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TINTA VERDE

Categoría: Poetas de ayer

Yacía obscuro, los párpados caídos hacia lo terrible
acaso con el fin del mundo, con estas dos manos insomnes
entre el viento que me cruzaba con sus restos de cielo.
Entonces ninguna idea tuve, en una blancura enorme
se perdieron mis sienes como desangradas coronas
y mis huesos resplandecieron como bronces sagrados.
Tocabas aquella cima de donde el alba mana suavemente
con mis manos que traslucían un mar en orden mágico.
Era el camino más puro y era la luz ya sólida
por aguas dormidas, resbalaba hacia mis orígenes
quebrando mi piel blanca, sólo su aceite brillaba.
Nacía mi ser matinal, acaso de la tierra o del cielo
que esperaba desde antaño y cuyo paso de sombra
apagó mi oído que zumbaba como el nido del viento.
Por primera vez fui lúcido mas sin mi lengua ni mis ecos
sin lágrimas, revelándome nociones y doradas melodías;
solté una paloma y ella cerraba mi sangre en el silencio,
comprendí que la frente se formaba sobre un vasto sueño
como una lenta costra sobre una herida que mana sin cesar.
Eso es todo, la noche hacía de mis brazos ramos secretos
y acaso mi espalda ya se cuajaba en su misma sombra.
Torné a lo obscuro, a larva reprimida otra vez en mi frente
y un terror hizo que gozara de mi corazón en claros cantos.
Estoy seguro que he tentado las cenizas de mi propia muerte,
aquellas que dentro del sueño hacen mi más profundo desvelo.

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  • 21 de septiembre de 1902. Nace el poeta español Luis Cernuda, uno de los más destacados de la Generación del 27. Es autor de ensayos literarios, algunos de ellos publicados en diversos diarios de México, donde muere el 5 de noviembre de 1963.

    Aquí dos de sus inmortales poemas.


    DONDE HABITE EL OLVIDO

    Donde habite el olvido,
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo sólo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.



    QUÉ RUIDO TAN TRISTE

    Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
    parece como el viento que se mece en otoño
    sobre adolescentes mutilados,
    mientras las manos llueven,
    manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
    cataratas de manos que fueron un día
    flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

    Las flores son arena y los niños son hojas,
    y su leve ruido es amable al oído
    cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
    cuando besan el fondo
    de un hombre joven y cansado
    porque antaño soñó mucho día y noche.

    Mas los niños no saben,
    ni tampoco las manos llueven como dicen;
    así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
    invoca los bolsillos que abandonan arena,
    arena de las flores,
    para que un día decoren su semblante de muerto.

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  • Recordando un aniversario más de la muerte del gran Federico García Lorca.

    Oda a Federico García Lorca

    Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
    si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
    lo haría por tu voz de naranjo enlutado
    y por tu poesía que sale dando gritos.

    Porque por ti pintan de azul los hospitales
    y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
    y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
    y se cubren de escamas los pescados nupciales,
    y van volando al cielo los erizos:
    por ti las sastrerías con sus negras membranas
    se llenan de cucharas y de sangre
    y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
    y se visten de blanco.

    Cuando vuelas vestido de durazno,
    cuando ríes con risa de arroz huracanado,
    cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
    la garganta y los dedos,
    me moriría por lo dulce que eres,
    me moriría por los lagos rojos
    en donde en medio del otoño vives
    con un corcel caído y un dios ensangrentado,
    me moriría por los cementerios
    que como cenicientos ríos pasan
    con agua y tumbas,
    de noche, entre campanas ahogadas:
    ríos espesos como dormitorios
    de soldados enfermos, que de súbito crecen
    hacia la muerte en ríos con números de mármol
    y coronas podridas, y aceites funerales:
    me moriría por verte de noche
    mirar pasar las cruces anegadas,
    de pie llorando,
    porque ante el río de la muerte lloras
    abandonadamente, heridamente,
    lloras llorando, con los ojos llenos
    de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

    Si pudiera de noche, perdidamente solo,
    acumular olvido y sombra y humo
    sobre ferrocarriles y vapores,
    con un embudo negro,
    mordiendo las cenizas,
    lo haría por el árbol en que creces,
    por los nidos de aguas doradas que reúnes,
    y por la enredadera que te cubre los huesos
    comunicándote el secreto de la noche.

    Ciudades con olor a cebolla mojada
    esperan que tú pases cantando roncamente,
    y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
    y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
    y además caracoles y semanas,
    mástiles enrollados y cerezas
    definitivamente circulan cuando asoman
    tu pálida cabeza de quince ojos
    y tu boca de sangre sumergida.

    Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
    y, sollozando, derribar relojes,
    sería para ver cuándo a tu casa
    llega el verano con los labios rotos,
    llegan muchas personas de traje agonizante,
    llegan regiones de triste esplendor,
    llegan arados muertos y amapolas,
    llegan enterradores y jinetes,
    llegan planetas y mapas con sangre,
    llegan buzos cubiertos de ceniza,
    llegan enmascarados arrastrando doncellas
    atravesadas por grandes cuchillos,
    llegan raíces, venas, hospitales,
    manantiales, hormigas,
    llega la noche con la cama en donde
    muere entre las arañas un húsar solitario,
    llega una rosa de odio y alfileres,
    llega una embarcación amarillenta,
    llega un día de viento con un niño,
    llego yo con Oliverio, Norah
    Vicente Aleixandre, Delia,
    Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
    la Rubia, Rafael Ugarte,
    Cotapos, Rafael Alberti,
    Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
    Molinari,
    Rosales, Concha Méndez,
    y otros que se me olvidan.
    Ven a que te corone, joven de la salud
    y de la mariposa, joven puro
    como un negro relámpago perpetuamente libre,
    y conversando entre nosotros,
    ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
    hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
    para qué sirven los versos si no es para el rocío?

    Para qué sirven los versos si no es para esa noche
    en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
    para ese crepúsculo, para ese rincón roto
    donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

    Sobre todo de noche,
    de noche hay muchas estrellas,
    todas dentro de un río
    como una cinta junto a las ventanas
    de las casas llenas de pobres gentes.

    Alguien se les ha muerto, tal vez
    han perdido sus colocaciones en las oficinas,
    en los hospitales, en los ascensores,
    en las minas,
    sufren los seres tercamente heridos
    y hay propósito y llanto en todas partes:
    mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
    hay mucho llanto en las ventanas,
    los umbrales están gastados por el llanto,
    las alcobas están mojadas por el llanto
    que llega en forma de ola a morder las alfombras.

    Federico,
    tú ves el mundo, las calles,
    el vinagre,
    las despedidas en las estaciones
    cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
    hacia donde no hay nada sino algunas
    separaciones, piedras, vías férreas.

    Hay tantas gentes haciendo preguntas
    por todas partes.
    Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
    desanimado,
    y el miserable, el árbol de las uñas,
    el bandolero con la envidia a cuestas.

