TANGOS DEL ORFELINATO
No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo;
y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
Siempre llegarás a esta ciudad.
C. P. CAVAFIS
si el desastre fuese pudoroso conmigo,
yo sería, pudorosa con él, supongo
pero siendo así las cosas, yo también soy lujosa.
Tener y no tener sería la novela de mi
pasión rota de lencería, inundada puntilla del corazón,
Tener y no tener
si esa rubia de peinado violento sonriera
con menos placer, la vida sería, en fin, menos canalla
la camisa que la cubre de seda blanca no mejora un paisaje de lenta desviación
y al fondo del mostrador, rancio, con anillo de sello en el
anular que se hunde en ceniza, un hombre mira a su
acompañante
Mejilla a mejilla sería la novela de mi
pasión
cheek to cheek cantaría mi novela la
voz de Sarah.
caricia de tu mano breve
el placer, el desdén, el vínculo perverso que retiene a los
desdichados en la pecera del abrazo
breve
el clima de la fiesta se pierde como aguas de riego entre las
franjas del balcón.
La fiesta se apagaba
era el vientre de un insecto luminoso que se sostuvo un
instante en el aire que encierran las manos de un niño
breve Tangos del orfelinato.
el cabello cortado a navajazos sobre la
frente
y el largo paredón de la curtiembre para que los ojos
miren agrandados en la delgadez del rostro
sombra de las niñas expósitas sobre los pómulos
soy la que mira con insistencia caer los granos de sal
sobre la babosa que se disuelve en las baldosas del patio
ahuyentar con la mano esos rotos
mechones que molestan la frente
soy la dejada con una manta en los hombros la tocada
por la sospecha
me querías pecadora? Yo te daré indo-
lencia semejante al destierro.
__esa blanda extensión de campo se ve
desde la curva de la ruta
murmurada en ajustados labios, estas palabras que a
nadie atraen, que nada piden como otra respiración.
Un alambre corta la planicie delgado arpón clavado en
un horizonte esquivo temblores en un páramo errado.
Se escucha rasante el quejido de los motores, exigidos
por una velocidad que es pánico
el pedregullo salta en la banquina escasa magros fuegos
de artificio que se extinguen en lo que tarda un camión en
recorrer la curva con su acoplado de bestias para entregar
a los matarifes
una palabra murmurada en ajustados labios
pronto la sombra apretará la tierra
desaparecerá el campo y las tenues flores de alfalfa en la
intemperie cenizas que el viento afloja
bocina atónita en el desvío de un muelle de cal
¿seré tan triste como esa palabra que en
mi boca se retuerce como un lagarto blanco?
rosa de piedra en la boca de un lastimado
cenizas en la curva.
y ella dijo: __ avanzar en la noche de
pasillos circulares con una vela en la mano.
A veces, un escalón de piedra me hacía tropezar hongos
de un rosa viejo, cicatrices
y después esa carpa de lona junto a las vías, un llanto de
animales atados, la ráfaga con un quejido de ruedas
girantes en carriles helados.
La noche era hundida como un balde en un pozo.
Temblorosa llama. Las gotas de sebo impregnaban el
vestido de viyela gris
era triste entonces?. Era descalza en un
corredor con su extrema claraboya cayendo en el
descampado?.
Supongo la mirada extraviada en una noche al fin plana
sobre el pastizal
y el miedo como una respiración en la nuca rapada
Atardecía cuando me cortaron la trenza. Cayó circular
al canasto.
el devoto paso de los animales a las
aguas.
En plástica humillación, ese recorrido elude todo infierno.
Ellos están mansos en su olfato. Conocen su deseo como
nosotros las marcas de la frente
una tensión de bestias en el polvo
y las lenguas pesadas, entregadas al paisaje que aguarda.
La huérfana soy yo entre los animales
que embisten empecinados.
La huérfana soy yo sin mandato que
termine con la sed
soy la que está en el fuego de la estampida.
quizás en mi monedero sostenga,
remota, un arma pequeña, de dama, adornada con
incrustaciones de nácar
un instrumento cursi para matar.
un vestido de viyela opaca, con pespun-
tes en los puños y el cuello que cae en envejecidos pétalos
bordeando la garganta. En la pechera también pespuntes
y botones de un menguado azul.
