Antonio Pedrero Rodríguez (Santa Cruz de Tenerife, 24 de febrero de 1930) falleció el pasado día 12 de febrero en la capital tinerfeña, a la edad de 75 años. Jugador del CD Tenerife entre 1947 y 1959, fue el autor del primer gol en la historia del representativo en categoría nacional, obtenido el 12 de septiembre de 1953 en Jerez de la Frontera (Cádiz). Anteriormente fue partícipe en el ascenso a Segunda División, gracias a la eliminatoria frente al Orihuela. Perteneció, además, al Atlético de Madrid, UD Las Palmas y Cádiz.
Dentro de un amplio reportaje dedicado a su brillante trayectoria, publicado en las páginas de Jornada en 1980, el desaparecido periodista Tinerfe lo definía de esta manera: “Un delantero que basaba su éxito como jugador en la velocidad y el disparo fulminante y un nada despreciable remate de cabeza. Pero de manera especial, su principal cualidad era la enorme velocidad de arranque. Poseía un reprisse como el de los automóviles de carrera”.
Y eso que el propio Antonio, en declaraciones efectuadas al diario Marca, en el verano de 1954, coincidiendo con su fichaje por el Atleti, reconocía sin rubor que había jugado mucho tiempo con alpargatas y que ello repercutía en su estilo. Sea como fuere, su llegada al Tenerife, con 17 años de edad, tuvo como causa el olfato goleador que ya mostraba en las categorías infantil y juvenil, con el Noria y el Villalta, respectivamente, en el barrio del Cabo. En el segundo coincidió con otro grande del fútbol isleño, Santiago Villar, para seguir en adelante trayectorias paralelas.
El debut de Antonio con los colores blanquiazules se produjo en La Laguna, frente al Hespérides, en partido correspondiente a la categoría regional, en la que también militaban otros históricos, como el Real Unión, Price o Iberia. La presentación concluyó con derrota (3-0) y Antonio tuvo como compañeros a Mora, Basilio, Villar, Eusebio y Peregrino, entre otros.
Seis años más tarde, el 31 de mayo de 1953, tuvo ocasión de participar en el ascenso a Segunda División, al superar una eliminatoria con el Orihuela, en lo que constituye uno de los instantes clave dentro de los 85 años de historia del Tenerife. Aquel hecho supuso el salto a las competiciones regulares del fútbol español, sólo superado, en la década siguiente, con el primer ascenso a Primera. Fue uno de los artífices de la referida gesta, precedida de una liguilla con el Norte y la UD Tenerife.
El gol de Jerez
La presentación del Tenerife en categoría nacional tuvo como escenario la localidad gaditana de Jerez de la Frontera, el 12 de septiembre de 1953, frente al titular de esa población. Los isleños saltaron al campo con Cuco; Chicho, Isal, Perla; Villar, Servando; Óscar Julito, Antonio, Bolea y Paquillo, una alineación que quedó grabada en los anales del deporte insular. El gol inicial de ese partido, reflejado para la posteridad como el primero del Tenerife en las divisiones nacionales, fue obra de Antonio.
Al año siguiente, la extraordinaria capacidad realizadora de Antonio se vio recompensada con su traspaso al Atlético de Madrid, junto a Villar. El doctor Angel Capote y Antonio Perera gestionaron la operación, cifrada en 125.000 pesetas para el jugador y 300.000 para el Tenerife.
De regreso al representativo, con el que disputó otros cuatro campeonatos en Segunda, fue cedido brevemente a la UD Las Palmas para la disputa de una eliminatoria de Copa frente al Valencia, que terminó por resolverse a favor del cuadro “che”, en un desempate celebrado en Barcelona.
Más adelante, en 1957, durante el ecuador de esta segunda etapa como blanquiazul, estuvo a punto de proclamarse máximo goleador de la categoría, al marcar 23 tantos, aunque finalmente se vio superado por el sevillista Juan Araujo. En total, durante sus seis temporadas en Segunda con el Tenerife, Antonio completó un registro de 77 goles.
En el verano de 1959 volvió a probar fortuna lejos del Archipiélago, al fichar por el Cádiz. Tampoco tuvo suerte en esta ocasión y sufrió las consecuencias de un ambiente enrarecido en el seno de la entidad gaditana, que afectó a todas las instancias del club. Entonces decidió regresar definitivamente, en 1960, y poner fin a su dilatada carrera futbolista, pese a contar con ofertas del Rayo Vallecano y Tenerife.
Fueron Villar, Tomás y Julito los compañeros del Tenerife que mejor comprendieron sus facultades. “Cuando se daba un autopase, pegado a su marcador, y éste quería volverse, ya Antonio le había sacado más de tres metros de ventaja. Por eso el interior que mejor le entendió fue Julito, quien no le servía el balón al pie sino en profundidad, con ventaja para él; de esta forma, su vigilante de turno se veía impotente para contenerle”, explicaba Tinerfe en aquel reportaje de 1980.
Su paso por un Atleti canario
Cuando Antonio dio el salto a la capital de España tenía 24 años de edad y un futuro prometedor por delante. Desde el mes de junio de 1954, tras ocupar la undécima posición en la tabla clasificatoria, los ‘colchoneros’ se lanzaron a preparar la temporada siguiente, para lo que efectuaron una gira por Francia, Holanda y Suecia, donde el delantero tinerfeño tuvo la oportunidad de jugar con su nuevo equipo. Los rivales fueron el Grenoble, Sedan, Olympique de Lyon, First Viena e IF Kalmar. Dirigido por Jacinto Quincoces, el Atleti contaba con siete paisanos de las Islas: Pantaleón, Mújica, Hernández, Silva, Agustín, Miguel y Tacoronte. Allí coincidió, además, con futbolistas vinculados más adelante con el Tenerife, como Lozano, Heriberto Herrera, Pérez Andreu o Galbis, así como figuras de la talla de Enrique Collar y Adrián Escudero. De regreso a España, tras aquella gira, todavía en la pretemporada, Antonio cayó lesionado en un amistoso con el Valencia. La recuperación no sólo le costó cuatro meses de inactividad, sino también la vuelta a Tenerife, donde se reincorporó a la disciplina blanquiazul.
Reportaje publicado en El Día (13 de febrero de 2007)

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