    Así es la vida, Federico, aquí tienes
    las cosas que te puede ofrecer mi amistad
    de melancólico varón varonil.
    Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
    Y otras irás sabiendo lentamente.

    Pablo Neruda

    **************************************************

    Federico García Lorca
    Biografía

    1898-1936
    1898 El 5 de junio nace Federico García Lorca en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, hijo de Federico García Rodríguez y Vicenta
    Lorca Romero. Será el mayor de cuatro hermanos: Francisco, Concha e Isabel.

    1908 Pasa unos meses en Almería, donde comienza sus estudios de bachillerato. Primeros estudios de música. 1909 se traslada con
    su familia a vivir a Granada.

    1915-1917 Estudios de Filosofía y Letras y de Derecho en la
    Universidad de Granada. Amistad con el núcleo intelectual granadino (Melchor Fernández Almagro, Miguel Pizarro, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael G. de la Serna, Angel Barrios,...). Viajes de estudios, dirigidos por el Catedrático Martín Domínguez Barrueta, por Andalucía, Castillla y Galicia. Inicia su amistad con el compositor Manuel de Falla, quien fija su residencia en Granada.

    1918 Publica en Granada su primer libro Impresiones y Paisajes y
    escribe algunos poemas que aparecerán más tarde en su primer libro de versos, Libro de Poemas.


    1919-1924
    1919 Se instala en la Residencia de Estudiante de Madrid, donde viviráhasta 1928. En estos años conocerá a Luis Buñuel, Salvador Dalí, José Moreno Villa, Emilio Prados, Pedro Salinas, Pepín Bello....

    1920 El estreno en el Teatro Esclava de Madrid de su obra El maleficio de la Mariposa supone un total fracaso. Se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras. Inicia la redacción de las Suites.
    1921 Publica Libro de Poemas. En noviembre escribe la casi totalidad del Poema del Cante Jondo. Juan R. Jiménez incluye en su revista Indice poemas de Lorca.

    1922 Lee, en el Centro Artístico de Granada, su conferencia El Cante Jondo. Primitivo canto andaluz. 13-14 de junio: se celebra en la plaza de los Aljibes de la Alambra de Granada la "Fiesta-concurso del cante jondo". Empieza la redacción de la tragicomedia de Don Cristóbal y la señá Rosita.

    1923 Enero: con ocasión de la fiesta de los reyes Magos, se celebraen su casa una función de Títeres organizada por él y por Falla. Primeros dibujos. Asiste, en Madrid, al banquete en honor de Ramón Gómez de la Serna. En junio se licencia en Derecho por la Universidad de Granada. En el otoño Salvador Dalí llega a la Residencia de Estudiantes. Amistad con el pintor Gregorio Prieto y con Rafael Alberti. Juan Ramón Jiménez le visita en Granada.

    1925-1928
    1925 Termina Mariana Pineda. Primavera: Primera estancia en Cadaqués, en casa de la familia Dalí.

    1926 Realiza numerosas excursiones, principalmente por las Alpujarras,con Manuel de Falla. La familia adquiere la Huerta de San Vicente, en la vega granadina, donde para frecuentes temporadas. La Revista de Occidente publica su Oda a Salvador Dalí. Lee en el Ateneo de Valladolid poemas de sus libros en preparación (Suites, Canciones, Cante Jondo y Romancero Gitano).
    1927 Publica el libro Canciones. Segunda estancia en Cataluña. La
    compañía de Margarita Xirgu estrena Mariana Pineda en el Teatro
    Goya de Barcelona. El grupo de L´Amic de les Arts (S. Gasch, J.V.
    Foix, L. Montanya, S. Dalí,...) organiza, en las Galerías Dalmau
    de Barcelona, una exposición de sus dibujos. La compañía de
    Margarita Xirgu estrena Mariana Pineda en el Teatro Fontalba de
    Madrid. Conoce a Vicente Aleixandre. Diciembre: el Ateneo de
    Sevilla, en ocasión del Homenaje a Góngora, organiza una lectura
    de Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Gerardo
    Diego, Juan Chabás, José Bargamín y Rafael Alberti. Conoce a Luis
    Cernuda y Joaquín Romero Murube.

    1928 Un grupo de intelectuales granadinos, dirigidos por Federico
    García Lorca, funda la revista Gallo, de la que se publicarán dos
    números. Publica en la Revista de Occidente su primer Romancero
    Gitano. Publica, de modo parcial, la Oda al Santísimo Sacramento
    del Altar. Lee en la Residencia de estudiantes la conferencia
    Canciones de Cuna Españolas.

    1929-1932
    1929 Segunda edición de Canciones. Estreno de Mariana Pineda en Granada. Junio: Sale para los Estados unidos, vía París-Londres,
    en Compañía de Fernando de los Ríos, arribando a Nueva York. Se
    matricula en la Universidad de Columbia. Frecuenta teatros, cines,
    museos y se apasiona por el jazz. Veranea en Vermont, huésped de Philip Cummings, y luego en Catskill mountains, con Angel del Río. De vuelta a Nueva York se instala en el John Jay Hall de la
    Universidad de Columbia, donde permanecerá hasta enero de 1930.
    Comienza a trabajar en lo que será Poeta en Nueva York, escribe el guión de Viaje a la Luna y empieza El Público.

    1930 Pronuncia unas conferencias en la Universidad de Columbia y
    en el Vassr College. El torero Ignacio Sánchez Mejías y la cantante La Argentinita le visitan en Nueva York Invitado por la Institución
    Hispano-Cubana de Cultura marcha a La Habana, donde pronuncia varias conferencias y termina El Público. De vuelta a España, estrena en Madrid la versión breve de La Zapatera prodigiosa.

    1931 Publica algunos poemas de Poeta en Nueva York. Publica el Poema del Cante Jondo. Termina Así que pases cinco años. Dirige y funda con Eduardo Ugarte el teatro universitario ambulante La Barraca.
    Conferencia y lectura de poemas de Poeta en Nueva York en la
    Residencia de Señoritas, de Madrid.

    1932 Conferencias en Valladolid, Sevilla, Salamanca, La Coruña,
    San Sebastián y Barcelona. Escribe Bodas de Sangre. Exposición de dibujos en el Ateneo Popular de Huelva. Primera salida de La Barraca que representa obras del teatro clásico español en varios pueblos de la península.

    1933-1936
    1933 Estreno de Bodas de Sangre en el teatro Beatriz de Madrid, y de Amor de Don Perlimplín en el español. Se publica en Méjico la Oda de Walt Whitman.

    1933-1934
    Triunfal estancia en Argentina y Uruguay. En Buenos Aires da conferencias y asiste a las clamorosas representaciones de Mariana Pineda, Bodas de Sangre y la Zapatera prodigiosa. Conoce a Pablo Neruda. Bodas de Sangre alcanza un gran éxito, sobrepasando las cien representaciones. Estancia en Montevideo donde pronuncia varias conferencias. Regresa a España en el mes de Mayo. Muere en la plaza de toros de Manzanares, Cuidad Real, su amigo el toreo Ignacio Sánchez Mejías. Continúan las representaciones de La Barraca. Pasa a limpio el original de Diván del Tamarit. Estreno triunfal de Yerma en Madrid por la compañía de Margarita Xirgu.

