No por la diferencia en el marcador, que lo fue, sino por la amplitud de espacio que recuperó el Heliodoro en sus gradas. Dos semanas depués del clásico regional, volvimos los de siempre. Cuándo aprenderé a obviar este tipo de reflexiones que sólo conducen a la frustración. El Tenerife tiene a su alrededor la masa afectiva que tiene y punto. No hay más vuelta. Así ha sido en el tiempo y me temo que así lo seguirá siendo.

Frente al Poli Ejido, a los habituales nos quedó un nuevo triunfo casero que, además, termina de acedentar el guarismo realizador del equipo. Cuatro puntos por encima del descenso, me da que habrá que agradecerle a Pedro Vega, de origen y pasado amarillo, la emotiva celebración de su gol. Espoleó al Tenerife y a su afición. ¡Gracias, satauteño, por esa manita!