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The Watcher and The Tower

Blog acerca de cómics, libros, música y lo que tenga a bien su autor.

25 Mayo 2008

El mercado editorial.

ADVERTENCIA: El post que vais a leer a continuación está autocensurado. El motivo es muy práctico: proteger el puesto de trabajo de una persona que está envuelta en esto y que podría verse afectada si sus jefes leyeran el post. El día que esta circunstancia cambie, publicaré el artículo íntegro con nombres y apellidos.

El post de hoy va a ser distinto a lo habitual. Hoy vais a leer (si tenéis estómago) unas cuantas cosas del mercado editorial de este país. ¿Por qué? Primero porque en el último año y pico he asistido de cerca al proceso cansino y absurdo que supone publicar para un autor novel, y he visto y oído tantas cosas que hace dos años no habría creído que creo que hay que contarlo. Y segundo, porque tengo la sensación, no sé por qué, de que mientras que la industria discográfica o la cinematográfica tienen mala fama, las editoriales gozan aún de cierto halo de prestigio, al menos para la gente que las ve desde fuera. Como si fueran los garantes de la cultura. Y me gustaría que eso empezara a cambiar y se dejara de hablar de mundo editorial para hablar de mercado del libro, porque es lo que es: un grupo de empresas a las que la cultura les importa una mierda y que lo que quieren es ganar dinero. ¿Lícito? Veremos.

Aquí tenéis unas cuantas verdades, y como está bien explicado no tengo intención de repetirlo. Simplemente me quedaré con un par de cosas, para que sepáis en qué paramétros morales se mueven las editoriales. Una, la cantidad de papel que se llega a desperdiciar simplemente porque las editoriales tiran aproximadamente el doble de ejemplares que saben que se van a vender. Lo divertido, que encima se quejan de la crisis del papel; lo vergonzoso, que todavía no haya una legislación que les ponga los puntos sobre las íes y acabe con este disparate. ¿Reciclan lo que sobra? En el mejor de los casos. En otros no: la prestigiosa editorial Santillana tiene una incineradora en sus instalaciones. Pensadlo la próxima vez que vayáis a comprarles un libro.

Aparte de esto, el trato que he visto que dispensan a los autores es brutal. No es sólo el tiempo que les hacen esperar antes de darles una contestación cuando envían manuscritos, ni los contratos draconianos que les imponen, ni el porcentaje irrisorio del precio del libro que les corresponde. Lo más fuerte es cómo desde los másters de edición que ofrecen los grandes grupos editoriales ya se empieza a adoctrinar a los futuros editores: se les inculca que el autor es un ser excéntrico y caprichoso con el que hay que lidiar, que lo importante es publicar (más allá de la calidad o integridad del texto o incluso de la felicidad del autor), que escribir es un trabajo que editor y escritor realizan al 50%. Claro que sí. El editor sabe perfectamente cómo mejorar un texto y pulirlo, aunque sea un analfabeto funcional que lo más profundo que ha leído es a Stephen King. Pero lo mejor es que en estos másters, se dice explícitamente, QUE CONVIENE QUE EL AUTOR NO CONOZCA LA LEY DE PROPIEDAD INTELECTUAL. Explícitamente, sí. Ni siquiera tienen la elegancia de insinuarlo. Que cada uno piense por qué esto les conviene.

Éstos son los editores, y éstas son las editoriales. No obstante, hay una editorial que no es como las demás.

Es peor.

Me estoy refiriendo, evidentemente, a la editorial con la tuvo la desgracia de tratar Álvaro Naira. De nuevo, en este post tenéis información sobre todo el proceso. Esta editorial es propiedad de un millonario, que, como todos los millonarios, ha hecho su fortuna a base de trabajar duro y respetar la ley. Este hombre es un tipo que trata a sus empleados a patadas, caprichoso como un niño de cinco años, que marea a todo el mundo cambiando de opinión constantemente, que no le importa hacer trabajar en balde a maquetadores y portadistas, que en teoría delega ciertas funciones en su editora para luego en la práctica hacer lo que le sale de la polla, y que, por supuesto, considera que tiene una excelente visión comercial. Él sabe lo que quiere el mercado y se lo da. Luego os cuento por qué es gracioso esto último.

La editora es una eficiente empleada que por un mísero sueldo al mes engaña a los autores, los confunde, les hace promesas que no piensa cumplir y aguanta las tonterías de un jefe del que está hasta los huevos. Por un sueldo decente mataría, supongo.