    1935 Publica el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Trabaja en Doña Rosita la Soltera o el Lenguaje de las Flores. Estancia en Barcelona, donde da conferencias y asiste a las representaciones de Yerma y Bodas de sangre. Estrena Doña Rosita la Soltera y trabaja en los Sonetos. La compañía de Lola Membrives estrena La Zapatera prodigiosa en el teatro Coliseum de Madrid.
    1936 Publica Primeras Canciones. Concluye La Casa de Bernarda Alba, que no se representa hasta 1945 en Buenos Aires. participa en un homenaje a Luis Cernuda. 13 de julio: sale de Madrid hacia Granada.

    18 de julio. Alzamiento militar contra el Gobierno de la República.
    16 de agosto: es detenido.

    19 de agosto: Federico García Lorca es asesinado en Víznar (Granada). Deja inédita e inconclusa una numerosa
    obra.

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  • Después de un tiempo,
    uno aprende la sutil diferencia
    entre sostener una mano
    y encadenar un alma,
    y uno aprende que el amor
    no significa acostarse
    y una compañía no significa seguridad
    y uno empieza a aprender.
    Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
    y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir
    todos sus caminos en el hoy,
    porque el terreno de mañana
    es demasiado inseguro para planes...
    y los futuros tienen una forma de
    caerse en la mitad.
    Y después de un tiempo
    uno aprende que si es demasiado,
    hasta el calorcito del sol quema.
    Así que uno planta su propio jardín
    y decora su propia alma, en lugar
    de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
    que uno realmente es fuerte,
    que uno realmente vale,
    y uno aprende y aprende...
    y con cada día uno aprende.

    Jorge Luis Borges


    *Aunque algunos dicen que este poema se atribuye erróneamente a Borges.


    Cito:
    "Incluyo esta FAQ porque ya he recibido varios e-mails preguntando si 'Y uno aprende' pertenece o no a Borges. La respuesta es: DEFINITIVAMENTE NO. Este texto no se parece a nada de lo que Borges escribió en toda su vida.

    Por su sintaxis y estructura, pareciera que este poema ha sido traducido de un original en inglés. Desconozco quién es el autor de ese original, si es que éste existe; tampoco sé cuándo fue escrito. En todo caso, este poema es tan diferente en vocabulario, estilo y forma de todo cuanto Borges ha escrito, que no puede caber ninguna duda: con total certeza, este poema no fue escrito por Borges".

    http://www.internetaleph.com/detail/showdetail.asp?objtype=4&objid=8&langid=es&pid=74


    En fin, que discutan los que saben... a mi me llega, me emociona y me provoca.
    Lu

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  • JUAN EMAR

    Juan Emar
    (1893 - 1964)

    Un cosmos de palabras

    Álvaro Yánez Bianchi nació en Santiago de Chile, el 13 de noviembre de 1893, el mismo año que su gran amigo Vicente Huidobro. A principios de 1923, después de una estadía de cuatro años en París, regresó a Chile metamorfoseado en Juan Emar, nombre derivado de una suerte de fonética a la letra de laexpresión francesa J' en aí marre, "estoy harto". Este fue el seudónimo que utilizó tanto para sus libros como para los artículos y columnas que publicó en el diario La Nación, de propiedad de su padre, don Eliodoro Yáñez.

    En Europa conoció las nuevas tendencias del arte contemporáneo y decidió dar a conocer la tremenda ebullición que se vivía en torno a las nacientes concepciones estéticas. Fue así como se puso a trabajar en La Nación, principal soporte para el despliegue de sus ideas. Entre 1923 y 1927 publicó artículos que encontraron la oposición y el rechazo de la academia y de la crítica oficial. Sus "Notas de Arte" fueron el semillero donde se dieron a conocer las certezas y los desafíos de lo que estaba recién formándose en el arte y el pensamiento contemporáneos.


    Viajero frecuente entre América y Europa, regresó nuevamente a Chile en 1932, poco después de la caída de la dictadura de Ibáñez y poco antes de la muerte de su padre. Esta vez se dedicó a los libros que publicó en vida: Miltín 1934, Ayer y Un año, editados por Zig-Zag en 1935.


    La crítica de la época guardó silencio. Apenas algunas reseñas dieron cuenta de la aparición de una nueva manera de escribir, de una narración que rompía con los esquemas tradicionales.
    Dos años después publicó Diez, el libro de cuentos que prologó Pablo Neruda en una reedición de 1971. Tampoco pasó mucho, aunque algunos de sus relatos fueron antologados y siempre se ha considerado el libro más exitoso de los que dio a luz.


    Emar no quiso saber nunca más de publicar una nota, un artículo, una opinión y, mucho menos, un libro. Se encerró a escribir una enorme novela, de la que apenas daba algunas noticias a sus más cercanos. Murió en abril de 1964, en Chile, sin haberla terminado.

    En 1996, la Dibam y el Centro de Investigaciones Barros Arana decidieron publicarla bajo el nombre de Umbral con un total de 4 mil 134 páginas. En esas miles de paginas, Juan Emar trabajó durante más de 20 años. Quien siempre se sintió harto del mundo, construyó un cosmos de palabras que pudiese ser habitado tanto por Alvaro Yánez como por Juan Emar.


    ARMONÍA: ESO ES TODO

    “¡Han concluido los santos tiempos en que el artista amaba lo bello y lo trasponía en la tela para dulce gozo y reposo del hombre atareado!”, decía el escritor chileno Juan Emar (1893-1964) en sus Notas de Arte.

    Emar desarrolló durante toda su vida, y en forma paralela a la escritura, una abundante obra gráfica. Un centenar de estas piezas están expuestas en la Galería de Cristal de la Biblioteca Nacional.




    Organizada en conjunto por el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional y la galería de arte Cité Jofré al Fondo, la exposición “Armonía: eso es todo” reúne una abundante selección de croquis realizados en los años 40.


    “Los dibujos de Juan Emar son trazos del intento de una obra totalizadora, que alcanza su máxima expresión en esa novela monumental de más de 5.000 páginas llamada Umbral”, explica el poeta y conservador del Archivo del Escritor, Thomas Harris. “Pero también de los textos de carácter reflexivo y autobiográficos de sus primeros “Diarios”, que acompañan como una suerte de contrapunto a la expresión gráfica en esta muestra”, agrega.

    Exposición:Armonía: eso es todo
    Autor:Juan Emar
    Lugar:Biblioteca Nacional
    Dirección:Alameda 651
    Fecha:Del 5 al 27 de julio

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  • Archivado en: Artículo Poetas de ayer Especiales
  • Este 12 de julio Neruda habría cumplido 103 años.

