
Tras participar en el estreno del Elche en Primera, Felipe recibió el elogio público de su entrenador, César Rodríguez, símbolo del barcelonismo.
“Correctísimo y disciplinado. Un gran muchacho”. Con estas palabras, César Rodríguez, entrenador del Elche en la temporada 59-60, valoró la participación del tinerfeño Felipe en la primera campaña ilicitana en la máxima categoría. Aunque en sí lo dice todo, el juicio llevaba la firma de uno de los grandes símbolos del barcelonismo, miembro de una famosa delantera de los 50, con Basora, Kubala, Moreno y Manchón, que Serrat inmortalizó en su canción “Temps era temps”.
La incorporación al Elche de Felipe Alberto Luis (Santa Cruz de Tenerife, 1936-1989) se produjo en 1959, después de una destacada campaña en el representativo. Tenía 22 años pero acumulaba bagaje profesional más que suficiente, tras militar en el Santander y Betis, que lo tenía cedido al Tenerife cuando el Elche se interesó en ficharlo para el estreno en Primera. De la mano de César, que hacía las veces de entrenador y jugador, su debut en la categoría tuvo lugar el 1 de noviembre, en el viejo Altabix, con una victoria sobre el Valencia (2-1).
La temporada se saldó con la permanencia y Felipe aprovechó una lesión del defensa Quirant para empezar a abrirse un hueco en aquel equipo, con el que disputó 12 partidos de Liga y en el que sobresalía el “cuadrado mágico” integrado por los sudamericanos Moll (entrenador del Tenerife entre 1973 y 1975), Laguardia, Cardona y Cayetano Ré.
Pero la trayectoria iniciada por Felipe de la mano de César perdió continuidad a la temporada siguiente. Ni Barrios ni Beltral contaron con el bravo defensor, devolviéndole a Quirant la titularidad. La 60-61 transcurrió en blanco para él, ya que sólo disputó un partido, el de la estrepitosa goleada ante el Real Madrid (8-0).
Vuelta al representativo
Para Felipe, el curso 61-62 llevaba derroteros parecidos al anterior, ahora con Juan Ramón Santiago en la dirección técnica. En paralelo, el Tenerife se estrenaba en Primera y la directiva de José Antonio Plasencia recabó de nuevo sus servicios. La vuelta se produjo, además, contra el mismísimo Elche. Fue el 29 de octubre de 1961, en la décima jornada, con los blanquiazules en la cola de la tabla y sin entrenador por la dimisión de Ljubisa Brocic. El sustituto accidental, Vicente Gimeno, lo alineó aquella tarde como medio. El desenlace no pudo ser peor: derrota (1-3) ante un rival directo. La crisis deportiva provocó la dimisión de Plasencia y Raimundo Rieu se vio obligado a tomar las riendas del club. Para el banquillo fue contratado el segundo entrenador del Barcelona, Enrique Rabassa, quien hizo lo que pudo, incluso con algún otro refuerzo de urgencias, como fue el caso de Jorge Larraz. Fue tanta la desesperación que se llegó a tentar al guardameta internacional Ramallets para que volviera a la actividad y “descolgara” las botas. El intento no fructificó. Rabassa contó con Felipe, sobre todo en el tramo final de la competición liguera, que concluyó con el descenso, contabilizando hasta doce comparecencias con el primer equipo. Asimismo, el zaguero tomó parte en el torneo de Copa, donde el Tenerife tuvo una actuación más decorosa.
Reportaje publicado en El Día (12 de mayo de 2007)

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