Bien, pues esta editorial, además de tener a Naira casi dos años esperando, diciendo cada día una cosa distinta, de pasarse la novela unos a otros sin ningún orden ni seriedad (del lector de la editorial al jefe, del jefe a la editora, de la editora al de publicidad, del de publicidad a la señora de la limpieza...), tiene cosas muy divertidas. Por ejemplo, ofrecer contratos a los autores que vulneran la ley de propiedad intelectual (sí, esa que convenía que el autor no conociera) y, atención, el código civil. Ya de paso, mentían al autor en el número de ejemplares que compondrían la tirada en algo que sólo puede llamarse ESTAFA: si la tirada iba a ser de mil quinientos ejemplares, al autor le dicen que será de mil. De los otros quinientos, no ve su porcentaje (y mira que es pequeño, hay que ser rata y ruin para estafarle a un autor novel una cantidad que no llega a los mil euros). Otro ejemplo: meter en el catálogo la obra de un autor al que no le han puesto delante un contrato ni nada que se le parezca, incluso aun sabiendo que quedan los suficientes cabos sueltos con él como para no dar por cerrada la publicación de la novela. Por supuesto, cuando finalmente el autor se negó a aceptar ciertas cosas, la editora le echó en cara todo el trabajo que habían realizado ya. No se paró a pensar que lo habían hecho porque habían querido, y que la culpa fue exclusivamente suya por liarse a maquetar antes de firmar. Para ellos, el autor, que claro, es un excéntrico, era el culpable de aquello, porque estaba siendo caprichoso: no era consciente de lo difícil que es publicar.

Pero no. Me he dado cuenta de que publicar es sencillísimo. No hace falta ser bueno. Un contacto y a mamar. Lo que es difícil es publicar en unas condiciones dignas.

Y no, esto no es culpa exclusivamente de las editoriales. Hay toda una serie de “redactores” (me niego a llamarlos autores) en este mundillo que están haciendo un daño terrible a los escritores de verdad, a aquellos a los que su texto les importa, y mucho, porque parirlo les ha costado un mundo. Estos individuos están dispuestos a lo que sea, a bajarse los pantalones sin ningún límite ante los editores, a ceder en todo, a firmar cualquier disparate. Porque ellos lo hacen es más difícil para los autores no hacerlo y plantarse ante los abusos de la industria.

Tío Sam (nombre ficticio que, creedme, le pega y le encantaría) es un individuo de nulas capacidades literarias, que se dedica a apoyar a George Bush y la invasión de Irak en su blog (que paso ampliamente de enlazar), que intenta emular a Tom Clancy y ni a eso llega, que ha subido a Youtube unos vídeos sonrojantes llenos de banderitas americanas (y Angelina Jolie ¿?) para promocionar su magna obra.

Bien, pues este “redactor” consiguió firmar un contrato con nuestra editorial favorita gracias a un cúmulo de despropósitos (que incluyen a un becario que sin duda tiene que ser un cachondo, el tío). Como quien no quiere la cosa, la editora se encuentra con un libro que NO había leído, al que habían dado el sí fiándose del informe de lectura del becario cachondo, y por supuesto con un contrato firmado. ¿Podían haberlo dejado “archivado” en el cubo de basura? Sí. De hecho, los contratos estándar de las editoriales no las obligan a sacar el libro a la venta (pero sí impiden al autor buscarse la vida hasta dos años después de la firma). Pero resultó que nuestro millonario favorito, que como todos sabemos sabe lo que quiere el público, dijo que adelante con el libro. Además de tomar una serie de agudas decisiones para aumentar las ventas, como sugerirle al autor que cambiaran su nombre de pila de uno castizo a uno anglosajón (el autor, lejos de indignarse, probablemente se dio de cabezazos contra la pared por no habérsele ocurrido a él antes) o cascarle una portada horrible que él aseguraba atraería las ventas como la mierda a las moscas. El único pero que le puso es que había que cortar su extensión, porque el amigo Sam había escrito un mamotreto de nada menos que mil páginas. Pensaréis que protestaría, que defendería con sólidos argumentos el porqué de la extensión, la calidad y valor de cada uno de sus párrafos. Pues no. Dejó que lo cortaran, sin poner ninguna pega. ¿Cuánto creéis que cortaron? ¿Cincuenta? Frío. ¿Cien? No. ¿Doscientas? Tampoco. SEISCIENTAS PÁGINAS. Más de la mitad del libro a la basura (que sí, es donde debe estar, pero una cosa es que lo piense yo y otra que al autor se la sude). ¿Participó al menos Sam en el proceso, seleccionó los mejores pasajes o los más necesarios para entender su libro? Para nada. Dejó que la editorial se ocupara de todo y es más, hasta donde sé, ni siquiera se molestó en leer el resultado final antes de que saliera a la venta. Porque lo que Sam quería no tenía nada que ver con la literatura. Él quería ver su nombre en la portada de un producto, ir a las librerías y verse allí (aunque esto último es bastante difícil, su excepcional portada parece diseñada especialmente para pasar desapercibida: media hora buscando en la Casa del libro, mirando varias veces en la mesa donde estaba, y al final tuve que preguntar), quería ir a firmar ejemplares a la feria del libro (y tened por seguro que lo hará: a tres personas, pero lo hará). Bien, pues ahora viene lo gracioso: este libro, que el sagaz millonario consideró un best-seller en potencia, fue devuelto en primera instancia por la principal distribuidora por su nula calidad y comercialidad (me gusta pensar que con un post it que decía: “a nosotros mierdas no nos mandes”). De coña. Teniendo en cuenta la cantidad de basura que hay en las librerías, os podéis imaginar cómo es el libro de Sam.