    Se ha dicho y escrito tanto sobre él. Quiero, en esta oportunidad, recordar El libro de las Preguntas, cuestiones a las que suelo inventarles una respuesta a modo de ejercicio para la imaginación y por que no decirlo, para jugar, como simplemente lo hace un niño. Refresca el alma, créanlo.

    Dejo aquí planteadas algunas de esas preguntas -la respuesta corre por cuenta de ustedes.

    Lu

    ************************************************

    ¿Qué pasa con las golondrinas
    que llegan tarde al colegio?

    ¿Qué dice la vieja ceniza
    cuando camina junto al fuego?

    ¿Cuántas preguntas tiene un gato?

    ¿Por qué se suicidan las hojas
    cuando se ponen amarillas?

    ¿Cómo agradecer a las nubes
    esa abundancia fugitiva?

    ¿Dónde se fueron las Donaldas
    las Clorindas, las Eduvigis?

    ¿Cómo se llama ese cocktail
    que mezcla vodka con relámpagos?

    ¿Cómo logró su libertad
    la bicicleta abandonada?

    ¿Sabes que meditaciones
    rumia la tierra en otoño?

    ¿Cómo se llama una flor
    que vuela de pájaro en pájaro?


    ***********************************************

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  • Archivado en: Artículo Poetas de ayer Poetas de hoy
  • LA VISIÓN
    Yacía obscuro, los párpados caídos hacia lo terrible
    acaso con el fin del mundo, con estas dos manos insomnes
    entre el viento que me cruzaba con sus restos de cielo.
    Entonces ninguna idea tuve, en una blancura enorme
    se perdieron mis sienes como desangradas coronas
    y mis huesos resplandecieron como bronces sagrados.
    Tocabas aquella cima de donde el alba mana suavemente
    con mis manos que traslucían un mar en orden mágico.
    Era el camino más puro y era la luz ya sólida
    por aguas dormidas, resbalaba hacia mis orígenes
    quebrando mi piel blanca, sólo su aceite brillaba.
    Nacía mi ser matinal, acaso de la tierra o del cielo
    que esperaba desde antaño y cuyo paso de sombra
    apagó mi oído que zumbaba como el nido del viento.
    Por primera vez fui lúcido mas sin mi lengua ni mis ecos
    sin lágrimas, revelándome nociones y doradas melodías;
    solté una paloma y ella cerraba mi sangre en el silencio,
    comprendí que la frente se formaba sobre un vasto sueño
    como una lenta costra sobre una herida que mana sin cesar.
    Eso es todo, la noche hacía de mis brazos ramos secretos
    y acaso mi espalda ya se cuajaba en su misma sombra.
    Torné a lo obscuro, a larva reprimida otra vez en mi frente
    y un terror hizo que gozara de mi corazón en claros cantos.
    Estoy seguro que he tentado las cenizas de mi propia muerte,
    aquellas que dentro del sueño hacen mi más profundo desvelo.
    ***********************
    *********************************************
    LA INTOLERABLE UNIÓN DE LOS DESPOJOS

    Todo se ha consumado de
    golpe
    Como una trompeta
    te has partido en dos
    y sale un chirrido
    no sale de ti
    sino de la sorda conclusión
    del tiempo

    Sale el fantasma
    que porfiaba en las
    conversaciones
    Recuerdas?
    Recuerdas el súbito crujido
    de la seda?
    La insurrección de las
    sillas?
    La camisa cada vez más
    lívida?

    Decías
    Entré!
    Pero nadie entraba
    Pero un remolino de música
    consumía el espacio
    y quedábamos atónitos
    sosteniendo
    la cúpula encendida de
    otro mundo

    Ahora
    el fantasma tiene aberturas
    de boca
    y nada dice
    Nadie dice nada

    Las cosas se apagan
    lentamente
    En tu feroz mordaza
    quedan palabras quedan
    besos

    Nadie dice nada
    porque nada tiene sentido
    Lo irrevocable
    es una verdad vacía
    que nos acecha
    sin razón verdadera

    Al contemplarte
    nos contemplamos
    petrificados
    vivos!

    Oh forma! Oh crepitación
    de la forma
    que nos liberta de la nada
    al mismo tiempo que a ella
    nos conduce!

    Debo alabar o
    execrar
    tu muerte
    como el desdoblamiento
    infinito
    de una presencia apenas
    perceptible
    No sé
    Tengo vendada el alma

    Sólo quiero
    ungir tus ojos con el
    claror de mi vida

    Te recuerdo
    como un caballo espumoso
    tascando
    el freno de la muerte
    como un cíclope
    luchando contra una pared
    cornuda
    Tierno
    cazando una estrella
    perdida
    en tu cuerpo

    Humilde
    cuidando una paloma
    coja
    Iracundo
    ante la mesa vacía
    del pobre

    Te has juntado
    contigo mismo?
    Y de qué te vale
    el cumplimiento de una
    soledad
    más vasta?
    Allí
    no sé dónde
    tallando con tus dientes
    un bosque de marfil
    sin intención valedera?
    Sólo abundabas en tu
    prójimo.


    El poeta, diplomático y educador Humberto Díaz-Casanueva nació el 8 de diciembre de 1906, en Santiago, en el seno de una familia de clase media católica, y recibió una formación religiosa durante su infancia. En 1914 ingresó al Liceo de Aplicación, del que fue expulsado el año 1921, al fundar el grupo de estudios Centro José Ingenieros y ser acusado de “hereje” por un profesor de religión. Continuó sus estudios en la Escuela Normal José Abelardo Núñez, obteniendo su título de profesor normalista a los 17 años.

    En la primera mitad de los agitados años '20, Díaz-Casanueva comenzó a relacionarse con el ambiente literario e intelectual de la época, en el que conoció a Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda, entre otros. De esos años, data su amistad con el poeta Rosamel del Valle, unión poética y fraternal que perduraría hasta la muerte del segundo. En 1926, Humberto Díaz-Casanueva publicó su primer libro, El aventurero de Saba, a la vez que participó activamente en las movilizaciones del profesorado en pro de la reforma educacional. La actividad gremial y política que desarrolló lo llevaría a su primer exilio en 1928, bajo la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo.

    Poseedor de una poesía muchas veces catalogada de hermética, Díaz-Casanueva desarrolló en sus textos una poética que suele moverse en los límites de lo místico y la filosofía metafísica, como exhiben estos versos de La estatua de sal (1947): “Aquí está el mundo aparente y adentro el mundo sellado y ambos me son/ recíprocos y en ambos escarbo/ buscando la fuente que me derrama”. La suya es una búsqueda constante de preguntas en torno a la trascendencia y la existencia del hombre, evidenciada en gran parte de su proyecto escritural, como Réquiem (1945), La hija vertiginosa (1954) o El hierro y el hilo (1980), inspirada en su hija Luz Maya. Su obra funciona -al decir del poeta y crítico Naín Nómez en su Antología crítica de la poesía chilena, tomo II- “como puente entre el surrealismo y los antiguos poetas románticos y simbolistas”, en un momento de la poesía chilena dominado por las tendencias vanguardistas que surgieron en la primera mitad del siglo XX. Dan cuenta de ello diversos artículos y notas de prensa, de autores de la talla de Gabriela Mistral y Rosamel del Valle, entre otros.