Para ese tablero agrio de escarcha
un derramado vestido en patios de invierno.
nada palpita en esta franja que la desidia
absorbe
una película que el ácido impregna
revelaciones en un ámbito negro
y después ese tiempo de convalecencia
el pabellón con una suave fila de camas de hierro frente a
largos ventanales
ir hasta los vidrios con un rengueante
camisón de franela cubriendo el deterioro
el campo es una helada curva hacia la ruta, el plateado
sonido de los álamos, portones movibles que separan
camiones tapados con lona, cortezas empalidecidas por la
cal, las líneas de alambre manchadas de ligustro
paisaje blanco espuma de la peste
el cartel de chapa se agita en la intemperie, como la
bandera de una patria se desparrama para cubrir el
cuerpo de sus tullidos
un amargo olor quemado desprende la
estufa con velas de loza entristecidas por el humo
las sábanas se derraman en los mosaicos
sin orden. El ventanal dilata un páramo de arcilla
empapada. Dibujos de agua adornan la tierra fría
ventanal de La Matanza
tengo mi zapato en la mano
de cordones apretando el cuero, de alta suela negra:
un zapato de invierno.
la taza debe parecer excesivamente
blanca en contraste con la boca pintada -- No deberíamos
acercarnos a objetos tan nítidos
envuelta la garganta por un extenso
pañuelo de gasa, todo rostro es más plácido y se esfuma
como una lancha en esa agua extrema donde el cielo deja
de fluir
no deberíamos acercarnos a objetos tan
nítidos
una taza un sobre en el que la lengua impone un
poder; las uñas esmaltadas de rojo y tres desnudas
cebollas en el mármol
no deberíamos acercarnos a esa brus-
quedad del objeto que satura como un golpe
no deberíamos ser honestos en el terror.
Mejor palidecer como esa línea de álamos en la tormenta.
Mejor estar callada mientras la fiebre unta las sienes con
grasa de ciervo
mejor esperar a que las hojas del nogal apacigüen el sende-
ro de piedras rojas. Parques con una pálida herida de
mármol pierden su agua rara, lastimosa hundimientos
en la frondosa oscuridad.
no deberíamos acercarnos a objetos tan
nítidos.
Zonas que no conocen piedad.
ortigas quiere la desilusión ortigas en
canastos con tierra removida y la boca de mi padre
hablando de los muebles de entre los que me sacó
"un remate, decía, de muebles rotos, sucios,
desclavados. Ahí estabas dormida y te compré"
_ ¿cuantas monedas, papá, quitaste de tu chaleco para mí,
por mí?
"pocas, hija, pocas"
_ ¿debo entonces unas monedas eternas?
él murió hace ya 6 años. Un hombre
viejo, rencoroso. Pasaba días sin afeitarse.
como si un hombre entrara a una habitación
y encontrase el brillo de un animal hundido entre
bambúes agudos
y la respiración de lo que sufre fuese el deshacerse de un
papel que el fuego consume entre los dedos
y la mujer __ese animal enfermo__ pidiese agua con los
labios abiertos hacia la noche que es tinta en los vidrios de
la ventana
como si un hombre entrase y cerrara tras
de sí la puerta.
El hombre se completa afirmándose en una herida que
sabe vulgar
la susurrante erótica es sólo ese estorbo entre bambúes.
un cuerpo lastimado está tendido, boca
abajo, sobre mi pecho. Un calor de sangre se derrama en
mis piernas el calor de un cuerpo que olvidó la
vanidad y sólo descansa
el desdén muerde del corazón como de
una escudilla el perro de la casa. La rotura que la lluvia
hizo en el techo está sobre mis ojos
si se dilata luz que el foco arroja, ya no
tendré verdad, ni mentira
el pudor requiere de tenues construcciones.
de aquel hombre no le creo la herida.
Cuando la cicatriz estire una línea de escurridizos bordes
llameantes
tampoco creeré su herida.
¿por qué confiar?. Si yo hubiese sido así
lastimada, a nadie le daría una verdad
ni daría dátiles. No le daría nada a nadie.
los desesperados no son confiables. Sería
un idiota el que arriesgara por mí su moneda. Sería un
encandilado por el quejido por el frenesí del que ruega
calmantes con labios blancos.
no hay gloria ninguna en la mutilación
ya no creo en heridas. No creo en la sangre derramada.
El viento se retuerce entre altos pastos. Los jugadores de
cartas miran sus diamantes y saben que es poco.
