El 11 de septiembre de 1973 se produjo la tercera gran afrenta del siglo 20, siglo “de maldad insolente”, según Santos Discépolo, en “Cambalache”. La primera fue, obviamente, el genocidio judío de parte del padre ideológico de los que perpetraron las que vinieron después. La segunda; el bombardeo criminal y genocida de Hiroshima y Nagasaky por la nación, más democrática del mundo, según los defensores de la colonialidad puertorriqueña. La tercera- y la que nos ocupará parte de estas notas- se convoca cuando unos militares fascistas, derrocaron al primer gobierno constitucional socialista del planeta en Chile, e implantaron la dictadura más sangrienta en la historia de nuestro continente, en aquel país que había creado fama de ser “la suiza de América”, precisamente por su tradición democrática. Todavía existen madres chilenas de incurable insomnio, causado por la ansiedad de escuchar el toque a la puerta de sus hijos desaparecidos.
Pero la furtiva vida de aquel singular proceso popular no fue en vano. Su secuela desembocó el movimiento llamado “eurocomunismo”, en Portugal, Francia e Italia. La “guerra de los claveles” portuguesa, le señalaría a España, algún tiempo después, el camino largo y seductor- aunque complejo- de la democracia burguesa. Francisco Franco- que, en cierto sentido, fue maestro e inspirador del fascista Pinochet-, igual que el chileno, católico fanático y asesino de poetas e intelectuales, tenía sus días contados; más por la sentencia implacable del tiempo que por la militancia de un pueblo aterrorizado y reprimido.
Con Allende nació lo que se vino a llamar después, “la nueva izquierda”. Y, por tanto no es tan nueva; tiene casi 40 años. Su conducción enseñó que no sólo la dictadura del proletariado puede implantar el socialismo. Que los pueblos, cuando se deciden, buscan maneras nuevas y particulares para desembocar procesos de desarrollo. Que también pueden esperar con mucha paciencia y vigilia el descalabro, por su propio peso, de la ignominia, la traición y la infamia. La dictadura de bayonetas y asesinos duraría 17 años a golpes de incertidumbre, oscurantismo y división de la familia chilena. Hoy, y poco antes de morir el artífice de la infamia, el país parece encontrar el rumbo, precisamente conducido por una mujer heredera y desarrollada por aquella Unidad Popular.
Pero aquel proceso abortado también contó con una nueva propuesta mediática. Pues, en última instancia, todo proyecto político popular es por antonomasia un proyecto comunicacional. Auspiciados por la Universidad Católica varios investigadores se dieron a la tarea de impulsar propuestas para la democratización de los medios en el país. Su agenda no era otra que “devolverle el habla al pueblo”, según lo planteaba Armand Mattelart (1974), un belga nacionalizado chileno, quien junto a su compañera Michelle y otros colegas, apostaron al nuevo proceso socialista-democrático. En este también se inscribieron teóricos igual de importantes, como Oscar Massota, Ariel Dorfman, Valerio Fuenzalida, María Helena Hermosilla y otros. Su tesis principal fue que los medios eran parte consubstancial del capital monopolista, tanto nacional como extranjero en el país y había que reconceptuar, su agenda de producción como su dirección. Había que proveer en ese proyecto la participación auténtica y militante de los sindicatos relacionados y el pueblo consumidor de los mensajes o textos mediáticos. Allende siempre supo que la Unidad Popular que dirigía aglutinaba las mayorías paupérrimas y excluidas del proyecto democrático-burgués, que había sido manufacturado por los ricos dirigentes de la democracia cristiana y las agrupaciones de derecha que, tradicionalmente, se turnaban el poder político, económico, social y cultural chileno.
