El Tenerife desperdició en 1967 una ventaja de dos goles en campo del Xerez Deportivo y se tuvo que conformar con un empate (3-3), con Villar de entrenador interino.
La primera salida doble de la temporada 67-68 tenía como rivales a dos recién ascendidos, el Xerez y el Alcoyano. Con anterioridad, el Tenerife había caído en Valencia, en la presentación del curso, frente al Mestalla, y ganado en casa, al imponerse al Cádiz. Con apenas dos jornadas celebradas y un par de puntos, la directiva decidió destituir al entrenador, José Luis Riera, y colocar en su lugar, de manera interina, a Santiago Villar.
El ex futbolista blanquiazul dispuso para el desplazamiento a Jerez de dos nuevos delanteros, recién llegados del Málaga: Moli y Cabrera, que se unían a la larga lista de refuerzos adquiridos para hacer frente a una campaña singular. Como la Federación Española había decidido reducir la Segunda a un solo grupo, la mitad de los participantes en los dos existentes hasta entonces se iría derecha a Tercera. Cada victoria tendría un valor de oro.
La tarde del 24 de septiembre, antes de que se alcanzara el descanso en el Estadio Domecq, donde jugó el Xerez hasta 1988, el Tenerife vencía con holgura (0-2). A base de hacerse con el control del juego en la parcela central, donde brillaban Bernal, Vicente y Pepe Juan, el cuadro insular se mostraba superior. El tercero, un interior diestro llegado de Las Palmas, primo hermano de Alberto Molina, estrenó el marcador a los ocho minutos, gracias a un disparo seco en el lanzamiento de un libre indirecto. Luego, en el minuto 35, José Antonio Barrios colocó el segundo tanto.
El intermedio le vino bien al Xerez. Echó el resto y se aprovechó de que el central blanquiazul, Vázquez, sufrió una lesión a los diez minutos de reanudarse el choque, lo que situó en inferioridad al Tenerife -no había posibilidad de realizar cambios- y obligó a Villar a retrasar a Sicilia a posiciones defensivas. En sólo dos minutos, los locales empataron, con goles de Canario y Villita, e incluso terminaron por voltear el marcador, gracias a un tercer tanto de Aramendi, en el minuto 68.
Entre las causas del gol se barajó que el sol, que brillaba con fuerza sobre Jerez de la Frontera, encandilara al guardameta tinerfeñista, el alicantino Antonio Gómez. De la misma manera que se apreció un exceso de confianza en las filas visitantes. Menos mal que Moli estuvo atinado en un contragolpe lanzado por Vicente y restableció la igualdad. Incluso, en el último minuto, Barrios gozó de una ocasión clara para batir a Justo, pero erró en el remate.
Concentrado en el hotel La Rábida, próximo a La Maestranza sevillana, a la espera del desplazamiento a Alcoy, Santiago Villar reconocía por teléfono, en declaraciones a Jornada, que la reacción del Xerez había sido “muy notable y vigorosa”. Con todo, lanzaba un mensaje de esperanza: “Creo que iremos a más; hoy se han hecho cosas muy buenas".
Campaña plagada de cambios
El verano futbolístico se calentó en julio de 1967, a partir del voto de censura contra José López, rector de la entidad desde 1962. El que la iniciativa fuera suscrita por cuatro ex presidentes (Juan de la Rosa, Antonio Perera, Domingo Pisaca y José Badía) acentuó la crisis. López renunció y fueron convocadas elecciones, a las que sólo concurrió Eduardo Valenzuela, quien ya había sido presidente en 1939, tras la guerra civil. Tomó posesión el 3 de agosto, ante las primeras autoridades, en un acto en el que se anunció la creación de un complejo deportivo alrededor del Estadio. Sus primeras tareas fueron para apuntalar la plantilla, que ya había empezado a retocar López Gómez. Fruto de las buenas relaciones con el Málaga y Las Palmas, a partir del traspaso de Justo Gilberto, llegaron nueve futbolistas: Vázquez, Delgado, Moli y Cabrera, del primero, y Pepe Juan, Vicente, Tony, Correa y Óscar, del segundo. No obstante, la directiva decidió destituir a José Luis Riera (en la foto) cuando sólo se habían disputado dos encuentros de Liga. Las desavenencias con el ex futbolista del Atléti eran patentes. El 21 de septiembre, cuando dirigía un entrenamiento, el catalán alegó motivos de salud para interrumpir la sesión. Al día siguiente le fue incoado un expediente disciplinario “por abandono injustificado de sus funciones”. Tras el relevo interino de Villar, le suplió Ramón Cobo, otro ex colchonero. Con el equipo metido en zona de descenso, del que no se salvó, fue despedido a falta de tres jornadas.
El Tenerife ha tocado a rebato para el encuentro de esta tarde. Herido en su orgullo por la “no” victoria en Las Palmas, hoy va a contar con la oportunidad de congraciarse con la parroquia blanquiazul, que me da que está deseosa de participar en un merecido desagravio. Tiene buena pinta este partido con el Elche. Cuenta con los ingredientes básicos para vivir una sesión de fútbol de las buenas. Como la de aquella noche en que Manolo Medina batió a Pedro Valentín Mora, quien luego fue guardameta del Barça, propiciando la victoria más espectacular del año del regreso a Segunda, en la temporada 71-72.
El Éibar recibió a los blanquiazules, en 1988, como líder y sin conocer la derrota, igual que el Tenerife fuera de la Isla.