Las aguas turbulentas golpean ventanas opacas, de
vidrios empañados por un aliento roto y esa mirada
desvalida del que perdió, se entierra en mi garganta como
una respiración intrusa.
de su herida no es cierto el tajo ni el
olor de la gangrena ni la navaja que como un pez sutil,
ha quedado en el acuario negro de mosaicos.
Sólo esa manera de aproximar el cuerpo
al lavatorio, de raspar con una esponja la falta, tiene algo
de verdad
y no es amor lo que pierde la herida,
no es la fatalidad de una pasión insensata.
Es sólo sangre.
El gesto que con la mano en alto, los dedos molestando
el aire, dice adiós
es el gesto de las mutaciones
devorado por la intensidad de los aviones que cruzan la
pista.
N No volveremos a estrecharnos las cabezas desnudas
bajo la ráfaga.
N No volveremos.
Somos el desesperado giro del insecto tocado por el
veneno.
y ella dijo: __sueño y desorden. La noche
me da estos frutos porosos.
No me quejo del azar.
No me quejo del llanto de los animales atados,
ni del hambre de la noche que come los objetos y los hace
carne de su oscuridad
y ella dijo: __se supone que hay algo
pesado en mi corazón.
Mis piernas son blancas, sin solear y de una pereza que es
la turbia apariencia de la sangre.
Se me supone iluminada de frialdad y de astucia;
en el desorden pero estéril,
acabada por un aprendiz que hizo lo que pudo.
y ella dijo: __no verás las hiedras de la
inquietud,
ni de las piernas ese luto de medias retornar su lento flujo
hacia los tobillos
del corazón su aspecto de cuchara de alpaca no será para
que te ofrezcas como un moho
ni dejaré el cabello caído como otro rastro de sangre en la
madera.
y ella dijo: __la puerta se cierra con sólo
empujarla
creo, no te hablé del entierro la bandera de ébano
cruzada en la frente
del pantano no te hablé. Y es mucho escuchar una memo-
ria completa de fango ese gotear de abandonado
patio, ese deambular de araña delgada en un pozo
del entierro recuerdo la botella lacrada
envuelta en telas flojas y el pequeño cajón de madera de
sauce. No es mucho para celebrar palabras de la
ciénaga inundada boca que oprimen los labios raros
del amante
con sólo empujarla __dijo__ la puerta se cierra.
estoy rota de asperezas. Conocer la
trampa adelgaza los tobillos en la maleza. La belleza del
iluso es promiscua entre dientes. La sangre confunde
se vive de devoraciones. Se vive de pobres resultados
si la tensión entre sorpresa y desilusión
fuese otra, ¿qué haríamos recorriendo el cementerio de
automóviles?
Paseamos entre el engarce lujoso de viejas carrocerías,
cuerpos que la velocidad arrojó entre chatarras flores
consagradas de herrumbre y menstruación blancos
crecimientos de corpiños y faros pedazos de lo que el
clima agotó.
Sin responsabilidad se podría repetir la historia del
crecimiento desde la medias embebidas en callejones de
adobe y lluvia.
y ella dijo: __ todavía rastreo la rotonda
donde se desmayaban los ómnibus, sus macabros olores a
comida y abandono y la triste acumulación de diarios
junto a la chapa.
Nacimos para retroceder hasta este lugar de encono.
Algo del humillado deslizarse del escarabajo sobre
acumulaciones de turba.
Esa musiquita que supura el altoparlante del parque,
me puso enferma estoy de tobillos torcidos, de lenguaje
errado y vamos hacia la intensidad de una pared que fue
azul y ahora es ceniza fría
el relato de estas heridas
unos pocos objetos devorados con nosotros; amantes y
escombros
y crónicas de los cuerpos desnudos en las zanjas.
y ella dijo: __mira el desorden en el
espejo. Es mi rostro ese paisaje de arcillas húmedas, esa
confusión de ramajes en la niebla.
Quítame ese miriñaque bajo la camisa de viyela gris
quítame el deseo los amargos brotes del ligustro
quítame los párpados y que la tierra pese sobre los ojos
hartos
__ y después nena ¿vas a callarte?
y ella dijo: después si me quitas el deber
de apartar los labios y respirar,
si me quitas el orgullo de la frente,
si me deshaces como a una rosa manoseada por un enano,
si me haces daño sí, por favor, repite ese bolero
quítame la vida huérfana y todavía arrastraré mi
mano para que la sientas fría sobre tu vientre.
y ella dijo: __ no la dejes pensar
permite que la caja negra se hunda en aguas
no la dejes arrimarse a las palabras como a
un terreno anegado.
