MARCADO POR EL CORAJE
A cuatro jornadas para el cierre de la Liga, Tenerife y Elche disputaban en el Heliodoro, en 1972, una final anticipada. Los locales perseguían la permanencia y los visitantes, el ascenso a Primera. El choque no defraudó las expectativas, pleno en ardor, combatividad, fuerza y tesón.
“Tengo plena confianza en mis jugadores”, afirmaba Héctor Núñez, con su optimismo característico, en vísperas de la visita del Elche, a pesar de los once puntos que le separaban del Tenerife. Quedaban cuatro jornadas por disputar y los ilicitanos ocupaban plaza de ascenso, situados en la tercera posición de la tabla. Una victoria en la Isla les daba para acariciar el retorno a Primera. Alrededor de 130 seguidores acompañaban al equipo levantino en su desplazamiento hasta el Archipiélago.
Pero la seguridad que mostraba el uruguayo en los suyos tenía fundamento. Embarcados en la aventura de permanecer en Segunda, una semana atrás habían vencido con solvencia al Ferrol y no estaban por la labor de perder la categoría que tanto costó recuperar un año antes. No era de extrañar, por consiguiente, que el partido tuviera carácter de final anticipada.
Pese a la expectación, desde el club se prefirió alterar el horario habitual, en la tarde del domingo, y fijar el comienzo a las ocho de la noche, para evitar la coincidencia con una corrida de toros en el coso de la capital tinerfeña. Se garantizaba de esa manera una afluencia sobresaliente de espectadores, en un choque declarado como jornada económica a beneficio del deporte aficionado.
Núñez alineó de salida a Domingo; Lesmes, Molina, Pepito; Mauro, Juan Miguel; Medina, Bergara, José Juan, Cabrera y Laguna. Enfrente, Roque Olsen dispuso a Mora; Poyoyo, González, Canós; Montero, Llompart; Vavá, Silvio, Sitjá, Romea y Melenchón.
La salida de los locales resultó espectacular, en sintonía con lo que había advertido el preparador del Tenerife. Con una marca especial sobre los futbolistas más peligrosos del equipo contrario, Sitjá y Melenchón, a cargo de Lesmes y Juan Miguel, el cuadro blanquiazul se hizo con la iniciativa y la primera intervención del guardameta Domingo llegó cinco minutos antes del descanso. Entonces, ya ganaban los de casa, gracias a un remate de Manolo Medina, después de que Pepito lanzara un saque de banda con su potencia habitual y metiera el balón dentro del área.
La segunda mitad resultó mucho más equilibrada, lo cual acabó por redundar en un partido pleno en “ardor, combatividad, fuerza y tesón”, como lo definió Tinerfe en su crónica para este periódico. “Pocas veces hemos presenciado un choque en el que los veintidós protagonistas se emplean con tantas dosis de coraje”, escribió el periodista. La victoria se quedó en casa. Tres semanas después, el Tenerife se salvó y el Elche no logró ascender.
Un ascenso firmado en la Isla
Igual que la derrota de 1972 desvió al Elche del ascenso, el triunfo del 14 de abril de 1959, en su primera visita, le valió para entonar el primer alirón a la división grande. Con César en funciones de entrenador-jugador, contaban con Cardona, quien se alzó con el título de máximo goleador. Además, ha sumado otras cuatro victorias, la última de ellas hace cuatro lustros, el 14 de febrero de 1988. Desde entonces, Tenerife y Elche han vuelto a enfrentarse siete veces más, imponiéndose los locales en cinco ocasiones. Una de ellas, la del curso 2003-04, permitió al representativo salir de las posiciones de descenso, con dos tantos de Keko.
Reportaje publicado en el periódico El Día (12 de abril de 2008)