    Hombre de diversas capacidades, Humberto Díaz-Casanueva conjugó su oficio de poeta con su compromiso humano, desarrollando importantes labores de difusión y denuncia en torno al tema de los Derechos Humanos y la segregación racial. Estos y otros temas los abordó desde diversos discursos, escritos y artículos, así como desde su misma producción poética, como es el caso de El niño de Robben Island (1985). Además, desarrolló una larga carrera diplomática y académica, que se extendió incluso después del Golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, de cuyo gobierno Díaz-Casanueva fue embajador ante la ONU.

    Miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, se hizo merecedor del Premio Nacional de Literatura en 1971. Humberto Díaz-Casanueva murió en Santiago en 1992.

    Memoria Chilena.

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  • TANGOS DEL ORFELINATO

    No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
    La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo;
    y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
    Siempre llegarás a esta ciudad.

    C. P. CAVAFIS

    si el desastre fuese pudoroso conmigo,
    yo sería, pudorosa con él, supongo
    pero siendo así las cosas, yo también soy lujosa.
    Tener y no tener sería la novela de mi
    pasión rota de lencería, inundada puntilla del corazón,
    Tener y no tener

    si esa rubia de peinado violento sonriera
    con menos placer, la vida sería, en fin, menos canalla
    la camisa que la cubre de seda blanca no mejora un paisaje de lenta desviación
    y al fondo del mostrador, rancio, con anillo de sello en el
    anular que se hunde en ceniza, un hombre mira a su
    acompañante
    Mejilla a mejilla sería la novela de mi
    pasión

    cheek to cheek cantaría mi novela la
    voz de Sarah.

    caricia de tu mano breve
    el placer, el desdén, el vínculo perverso que retiene a los
    desdichados en la pecera del abrazo
    breve
    el clima de la fiesta se pierde como aguas de riego entre las
    franjas del balcón.
    La fiesta se apagaba
    era el vientre de un insecto luminoso que se sostuvo un
    instante en el aire que encierran las manos de un niño
    breve Tangos del orfelinato.

    el cabello cortado a navajazos sobre la
    frente
    y el largo paredón de la curtiembre para que los ojos
    miren agrandados en la delgadez del rostro
    sombra de las niñas expósitas sobre los pómulos
    soy la que mira con insistencia caer los granos de sal
    sobre la babosa que se disuelve en las baldosas del patio
    ahuyentar con la mano esos rotos
    mechones que molestan la frente
    soy la dejada con una manta en los hombros la tocada
    por la sospecha

    me querías pecadora? Yo te daré indo-
    lencia semejante al destierro.

    __esa blanda extensión de campo se ve
    desde la curva de la ruta
    murmurada en ajustados labios, estas palabras que a
    nadie atraen, que nada piden como otra respiración.
    Un alambre corta la planicie delgado arpón clavado en
    un horizonte esquivo temblores en un páramo errado.
    Se escucha rasante el quejido de los motores, exigidos
    por una velocidad que es pánico
    el pedregullo salta en la banquina escasa magros fuegos
    de artificio que se extinguen en lo que tarda un camión en
    recorrer la curva con su acoplado de bestias para entregar
    a los matarifes
    una palabra murmurada en ajustados labios
    pronto la sombra apretará la tierra
    desaparecerá el campo y las tenues flores de alfalfa en la
    intemperie cenizas que el viento afloja
    bocina atónita en el desvío de un muelle de cal
    ¿seré tan triste como esa palabra que en
    mi boca se retuerce como un lagarto blanco?
    rosa de piedra en la boca de un lastimado

    cenizas en la curva.

    y ella dijo: __ avanzar en la noche de
    pasillos circulares con una vela en la mano.
    A veces, un escalón de piedra me hacía tropezar hongos
    de un rosa viejo, cicatrices
    y después esa carpa de lona junto a las vías, un llanto de
    animales atados, la ráfaga con un quejido de ruedas
    girantes en carriles helados.
    La noche era hundida como un balde en un pozo.

    Temblorosa llama. Las gotas de sebo impregnaban el
    vestido de viyela gris
    era triste entonces?. Era descalza en un
    corredor con su extrema claraboya cayendo en el
    descampado?.
    Supongo la mirada extraviada en una noche al fin plana
    sobre el pastizal
    y el miedo como una respiración en la nuca rapada

    Atardecía cuando me cortaron la trenza. Cayó circular
    al canasto.

    el devoto paso de los animales a las
    aguas.
    En plástica humillación, ese recorrido elude todo infierno.
    Ellos están mansos en su olfato. Conocen su deseo como
    nosotros las marcas de la frente
    una tensión de bestias en el polvo
    y las lenguas pesadas, entregadas al paisaje que aguarda.
    La huérfana soy yo entre los animales
    que embisten empecinados.
    La huérfana soy yo sin mandato que
    termine con la sed
    soy la que está en el fuego de la estampida.
    quizás en mi monedero sostenga,
    remota, un arma pequeña, de dama, adornada con
    incrustaciones de nácar
    un instrumento cursi para matar.

    un vestido de viyela opaca, con pespun-
    tes en los puños y el cuello que cae en envejecidos pétalos
    bordeando la garganta. En la pechera también pespuntes
    y botones de un menguado azul.
    Para ese tablero agrio de escarcha
    un derramado vestido en patios de invierno.
    nada palpita en esta franja que la desidia
    absorbe
    una película que el ácido impregna
    revelaciones en un ámbito negro

    y después ese tiempo de convalecencia
    el pabellón con una suave fila de camas de hierro frente a
    largos ventanales
    ir hasta los vidrios con un rengueante
    camisón de franela cubriendo el deterioro
    el campo es una helada curva hacia la ruta, el plateado
    sonido de los álamos, portones movibles que separan
    camiones tapados con lona, cortezas empalidecidas por la
    cal, las líneas de alambre manchadas de ligustro
    paisaje blanco espuma de la peste
    el cartel de chapa se agita en la intemperie, como la
    bandera de una patria se desparrama para cubrir el
    cuerpo de sus tullidos
    un amargo olor quemado desprende la
    estufa con velas de loza entristecidas por el humo
    las sábanas se derraman en los mosaicos
    sin orden. El ventanal dilata un páramo de arcilla
    empapada. Dibujos de agua adornan la tierra fría
    ventanal de La Matanza

    tengo mi zapato en la mano
    de cordones apretando el cuero, de alta suela negra:
    un zapato de invierno.