Ellos tienen el cierre de las braguetas abiertos y pierden
credenciales con números errados
¿qué juego están haciendo?
no se llevan las avispas que andan en los frutales
y los muñecos de felpa no duermen en los parabrisas
reventados
está anocheciendo en Austria pero ella no
debe pensar; no debe abrigar sospechas sobre botellas
caídas en el mármol
y ella dijo: __ son pasajeros en un taxi. No la dejes hablar.
Ellos protegen su locura con bocas vestidas
¿quién es ella para olfatear al animal que se
agita?
los desolados arriman sus frentes en el va-
cío
y la vida es esa cruel mirada femenina sobre las manos
que tiemblan.
TANGER
puerto al norte de África
prostíbulo al sur de Buenos Aires
animales del desierto
huesos de la noche helada en arenas inmensas brillan
como rústica nieve
insisten en blanquear en la noche esférica
alucinan como gasas de hospital caídas en un balde eterno
animales de la pobreza
huesos de fósforo frío fulgor de lo que inmóvil envejece
con una acumulación intensa de desprecio
una lepra del paisaje que el "pampero" raspa,
animales del ardor
espinazos de un agua consumida y la luna astillada como
otro hueso en el cielo seco
Tánger animales del prostíbulo
el puente pesado de camiones y reses que pierden su
sangre trágica en la velocidad
animales del calor que fermenta
del invierno que rasura las uñas con espuma rancia
animales del desorden
de lo que espantado, exige de los bordes otra dulzura que
no está
animales de presa de largos cuellos
dóciles, de gruesos hocicos ávidos
huesos de la belleza
lo que dura en la intemperie vasta y alumbra los túneles
con los lánguidos tallos de luz de las antorchas
huesos frágiles
animales del pudor de enrojecidos
pómulos silvestres, de cielos ingrávidos sobre pastizales
mansos
animales de la infancia en Tánger
en los focos purpúreos frente a los espejos
ciruelo de flores nítidas
y esos hombres acodados a un mostrador que es humo
los ojos desbastados, ilusos la lengua como un naipe
pesado
hombres marcados contra muros blancos de hospicio
con una sed que calma el gin y otra sed que persiste
como una cicatriz
bajo las arcadas el cementerio de automóviles y esos
animales del desastre
con camperas de un hule agobiado
un perfume a violencia el pulgar sellando muslos
ceñidos en redes negras sentados perplejos en bancos
del lupanar
animales de Tánger.
ha sido una tarde espléndida sobre los
viejos plátanos que rodean la terminal de ómnibus
y ella dijo: __ no hay nada bueno que empiece por ser una
herida.
No quiero esos obsequios miserables.
Era una niña de sienes desordenadas; una boca de
labios gruesos acurrucada y saliente como una cornisa
cuál era mi ofensa? qué perdería cerca de las lanchas
que derivan? qué perdón no alcancé entre cortezas
qué arrastrado manto, qué lunares y las palabras rarísimas
caídas en el umbral helado?
y ella dijo: __ atardece con hojas de una pobre suavidad.
No es poco ser olvidado. Quedar como una cáscara en
el verano del agua estancada.
No es poco tocar la repugnancia de tu madre al mirarte
y saberse tan cercana al musgo, tan porosa y ataviada de
vendas.
La tarde mueve sus pliegues caballos de tinta que se
acumulan esta ilusión de porvenir y derrota
nadie despide mi cuerpo
nadie pone su lengua en mi vientre
no quitarán mi blusa en las sombras. Las suaves
construcciones de seda japonesa adherirán poco más que
azulejos salpicados de sangre
y ella dijo: __ tenía una poética de lencería
qué hacer ahora con esas enaguas, esas caídas del satén en
los tobillos?
tantos pliegues el vestido de profundo escote para
bailar sobre baldosas frías el salón inmenso de tangos
donde he pedido
y me quitaron más y más
y todavía el pezón sobre el "cuore" lo han arrancado
tantos pliegues un borde marcado de encajes
mínimo telón para las piernas que se ocultan y aparecen
es tarde en las hojas que oscurecen impregnadas.
Oculta por un antifaz, podría acercarme a las carrozas
y collares de una palidez opaca, con sus lentos roces sobre
la herida; consumen el paisaje inestable de la fiesta.