El movimiento mediático allendista también marcó la modernidad de la investigación comunicacional en América Latina y sus nuevos rumbos que de allí en adelante no abandonará jamás. Los investigadores latinoamericanos no se dejaron amedrentar por los fascistas- que parecían reproducirse como güimos en los países vecinos- y se concentraron en innovadoras investigaciones, pero sin olvidar que el detonante no fue otro que la marcha iniciada por el gobierno de la Unidad Popular.
El primer gran giro fue la reacción de los intelectuales marxistas a la afrenta del pinochetazo, como era de esperarse. Dicha óptica, heredera de aquella de Francfort, produjo miradas verdaderamente alertas y reflexivas ante una situación que amenazaba la convivencia y la hermandad latinoamericana. Dichas miradas se iniciaron desde la comunicación como saber y desde los medios, sus empresas y los públicos como objetos de estudio o su materia prima. Como disciplina, la Comunicación era pensada, a veces, como ciencia autónoma de las ciencias sociales, y otras, como disciplina híbrida que no podía prescindir de otros saberes, especialmente de la sociología, la política, la historia, la antropología y la economía. De la convocatoria de esos saberes surgieron textos emblemáticos antes, durante y después del gobierno de Allende, tales como: , Comunicación masiva y revolución socialista (1971); Para leer el Pato Donald (1972); Agresión desde el espacio. Cultura y napalm en la era de los satélites( 1972); Comunicación y cultura de masas (1972),Comprender la Comunicación (1978); La comunicación de masas en América Latina (1973); Periodismo y lucha de clases (1973); La cultura como empresa multinacional
( 1974); Superman y sus amigos del alma (1974); Neocapitalismo y comunicación de masas (1974); La comunicación masiva en el proceso de liberación (1975); América Latina en la encrucijada telemática (1983), y otros tantos que no podemos mencionar por falta de espacio.
La mayoría de los títulos de estos textos sugieren elocuentemente su contenido y dan cuenta de que los medios son extensiones del poder político y económico, por lo que, generalmente, abandonan su funciones naturales en un sistema democrático, como son la crítica, la expresión plural y ejercer de contrapeso o contrapoder social. Por encima del poder político, es el poder económico quien influye de manera decisiva en la agenda de los medios. Sus tesis también constituyen una denuncia del avance de las empresas privadas en el dominio del especio público, con efectos sobre la libertad de expresión, pero también en la degradación de la oferta cultural y mediática. En primera y última instancia posicionan a los medios de comunicación social en los ‘brazos ejecutores’ del sistema económico.
En los EEUU los intelectuales no se hicieron ni se han hecho esperar. Las calderas estaban ardiendo desde el lastre macartista de los 50 y los disturbios raciales de los 60, junto con la militancia exitosa de los pigmeos gigantes y justicieros de Vietnam. Los pensadores, como siempre, se dividieron entre “apocalípticos e integrados” (Eco, 1968). Sin embargo, los primeros- influidos por aquellos de Frakfurt- a la vez que denunciaban la catástrofe casi irremediable que difundían los textos mediáticos, también dejaban ver los intersticios por donde se podía colar el cambio social. Su propuesta intelectual se traducía en rescatar los medios de comunicación de manos de los especuladores del gusto y la cultura, y ponerlos al servicio de las mayorías excluidas de dichos medios, pero por ellos seducida hasta la enajenación.