Siguiendo el camino de éxito abierto por el Tío Sam, viene pujando fuerte en la misma editorial una autora a la que llamaremos Absalón de Té (en homenaje a Astérix). Esta autora (cuyo verdadero pseudónimo le roba el apellido a una cantante de rock de los ochenta) no sólo ha subido un vídeo a Youtube tan cutre que parece de La Hora Chanante (¡hey, pero suena O Fortuna! Qué pasote, tiene que ser la hostia el libro, ¿eh?), sino que, en una maniobra cada vez más común, presenta su libro como un bombazo que dice unas cosas terribles que amenazan los pilares de la civilización occidental, y que por esto nadie ha querido publicarlo en veinte años.

A este disparate del libro maldito y perseguido, Absalón de Té añade unas gotitas de antisemitismo, que siempre vende mucho. Dice ser judía e insinúa que eso ha sido motivo para no publicar su impactante trabajo. Ah, conviene saber, antes de lanzarse a la compra del libro, que ante la lectura de este impactante y apasionante thriller que cambiará el mundo, un becario de la editorial pregunto que si era para niños muy pequeños (y no, no era el cachondo de la otra vez. Lo preguntaba en serio).

Por último, fijémonos en el maestro, que además éste sí puede aparecer con su nombre: Víctor Saltero (como en el circo, he dejado el mejor número para el final). Víctor Saltero es el pseudónimo de un señor forrado hasta las cejas, que por ominosos motivos (que pueden ir desde la megalomanía desaforada hasta el experimento sociológico) se dedica a sacar a la venta truño tras truño. De la calidad literaria de Sucedió en el AVE o El amante de la belleza no voy a decir nada, porque ya se dice todo aquí (y muy bien). No, a mí me interesa que se sepan ciertas cosas de este señor. Una, que se dedica (él y/o sus subalternos) a machacar a spam y comentarios de supuestos lectores elogiando sus noveluchas en cualquier sitio de internet donde se mencione. Si es necesario incluso abren blogs bajo otro nombre para ponerlas por las nubes (obviamente sin decir que es el autor) y los llenan de comentarios, todos cortados por el mismo patrón (no se rompen mucho la cabeza). Su última genialidad, posible inspiración de Absalón de Té, es inundar internet con comentarios acerca de que su último libro (Sucedió en la Moncloa) es tan, tan fuerte, que la propia editorial lo había censurado. Este ataque a la libertad de expresión de Saltero es imposible, porque la editorial desde la que publica es él mismo. No es posible, salvo que sufra de personalidad múltiple (trastorno que explicaría los términos en los que habla de sí mismo en tercera persona en su página web, por otra parte), que la editorial lo censure. Él es autor, editor y admirador de su obra. Es todo mentira, pero ya sabéis: si una mentira se repite las suficientes veces, se convierte en verdad (como lo de que Marilyn Manson es el de Aquellos maravillosos años).

Una vez no pude contenerme y ante uno de sus comentarios con nombre falso en uno de sus blogs abiertos para la ocasión, dejé uno en el que contaba esto mismo y le desmontaba la patraña de la censura. Pero el ladino piensa en todo: el blog tenía moderación de comentarios. Por supuesto, jamás fue aceptado.

Al spameo cansino en la red se suma una campaña de publicidad convencional acojonante que le ha debido costar una pasta gansa: los que viváis en Madrid habréis visto en las estaciones de metro cartelones cada vez que sacaba un libro, en autobuses igual, en prensa, y hasta un anuncio en la Sexta en la publicidad de uno de sus programas más populares.

Y todo esto, ¿para qué?

Eso es lo más patético de todo esto. Saltero, el Tío Sam, Absalón de Té, y todos los que habrá como ellos, se venden, dejan que recorten su obra de cualquier manera, firman contratos absurdos, y pasan su tiempo libre poniendo gilipolladas en Internet, para vender cuatro libros. Vamos, no, son algunos más. Pero que alguien me diga que conocía a estos personajes antes de leer este post. Me hace muchísima gracia que quieran publicar a toda costa, porque, si no lo hacen por su texto (que les importa un mojón), ¿cuál es el motivo? ¿La fama, el éxito, la gloria que supone ser escritor en este país? Venga ya. De verdad, no sé qué trastorno, qué trauma infantil, lleva a un individuo a hacer el fantoche de semejante forma, y además (y es lo grave), tomándonos a todos por gilipollas e intentando engañarnos, justificando sus mentiras con la excusa de que es publicidad, y en publicidad todo vale. Pues no. O sí, pero si luego los pillan, que cada palo aguante su vela y encima no se pongan hechos unas fieras. Al menos Saltero, con todo, usa su dinero para publicar sus textos íntegros, por rematadamente malos que sean. Pero los otros dos, ni eso.