    la taza debe parecer excesivamente
    blanca en contraste con la boca pintada -- No deberíamos
    acercarnos a objetos tan nítidos
    envuelta la garganta por un extenso
    pañuelo de gasa, todo rostro es más plácido y se esfuma
    como una lancha en esa agua extrema donde el cielo deja
    de fluir
    no deberíamos acercarnos a objetos tan
    nítidos
    una taza un sobre en el que la lengua impone un
    poder; las uñas esmaltadas de rojo y tres desnudas
    cebollas en el mármol
    no deberíamos acercarnos a esa brus-
    quedad del objeto que satura como un golpe
    no deberíamos ser honestos en el terror.
    Mejor palidecer como esa línea de álamos en la tormenta.
    Mejor estar callada mientras la fiebre unta las sienes con
    grasa de ciervo
    mejor esperar a que las hojas del nogal apacigüen el sende-
    ro de piedras rojas. Parques con una pálida herida de
    mármol pierden su agua rara, lastimosa hundimientos
    en la frondosa oscuridad.
    no deberíamos acercarnos a objetos tan
    nítidos.
    Zonas que no conocen piedad.

    ortigas quiere la desilusión ortigas en
    canastos con tierra removida y la boca de mi padre
    hablando de los muebles de entre los que me sacó
    "un remate, decía, de muebles rotos, sucios,
    desclavados. Ahí estabas dormida y te compré"
    _ ¿cuantas monedas, papá, quitaste de tu chaleco para mí,
    por mí?
    "pocas, hija, pocas"
    _ ¿debo entonces unas monedas eternas?

    él murió hace ya 6 años. Un hombre
    viejo, rencoroso. Pasaba días sin afeitarse.

    como si un hombre entrara a una habitación
    y encontrase el brillo de un animal hundido entre
    bambúes agudos
    y la respiración de lo que sufre fuese el deshacerse de un
    papel que el fuego consume entre los dedos
    y la mujer __ese animal enfermo__ pidiese agua con los
    labios abiertos hacia la noche que es tinta en los vidrios de
    la ventana
    como si un hombre entrase y cerrara tras
    de sí la puerta.
    El hombre se completa afirmándose en una herida que
    sabe vulgar

    la susurrante erótica es sólo ese estorbo entre bambúes.

    un cuerpo lastimado está tendido, boca
    abajo, sobre mi pecho. Un calor de sangre se derrama en
    mis piernas el calor de un cuerpo que olvidó la
    vanidad y sólo descansa
    el desdén muerde del corazón como de
    una escudilla el perro de la casa. La rotura que la lluvia
    hizo en el techo está sobre mis ojos
    si se dilata luz que el foco arroja, ya no
    tendré verdad, ni mentira

    el pudor requiere de tenues construcciones.

    de aquel hombre no le creo la herida.
    Cuando la cicatriz estire una línea de escurridizos bordes
    llameantes
    tampoco creeré su herida.
    ¿por qué confiar?. Si yo hubiese sido así
    lastimada, a nadie le daría una verdad
    ni daría dátiles. No le daría nada a nadie.
    los desesperados no son confiables. Sería
    un idiota el que arriesgara por mí su moneda. Sería un
    encandilado por el quejido por el frenesí del que ruega
    calmantes con labios blancos.
    no hay gloria ninguna en la mutilación
    ya no creo en heridas. No creo en la sangre derramada.
    El viento se retuerce entre altos pastos. Los jugadores de
    cartas miran sus diamantes y saben que es poco.
    Las aguas turbulentas golpean ventanas opacas, de
    vidrios empañados por un aliento roto y esa mirada
    desvalida del que perdió, se entierra en mi garganta como
    una respiración intrusa.

    de su herida no es cierto el tajo ni el
    olor de la gangrena ni la navaja que como un pez sutil,
    ha quedado en el acuario negro de mosaicos.
    Sólo esa manera de aproximar el cuerpo
    al lavatorio, de raspar con una esponja la falta, tiene algo
    de verdad
    y no es amor lo que pierde la herida,
    no es la fatalidad de una pasión insensata.
    Es sólo sangre.

    El gesto que con la mano en alto, los dedos molestando
    el aire, dice adiós
    es el gesto de las mutaciones
    devorado por la intensidad de los aviones que cruzan la
    pista.
    N No volveremos a estrecharnos las cabezas desnudas
    bajo la ráfaga.
    N No volveremos.
    Somos el desesperado giro del insecto tocado por el
    veneno.

    y ella dijo: __sueño y desorden. La noche
    me da estos frutos porosos.
    No me quejo del azar.
    No me quejo del llanto de los animales atados,
    ni del hambre de la noche que come los objetos y los hace
    carne de su oscuridad
    y ella dijo: __se supone que hay algo
    pesado en mi corazón.
    Mis piernas son blancas, sin solear y de una pereza que es
    la turbia apariencia de la sangre.
    Se me supone iluminada de frialdad y de astucia;
    en el desorden pero estéril,
    acabada por un aprendiz que hizo lo que pudo.

    y ella dijo: __no verás las hiedras de la
    inquietud,
    ni de las piernas ese luto de medias retornar su lento flujo
    hacia los tobillos
    del corazón su aspecto de cuchara de alpaca no será para
    que te ofrezcas como un moho
    ni dejaré el cabello caído como otro rastro de sangre en la
    madera.

    y ella dijo: __la puerta se cierra con sólo
    empujarla
    creo, no te hablé del entierro la bandera de ébano
    cruzada en la frente
    del pantano no te hablé. Y es mucho escuchar una memo-
    ria completa de fango ese gotear de abandonado
    patio, ese deambular de araña delgada en un pozo
    del entierro recuerdo la botella lacrada
    envuelta en telas flojas y el pequeño cajón de madera de
    sauce. No es mucho para celebrar palabras de la
    ciénaga inundada boca que oprimen los labios raros
    del amante
    con sólo empujarla __dijo__ la puerta se cierra.

    estoy rota de asperezas. Conocer la
    trampa adelgaza los tobillos en la maleza. La belleza del
    iluso es promiscua entre dientes. La sangre confunde
    se vive de devoraciones. Se vive de pobres resultados
    si la tensión entre sorpresa y desilusión
    fuese otra, ¿qué haríamos recorriendo el cementerio de
    automóviles?
    Paseamos entre el engarce lujoso de viejas carrocerías,
    cuerpos que la velocidad arrojó entre chatarras flores
    consagradas de herrumbre y menstruación blancos
    crecimientos de corpiños y faros pedazos de lo que el
    clima agotó.
    Sin responsabilidad se podría repetir la historia del
    crecimiento desde la medias embebidas en callejones de
    adobe y lluvia.