Queda el desierto con su almendro de leche
y ahora, bajo los pliegues, el ancho cuchillo de cocina.
No tuve sueño. 0tros dormían en largas camas despo-
jadas.
Tardaba en regresar al Hotel para desnudarme.
Pude durar como un mostrador en el humo de la
inocencia.
Había astillas que enganchaban las medias para
dejarme suspendida como una araña de agudas patas
violetas.
Había un pequeño ventilador sobre la mesa de luz y al
rotar sus aspas, alguien murmuraba en la pieza
qué olvidar? esa caja de víctimas que guardaba celosa
entre enaguas esas adolescentes de acuario; sus
delantales desparejos, arrugados en el encierro
éramos bellas en el secreto de un cuarto agrio niñas de
mí bajo la hiedra pobres fotos arrancadas del relicario
familiar.
Alguien bajaba las escaleras y las maderas del pasillo
se estremecían.
El calor se podía tocar como el cuello de un animal.
Sonreía estúpida en el espejo del armario como quien
sella con lacre la carta que confiesa una infamia.
No dormía. No tenía sueño. Deseaba que un asesino
me visite y tenía 20 años
¿por qué no me lastimaron con un cuchillo?
estuve alerta bajaban las escaleras pero nadie las subía
por mí
un blando perfume de violencia se sacudía como un
insecto.
No tenía perchas. La ropa que lavaba se acumulaba sin
planchar.
Deseaba ser vaga y misteriosa. Sólo atinaba a desplegar
las manos en el lavatorio enjuagando pañuelos.
El invierno era azul en la ventana alta. No había
paisaje. Un vidrio helado era imagen de luz y de borrasca.
y ella dijo: __ estuve ausente en esos días
de invierno.
Retrocede la sombra de la hiedra, como un culpable en el
porche oscuro
y ajena a la rejilla que traga las lluvias en el patio
estuve en otra parte. El mundo era vastísimo exis-
tía otro rincón donde entregarme y allí estuve; sumida en
el temblor del acorralado.
Vuelve el verano como un animal lustroso y jadeante;
empecinado en embestir la puerta de mi casa
pero no estuve en los días de invierno. Necesito la helada
monótona, el brusco descenso de la luz.
y ella dijo: __ mañana otra vez es tarde.
No estuve frente a la estufa cuando repetía sus simulacros
de fulgor. No estuve sobre el plato de estaño. Delineada de
vicisitudes, mi boca era hambrienta, de una torpeza
antigua
suponía roces de arenas,
suponía el ascenso en desnivel de las vías congeladas
y ella dijo:__ ¿no es inútil recordar el
invierno en que dormía en otra estación aislada?
los contornos del banco en el andén se disolvían en
sombra
y no era invierno
y ningún clima cierto me daba su apariencia.
Fui quitada de la razón
apartada con sandalias en la nieve.
y ella dijo: __ sospecha de esas blancas
formaciones femeninas, con mucho taco, con mucho rubor
en los pómulos altivos.
Sospecha del rouge espeso que transforma la boca en
trazos de profunda herida
desconfía del raso, del satén, de aquello suave al tacto que
desparrama en tu vientre, como una mancha de aceite, tu
voluntad de asesinar
sospecha de los primeros pudores y de las últimas lágrimas.
Si ella es rubia y procaz, desea ser reducida a escombros.
Si es oscura y caprichosa, no se calmará hasta tener un
balazo apartando en mitades simétricas su larga garganta.
Padece esa suavidad sabiendo que su contacto es
venenoso.
y ella dijo: __ dime horror que me calle !
dame belleza y sabré ser estúpida.
y ella, dijo: __aceptaré otro día tu invitación
otro día, con otros ramos cayendo en adoquines
otra invitación, a otras sábanas,
a otro raspado paisaje que se demora inútil.
Tendré otro cúmulo de turba sobre mi boca,
otro aire encerrado entre el corsé de láminas de vidrio y la
piel como otra lámina de una revista antigua viejas
sofocaciones rostros con pómulos iluminados por
lámparas de estudio
y ella dijo: __ otro día tu invitación será estéril una y o-
tra vez.
Si rozas la cicatriz en mi cuello sabrás de mi trato con
otros criminales.
Si aferras mis muñecas la infancia caerá en un charco
de sangre.
Anochece sin dejar rastros.
Elefantes de sombra crecen desde la estación y avanzan
como pesada emanación de los trenes.
