siempre de un modo ambiguo, no explícito (y por tanto más interesante).
En definitiva, un clásico atemporal que a pesar de tener setenta años de antigüedad se mantiene totalmente fresco, divertido y apasionante. Una de las obras cumbre del cómic, que ningún aficionado debería dejar de leer al menos una vez, y que se mantendrá viva para siempre. Una vez más: gracias, señor Caldas.
servido por The Watcher
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Pues eso. Estos días nos hemos enterado de que Music of the Spheres se retrasa hasta el año que viene. La fecha concreta varía según la fuente, pero parece que saldrá en algún momento de enero de 2008. Se ha filtrado que la causa es el deseo de Oldfield de estar en casa en las fechas en las que nacerá el segundo hijo con su actual pareja. Es una gran excusa, porque en un principio es peliagudo criticar ese deseo sin parecer un friki insensible. ¿Quién puede negarle eso a un padre? Pero sucede que la duración del ciclo de gestación de los seres humanos es bien conocida por el público, y hasta Oldfield, con lo pasota que es, se ha tenido que enterar en un momento u otro a base de tener descendencia. Vamos, que hace siete meses que sabe perfectamente cuándo nacerá su hijo. Podría haber previsto esto hace mucho, y más teniendo en cuenta que el disco lleva grabado bastante. ¿Por qué no adelantar la fecha de lanzamiento a septiembre, dando así tiempo a que Oldfield participe en cualquier promoción que Universal preparara? Todos lo que conocemos a Oldfield sabemos de sus continuos cambios de opinión y de humor: no puede descartarse que esto se le acabe de ocurrir. Pero es lamentable que una persona de su edad y una multinacional como Universal hagan gala de tan poca seriedad.

"¿Nueve meses? ¿Y por qué no se me ha informado antes?"
El disco está presentado, se han distribuido promos, y lo que es peor, lleva en internet casi dos meses gracias a (o por culpa de) una filtración misteriosa de origen desconocido. La reacción ante esta filtración ha sido nula. Aquí no ha pasado nada. Seguimos con el paripé sin tener en cuenta que todo el mundo que ha querido ya ha escuchado el disco. Y por si fuera poco, retrasan aún más la salida del disco. Cuando llegue la fecha, para sus seguidores será agua pasada, e ir a comprarlo un mero trámite carente de cualquier emoción. Habrá hasta quien se olvide de que el disco aún tiene que salir.
Como lo del hijo a mí me parece más una excusa que un motivo (y no soy el único que piensa así), vale la pena pensar en otras razones para esto. Hay quienes creen que se debe a que Oldfield quiere involucrarse de verdad en la promoción, y parece plausible. Pero esto sólo se justificaría si Universal está preparando algo gordo; su último disco, Light+Shade, salió a la venta con una promoción casi nula, y una implicación del autor más nula aún. Si al final ocurriera esto, sería aún más absurdo. Quizás podamos esperar una premiere al estilo de la que se hizo con Tubular Bells III, o incluso varios conciertos. Pero no mucho más, vaya, que es un disco, que nadie espere una campaña mundial con Oldfield viajando seis meses por el globo en plan superestrella.
Portada de Music of the Spheres.
También se ha hablado de que Oldfield podría aprovechar este retraso para componer música nueva que incluir en el disco, o arreglos distintos para la que ya existe, como una forma de compensar por la filtración y arreglar un poco semejante despropósito. Yo sinceramente no lo creo. Quienes han escuchado el disco dicen que se nota que es música finiquitada, que no parece una demo. Siempre se puede añadir más guitarra (ya que parece que escasea), pero me temo que eso no está en la mente de Oldfield. Sí imagino que Universal incluirá un CD extra con algún tipo de bonus, pero la cosa irá más por entrevistas o documentales que por música nueva.
No sé si con el tiempo sabremos la verdad de todo esto. A mí me parece una vergüenza. Empezando por la filtración, que tiene por fuerza que salir de la propia discográfica, hasta este retraso inaudito, con el disco grabado y presentado. Todo esto evidencia una realidad: el lugar actual de Mike Oldfield en el mundo de la música es secundario. Esto que ha pasado es inconcebible que le pase a un músico de primera fila, simplemente. Quizás lo peor sea que el propio Oldfield pasa de todo, que asume ese lugar y se recluye en su casa. Ante la filtración, en lugar de reaccionar diciendo “hey, vamos a sacar esto YA, vamos a montar algo bueno, no puede ser que el disco esté circulando cuatro o cinco meses antes de que lo saquemos”, se encoge de hombros y se va a casa con su familia. ¿Tiene derecho? Por supuesto que sí. Yo he sido muy crítico con su última etapa, pero siempre defenderé su derecho a hacer lo que le dé la gana como persona libre que es. No creo que esté obligado de ninguna manera hacia sus seguidores. Yo considero que le he dado poco a él comparado con lo que él me ha dado a mí. Pero me entristece ver a la persona que ha compuesto algunos de mis discos favoritos haciendo según qué cosas. Con Music of the Spheres parecía que estaba despertando un poco y cambiando de actitud. Veremos si no se queda todo en un espejismo...
Y al final, como siempre, paga el aficionado. Sobre todo aquellos que como yo hemos decidido no escuchar el disco hasta que salga a la venta. Posiblemente la culpa sea mía, por romántico, por querer darle algún valor a las cosas en la época de lo inmediato. Por querer darle algo de magia al disco de Mike Oldfield que más me ha interesado en los últimos diez años.
Seguiremos esperando acontecimientos.
servido por The Watcher
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Y no me refiero a la portada, que uno es pacato, pero no tanto. Me refiero a la decisión del juez Del Olmo. La última vez que fue secuestrada (es curioso, el eufemismo se supone que tiene que sonar mejor que la palabra a la que sustituye, y en este caso están ahí ahí) una edición de El Jueves, fue hace treinta años, en plena transición. Es para estar orgullosos de lo mucho que han avanzado las cosas en este país. Dije en su día que no iba a hablar de política, y no lo hago. Hablo de libertad de expresión. Hablo del derecho a dibujar (sí, eso que tanto se defendía el año pasado con la historieta de Mahoma). Hablo de que no existe lo que Del Olmo llama "objetivamente infamante". Que lo que a mí me ofende no tiene por qué ofender a nadie más, ni al revés.
Yo no compro la revista desde hace años, ya no me gusta (salvo el absolutamente genial Mauro Entrialgo, ya hablaré de él). ¿Saben por qué? Porque es muchísimo más floja que antes. El Jueves actual es blandito, no mucho más provocativo que cualquier programa televisivo. Si el juez Del Olmo viera ejemplares de El Jueves de los setenta, alucinaba. hoy la revista no es combativa, y es cualquier cosa menos radical, quizás porque no hace falta. O tal vez, visto lo visto, sí que la haga. Porque un señor que lo único que hace es dibujar puede acabar en la cárcel. Y no sería el primero, que es aún más grave. Porque se supone que estas cosas aquí no pasan. Porque estamos en un país democrático. Pero claro, mañana todavía saldrá alguno con aquello de "es que confunden la libertad con el libertinaje", y tirará a la basura esta bonita ilusión en que vivimos. Treinta años, a veces, es muy poco tiempo.
servido por The Watcher
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