    y ella dijo: __ todavía rastreo la rotonda
    donde se desmayaban los ómnibus, sus macabros olores a
    comida y abandono y la triste acumulación de diarios
    junto a la chapa.
    Nacimos para retroceder hasta este lugar de encono.
    Algo del humillado deslizarse del escarabajo sobre
    acumulaciones de turba.
    Esa musiquita que supura el altoparlante del parque,
    me puso enferma estoy de tobillos torcidos, de lenguaje
    errado y vamos hacia la intensidad de una pared que fue
    azul y ahora es ceniza fría
    el relato de estas heridas
    unos pocos objetos devorados con nosotros; amantes y
    escombros
    y crónicas de los cuerpos desnudos en las zanjas.

    y ella dijo: __mira el desorden en el
    espejo. Es mi rostro ese paisaje de arcillas húmedas, esa
    confusión de ramajes en la niebla.
    Quítame ese miriñaque bajo la camisa de viyela gris
    quítame el deseo los amargos brotes del ligustro
    quítame los párpados y que la tierra pese sobre los ojos
    hartos
    __ y después nena ¿vas a callarte?
    y ella dijo: después si me quitas el deber
    de apartar los labios y respirar,
    si me quitas el orgullo de la frente,
    si me deshaces como a una rosa manoseada por un enano,
    si me haces daño sí, por favor, repite ese bolero
    quítame la vida huérfana y todavía arrastraré mi
    mano para que la sientas fría sobre tu vientre.

    y ella dijo: __ no la dejes pensar
    permite que la caja negra se hunda en aguas
    no la dejes arrimarse a las palabras como a
    un terreno anegado.
    Ellos tienen el cierre de las braguetas abiertos y pierden
    credenciales con números errados
    ¿qué juego están haciendo?
    no se llevan las avispas que andan en los frutales
    y los muñecos de felpa no duermen en los parabrisas
    reventados
    está anocheciendo en Austria pero ella no
    debe pensar; no debe abrigar sospechas sobre botellas
    caídas en el mármol
    y ella dijo: __ son pasajeros en un taxi. No la dejes hablar.
    Ellos protegen su locura con bocas vestidas
    ¿quién es ella para olfatear al animal que se
    agita?
    los desolados arriman sus frentes en el va-
    cío
    y la vida es esa cruel mirada femenina sobre las manos
    que tiemblan.


    TANGER

    puerto al norte de África
    prostíbulo al sur de Buenos Aires

    animales del desierto
    huesos de la noche helada en arenas inmensas brillan
    como rústica nieve
    insisten en blanquear en la noche esférica
    alucinan como gasas de hospital caídas en un balde eterno
    animales de la pobreza
    huesos de fósforo frío fulgor de lo que inmóvil envejece
    con una acumulación intensa de desprecio
    una lepra del paisaje que el "pampero" raspa,
    animales del ardor
    espinazos de un agua consumida y la luna astillada como
    otro hueso en el cielo seco
    Tánger animales del prostíbulo
    el puente pesado de camiones y reses que pierden su
    sangre trágica en la velocidad
    animales del calor que fermenta
    del invierno que rasura las uñas con espuma rancia
    animales del desorden
    de lo que espantado, exige de los bordes otra dulzura que
    no está
    animales de presa de largos cuellos
    dóciles, de gruesos hocicos ávidos
    huesos de la belleza
    lo que dura en la intemperie vasta y alumbra los túneles
    con los lánguidos tallos de luz de las antorchas
    huesos frágiles
    animales del pudor de enrojecidos
    pómulos silvestres, de cielos ingrávidos sobre pastizales
    mansos
    animales de la infancia en Tánger
    en los focos purpúreos frente a los espejos
    ciruelo de flores nítidas
    y esos hombres acodados a un mostrador que es humo
    los ojos desbastados, ilusos la lengua como un naipe
    pesado
    hombres marcados contra muros blancos de hospicio
    con una sed que calma el gin y otra sed que persiste
    como una cicatriz
    bajo las arcadas el cementerio de automóviles y esos
    animales del desastre
    con camperas de un hule agobiado
    un perfume a violencia el pulgar sellando muslos
    ceñidos en redes negras sentados perplejos en bancos
    del lupanar
    animales de Tánger.

    ha sido una tarde espléndida sobre los
    viejos plátanos que rodean la terminal de ómnibus
    y ella dijo: __ no hay nada bueno que empiece por ser una
    herida.
    No quiero esos obsequios miserables.
    Era una niña de sienes desordenadas; una boca de
    labios gruesos acurrucada y saliente como una cornisa
    cuál era mi ofensa? qué perdería cerca de las lanchas
    que derivan? qué perdón no alcancé entre cortezas
    qué arrastrado manto, qué lunares y las palabras rarísimas
    caídas en el umbral helado?
    y ella dijo: __ atardece con hojas de una pobre suavidad.
    No es poco ser olvidado. Quedar como una cáscara en
    el verano del agua estancada.
    No es poco tocar la repugnancia de tu madre al mirarte
    y saberse tan cercana al musgo, tan porosa y ataviada de
    vendas.
    La tarde mueve sus pliegues caballos de tinta que se
    acumulan esta ilusión de porvenir y derrota
    nadie despide mi cuerpo
    nadie pone su lengua en mi vientre
    no quitarán mi blusa en las sombras. Las suaves
    construcciones de seda japonesa adherirán poco más que
    azulejos salpicados de sangre
    y ella dijo: __ tenía una poética de lencería
    qué hacer ahora con esas enaguas, esas caídas del satén en
    los tobillos?
    tantos pliegues el vestido de profundo escote para
    bailar sobre baldosas frías el salón inmenso de tangos
    donde he pedido
    y me quitaron más y más
    y todavía el pezón sobre el "cuore" lo han arrancado
    tantos pliegues un borde marcado de encajes
    mínimo telón para las piernas que se ocultan y aparecen
    es tarde en las hojas que oscurecen impregnadas.
    Oculta por un antifaz, podría acercarme a las carrozas
    y collares de una palidez opaca, con sus lentos roces sobre
    la herida; consumen el paisaje inestable de la fiesta.
    Queda el desierto con su almendro de leche
    y ahora, bajo los pliegues, el ancho cuchillo de cocina.

    No tuve sueño. 0tros dormían en largas camas despo-
    jadas.
    Tardaba en regresar al Hotel para desnudarme.
    Pude durar como un mostrador en el humo de la
    inocencia.
    Había astillas que enganchaban las medias para
    dejarme suspendida como una araña de agudas patas
    violetas.
    Había un pequeño ventilador sobre la mesa de luz y al
    rotar sus aspas, alguien murmuraba en la pieza
    qué olvidar? esa caja de víctimas que guardaba celosa
    entre enaguas esas adolescentes de acuario; sus
    delantales desparejos, arrugados en el encierro
    éramos bellas en el secreto de un cuarto agrio niñas de
    mí bajo la hiedra pobres fotos arrancadas del relicario
    familiar.
    Alguien bajaba las escaleras y las maderas del pasillo
    se estremecían.
    El calor se podía tocar como el cuello de un animal.
    Sonreía estúpida en el espejo del armario como quien
    sella con lacre la carta que confiesa una infamia.
    No dormía. No tenía sueño. Deseaba que un asesino
    me visite y tenía 20 años
    ¿por qué no me lastimaron con un cuchillo?
    estuve alerta bajaban las escaleras pero nadie las subía
    por mí
    un blando perfume de violencia se sacudía como un
    insecto.
    No tenía perchas. La ropa que lavaba se acumulaba sin
    planchar.
    Deseaba ser vaga y misteriosa. Sólo atinaba a desplegar
    las manos en el lavatorio enjuagando pañuelos.
    El invierno era azul en la ventana alta. No había
    paisaje. Un vidrio helado era imagen de luz y de borrasca.