Pues esto es el mercado editorial. Editoriales y “autores” salidos de una película de los Hermanos Marx, un mundillo con sus propias reglas, al margen de la lógica, la ética, y la legislación vigente. Un mundillo en el que la cultura, como habéis visto, no es que sea secundaria; es que ni se plantea. No importa. Sabiendo todo esto, es para mí muy difícil leer autores actuales: ahora sé en qué condiciones han publicado.

Pero ojo, porque al final, ni editores ni juntaletras son los máximos responsables: lo somos nosotros. El público, el mercado. El lector. Nosotros, rebajando el listón hasta alturas miserables; nosotros, que detrás de frases hechas exculpatorias como “está entretenido” o “se lee fácil” ocultamos lo que no son sino productos ínfimos que, de verdad, son cualquier cosa menos entretenidos o fáciles de leer (¿qué significa “fácil de leer”? ¿Que está escrito de izquierda a derecha y de arriba a abajo?). Es que no son ni mala literatura. Mala literatura es Zafón, o Ken Follet. Esto es, simple y llanamente, mierda.

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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Chema  Rubio Velasco

Chema Rubio Velasco dijo

PUES SI, ASI ES LA VIDA, Y YO YA LO CONOCIA.´

Excepto lo de la incineradora de Sntillana.
saludos

25 Mayo 2008 | 11:11 PM

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

Ese es el cabo de la calle; el cupo per cápita anual en lectura es... En fin...
Así que, cómo va a saber el público los entresijos de las editoriales. Si, empezando por los propios editores; creen que escribir una novela es poco más que poner blanco sobre negro el montón de bulos y patrañas que ellos se inventan al cabo del día para seguir amasando sus fortunas.
Quizás el talento, estaría algo más valorado si algún que otro escritor se convirtiera en editor, salvo que quisiera hacer pagar a otros las putadas vividas en carne propia; por lo menos serían capaces de valorar el trabajo de otros. Pero valientes que se atrevan a hacer eso, cada vez quedan menos, y los que quedan, se las ven y se las desean para salir a flote en un mar plagado de tiburones, como es el mundo editorial.

Luego pensamos que los vampiros son, solo, producto de ficción...

Un saludo

26 Mayo 2008 | 12:01 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

¿Saltero usa su editorial para publicar "sus" textos íntegros? xDDDDDDDDDDDDDDDD

Venga ya, que nos conocemos el percal y de primera mano. Debería dedicarle un laaaaaaargo post a Saltero con nombre y apellidos -¡Cervera Oriol! ¡Cervera Oriol!-, ahora que ya no hay nadie que pueda verse afectado, y la que podía verse afectada se lo toma a risa. Pero paso. Para qué hacerle publicidad, aunque sea negativa.

Thank you very much por la autocensura.

26 Mayo 2008 | 01:55 AM

pemm

pemm dijo

Bravo amigo Gerald!!!!
Por desfracia este tipo de gentuza abunda en muchos,o mejor dicho,todos los campos artisticos e intelectuales....

26 Mayo 2008 | 02:03 PM

The Watcher

The Watcher dijo

De nada Álvaro. Era lo que tocaba. Ya llegará el momento de ser más explícito.

Pemm, me imagino que tú en lo tuyo tendrás también historias parecidas a esta para dar y regalar. Por eso creo que lo que hay que empezar a hacer es usar internet para saltarse al intermediario. Ahora es difícil. En diez años a lo mejor no tanto. Ah, y una cosa, por aquí prefiero The Watcher, ¿ok? ; ). No desveles mi identidad secreta xD.

Un saludo.

26 Mayo 2008 | 02:46 PM

Sol

Sol dijo

Estaba esperando este post. Y también en el troll. Pero supongo que ni ganas dan de cachondear con un asunto como éste.

Y finalmente pude entender aquel post de Andanzas de una negra editorial.

Se cuidan.

26 Mayo 2008 | 04:01 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Hola, Sol (me ha costado acordarme de quién eras xD). La verdad, decir que el mundo editorial es una mierrrrrrrda es para mí tan obvio, que ni me acordé del troll. Este post lo mismo encajaba (bueno, es un poco largo para los estándares del troll).

Un saludo.

27 Mayo 2008 | 12:31 PM

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