El calor se prende en los techos como un broche
antiguo y en las terrazas, el alquitrán reblandecido se
derrama como algo viudo que no encuentra orden
y ella dijo: __ han visto en la ventana mi
cara de víctima. Es marzo. Pronto mis amigos bailarán
boleros en el patio y es engaño esta liviana alfombra de
hojas en la vereda ancha.
Anochece y no quedan restos.
Se aglutinan las voces en un fango de palabras. Durante
días llovió en Once y ahora el barro perdura.
De aquellas tardes, el resplandor del agua en las calles, el
viento agrio que apartaba y manoseaba las piernas de
mujeres fijas en la intemperie como un contorno en una
moneda, los zapatos con una humedad de pozo y la
tristeza con su resuello de animal carneado.
Pronto los amigos bailarán boleros en el patio porque
es bello querer en vano y girar en baldosas frías.
y ella dijo: __ el columpio en la nieve
continúa quieto. Nadie te recuerda con zapatos blancos
izada como un trapo rendido.
Nadie repite tu nombre con rencor
nadie te imagina,
lenta y delgada como una cinta de pasto crecida en el
fango.
Anochece y los escombros se hunden en la fuente del
parque.
Recibe de mí este arduo quitar las hojas secas de la
hiedra.
Los animales que maúllan entre arbustos, quítalos, no
les permitas continuar en mi nuca implorando
recibe de mí este lastre: la saliva de las enamoradas
corroyéndose en las bocas de piedra y aún el musgo que
cargan los objetos deslucidos y ajenos.
Se repiten las luces curvas de las lámparas en mitad del
empedrado. Se detienen los ómnibus en el galpón helado
y la pena es ese columpio vacío sobre la nieve.
Recibe de mí el aullido de cachorros atados; sus hocicos
húmedos que olfatean la sangre de los lastimados como
algo familiar
y entonces toma de mí el sombrero que oscurece la boca y
la enagua que resbala por los muslos como mercurio sobre
una mesa de billar.
Toma de mí esa inocencia: aceptar las caricias del
asesino.
Leonor García Hernando (1955-2001)
El viernes 30 de marzo de 2001 falleció en el Hospital Oncológico Marie Curie la poeta LEONOR GARCÍA HERNANDO. Había nacido en San Miguel de Tucumán en 1955. Integró el consejo de redacción de la revista Mascaró. Publicó los libros de poesía "Mudanzas" (1974), "Negras ropas de mujer" (1987), "La enagua cuelga de un clavo en la pared" (1994), "Tangos del orfelinato/Tangos del asesinato" (1999) y "El cansancio de los materiales" en el 2001, del que llegó a ver los primeros ejemplares dos semanas antes de morir.
Gran recitadora de su poesía, su última lectura pública fue el 22 de marzo de 2001 en la Universidad de las Madres.


Me preguntaron una vez, qué quieres que se diga de ti? Simplemente que soy una mujer que escribe para no llorar y en el intento de escribir echa a volar las palomas de sus muertes y resurrecciones.
Bienvenidos a mi buhardilla! Aquí cada uno se acomoda como puede y todos tienen cabida. La conversa es gratis... y los sueños también.
Ya nos vemos!
Lu
Leyendo mis poemas en la Casa de la Cultura de Maipú
Monedas - Armando Rubio
"Engominado, pulcro,
penetro en las iglesias
altivamente cirio
con mi cara de hostia
dominguera.
Y me arrodillo,
y me confieso, y me persigno,
y regreso a la calle
para comprar barquillos
con monedas hurtadas al abuelo."
......................................
Maravillosa Leonor y su metáfora infinita sobre tanto dolor vivido en nuestro país. Gracias por compartirla y darle un espacio más allá de las fronteras geográficas.
Querida mía, totalmente de acuerdo. Estos versos me golpean:
"y no es amor lo que pierde la herida,
no es la fatalidad de una pasión insensata.
Es sólo sangre."
Hola Lu, vengo a dejarte un beso que hace mucho no pasaba por aqui. Me he quedado muy a gusto leyendo todo este recuento de vida . Espero venir mas seguido es por falta de tiempo que no lo he posido hacer . Que tengas un lindo dia . Silvina
Saludos Silvina. Se que has hecho cambios importantes en tu blog, cosa que demanda tiempo. Imagino que estarás orgullosa de tener como compatriota a una poeta excepcional como Leonor. Un abrazo y gracias por la visita.