    y ella dijo: __ estuve ausente en esos días
    de invierno.
    Retrocede la sombra de la hiedra, como un culpable en el
    porche oscuro
    y ajena a la rejilla que traga las lluvias en el patio
    estuve en otra parte. El mundo era vastísimo exis-
    tía otro rincón donde entregarme y allí estuve; sumida en
    el temblor del acorralado.
    Vuelve el verano como un animal lustroso y jadeante;
    empecinado en embestir la puerta de mi casa
    pero no estuve en los días de invierno. Necesito la helada
    monótona, el brusco descenso de la luz.
    y ella dijo: __ mañana otra vez es tarde.
    No estuve frente a la estufa cuando repetía sus simulacros
    de fulgor. No estuve sobre el plato de estaño. Delineada de
    vicisitudes, mi boca era hambrienta, de una torpeza
    antigua
    suponía roces de arenas,
    suponía el ascenso en desnivel de las vías congeladas
    y ella dijo:__ ¿no es inútil recordar el
    invierno en que dormía en otra estación aislada?
    los contornos del banco en el andén se disolvían en
    sombra
    y no era invierno
    y ningún clima cierto me daba su apariencia.

    Fui quitada de la razón
    apartada con sandalias en la nieve.

    y ella dijo: __ sospecha de esas blancas
    formaciones femeninas, con mucho taco, con mucho rubor
    en los pómulos altivos.
    Sospecha del rouge espeso que transforma la boca en
    trazos de profunda herida
    desconfía del raso, del satén, de aquello suave al tacto que
    desparrama en tu vientre, como una mancha de aceite, tu
    voluntad de asesinar
    sospecha de los primeros pudores y de las últimas lágrimas.
    Si ella es rubia y procaz, desea ser reducida a escombros.
    Si es oscura y caprichosa, no se calmará hasta tener un
    balazo apartando en mitades simétricas su larga garganta.
    Padece esa suavidad sabiendo que su contacto es
    venenoso.
    y ella dijo: __ dime horror que me calle !
    dame belleza y sabré ser estúpida.

    y ella, dijo: __aceptaré otro día tu invitación
    otro día, con otros ramos cayendo en adoquines
    otra invitación, a otras sábanas,
    a otro raspado paisaje que se demora inútil.
    Tendré otro cúmulo de turba sobre mi boca,
    otro aire encerrado entre el corsé de láminas de vidrio y la
    piel como otra lámina de una revista antigua viejas
    sofocaciones rostros con pómulos iluminados por
    lámparas de estudio
    y ella dijo: __ otro día tu invitación será estéril una y o-
    tra vez.
    Si rozas la cicatriz en mi cuello sabrás de mi trato con
    otros criminales.
    Si aferras mis muñecas la infancia caerá en un charco
    de sangre.

    Anochece sin dejar rastros.
    Elefantes de sombra crecen desde la estación y avanzan
    como pesada emanación de los trenes.
    El calor se prende en los techos como un broche
    antiguo y en las terrazas, el alquitrán reblandecido se
    derrama como algo viudo que no encuentra orden
    y ella dijo: __ han visto en la ventana mi
    cara de víctima. Es marzo. Pronto mis amigos bailarán
    boleros en el patio y es engaño esta liviana alfombra de
    hojas en la vereda ancha.
    Anochece y no quedan restos.
    Se aglutinan las voces en un fango de palabras. Durante
    días llovió en Once y ahora el barro perdura.
    De aquellas tardes, el resplandor del agua en las calles, el
    viento agrio que apartaba y manoseaba las piernas de
    mujeres fijas en la intemperie como un contorno en una
    moneda, los zapatos con una humedad de pozo y la
    tristeza con su resuello de animal carneado.
    Pronto los amigos bailarán boleros en el patio porque
    es bello querer en vano y girar en baldosas frías.
    y ella dijo: __ el columpio en la nieve
    continúa quieto. Nadie te recuerda con zapatos blancos
    izada como un trapo rendido.
    Nadie repite tu nombre con rencor
    nadie te imagina,
    lenta y delgada como una cinta de pasto crecida en el
    fango.
    Anochece y los escombros se hunden en la fuente del
    parque.
    Recibe de mí este arduo quitar las hojas secas de la
    hiedra.
    Los animales que maúllan entre arbustos, quítalos, no
    les permitas continuar en mi nuca implorando
    recibe de mí este lastre: la saliva de las enamoradas
    corroyéndose en las bocas de piedra y aún el musgo que
    cargan los objetos deslucidos y ajenos.
    Se repiten las luces curvas de las lámparas en mitad del
    empedrado. Se detienen los ómnibus en el galpón helado
    y la pena es ese columpio vacío sobre la nieve.
    Recibe de mí el aullido de cachorros atados; sus hocicos
    húmedos que olfatean la sangre de los lastimados como
    algo familiar
    y entonces toma de mí el sombrero que oscurece la boca y
    la enagua que resbala por los muslos como mercurio sobre
    una mesa de billar.
    Toma de mí esa inocencia: aceptar las caricias del
    asesino.

    Leonor García Hernando (1955-2001)
    El viernes 30 de marzo de 2001 falleció en el Hospital Oncológico Marie Curie la poeta LEONOR GARCÍA HERNANDO. Había nacido en San Miguel de Tucumán en 1955. Integró el consejo de redacción de la revista Mascaró. Publicó los libros de poesía "Mudanzas" (1974), "Negras ropas de mujer" (1987), "La enagua cuelga de un clavo en la pared" (1994), "Tangos del orfelinato/Tangos del asesinato" (1999) y "El cansancio de los materiales" en el 2001, del que llegó a ver los primeros ejemplares dos semanas antes de morir.
    Gran recitadora de su poesía, su última lectura pública fue el 22 de marzo de 2001 en la Universidad de las Madres.

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  • Sobre TINTA VERDE

    Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones. Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también. Ya nos vemos! Lu Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú "Tuvimos un tiempo en el que los parricidas escapaban a caballo por campos de salitre era invierno y las bibliotecas ardían en pozos del jardín. Aumentaba el frío en los pasillos. La circulación de voces retenía el soplo de las caravanas; una insistencia de telas pálidas aguadas en oscuridad todo era quedo y tras las persianas entornadas los hombres miraban su patria" Leonor García Hernando - De El Cansancio de los materiales. ...................................... Perfil de Facebook de Luisa García

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