Voces como Noam Chomsky, Howard Zinn, Herbert Schiller, y otros no menos importantes, investigan y reflexionan hasta la saciedad sobre el gran protagonismo de los medios y las corporaciones dueñas en la disfunción y construcción de ideologías para falsear la realidad y la historia. Schiller, por ejemplo, planteó que el país que es dueño de las empresas comunicacionales es también dueño del poder. Su texto de Comunicación de masas e imperialismo yanqui (1969,) constituye el primer acercamiento importante de la economía política de la comunicación en ese país. Chomsky, divide su cátedra de lingüística en el MIT con su militancia, sus investigaciones de comunicación y su peregrinaje internacional denunciando las tramoyas ocultas del poder estadounidense que engañan y manipulan, con los medios como sus principales aliados. Sus trabajos sobre el ocultamiento de la verdad de lo sucedido en Vietnam de parte del poder militar estadounidense y la complicidad de los medios en esa agenda constituyen la primera gran denuncia crítica de un intelectual sobre dicho conflicto. Lo repite luego y como intelectual invitado del gobierno sandinista a comienzos de los 80’s. Su texto, On Power and Ideology. The Managua Lectures (1987), reúne las conferencias que ofreció en la Universidad de Managua sobre dicho proceso y su asedio por el imperialismo estadounidense. Una de sus obras emblemáticas, Ilusiones necesarias (1992), es una obligada para cualquier lector que desee iniciarse en el estudio de la massmediación y sus relaciones con la geopolítica. Zinn, por su parte, escribe, La otra historia de los Estados Unidos (1980, 1999), que constituye el primer texto de esa disciplina pensado desde la utopía y que condena los desmanes del poder desde la colonización hasta la modernidad del imperio. Promueve - al igual que su compatriota- con su propia militancia en las calles la desobediencia civil. Su tesis es sencilla “sólo el pueblo organizado salva al pueblo”. Las leyes y el aparato del poder estatal- continúa- están hechos por los especuladores y mentirosos para su propio beneficio. Su visión y metodología de la historia va a producir muchos adeptos y PR no va a ser la excepción. Quizás su mayor aportación está en aquello que ha planteado P. Bourdieu (2002), en su último libro: el intelectual tiene el desafío de poner sus investigaciones en la militancia popular en las calles y en los escenarios excluidos por el poder.
Toda esta agenda de investigación y militancia intelectual han desembocado en brisas de primavera. La semilla que se regó en buena tierra ha empezado a dar excelentes frutos. El fantasma del socialismo esta vez no recorre por Europa sino por Nuestra América. Al viejo Marx no le dio tiempo suficiente para visitar el nuevo continente, pero sí produjo discípulos como liebres. Castro, Allende y Chávez son los apellidos que se atreven a sobresalir, y por ahí se asoman otros. Nicaragua y El Salvador tuvieron sus 15 minutos de fama, pero parece que la izquierda allí no estuvo tan consolidada como para emprender nuevos caminos democráticos y parece que ambos pueblos han vuelto al pasado neoliberal.
La nueva izquierda se ha reproducido como pólvora en la pradera y tiene a los señores del gran capital muy ansiosos. Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Ecuador se atreven aceptar el desafío del sistema electoral burgués tradicional y se han salido con la suya, no sin el asombro o el espanto de los que siempre dominaron las urnas y la suerte.
El tren del fantasma de Allende parece que se ha estacionado en la zona septentrional del Sur, y es Venezuela la que parece dictar las nuevas pautas basadas en su memoria. El viejo chileno no pudo consolidar su proyecto cultural mediático por las razones que todos sabemos pero sí implantó las bases para su desarrollo más de treinta años después. Hoy con el apoderamiento de la nueva izquierda latinoamericana dicho proyecto parece que empieza a caminar no sin algunos obstáculos. Los mismos provienen de los dueños del gran capital corporacionista mediático y los que siempre han creído que los medios surgieron como empresas mercantiles y así deben permanecer.
Nos referimos a la reciente crisis surgida entre el gobierno venezolano, dirigido por su Presidente Chávez, y la corporación RCTV (Radio Caracas Televisión).
Veamos algunas instancias del asunto.
El 24 de mayo de este año leemos en Aporrea. com, la red cibernética oficial del gobierno de Venezuela, lo siguiente:
“La campaña desestabilizadora que ya se desprende desde varios medios de comunicación para tergiversar la naturaleza constitucional de la decisión de no renovar la concesión a RCTV no tiene fundamentación, dijo el ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información, William Lara.
La campaña mediática para tergiversar una decisión soberana carece de cualquier argumento sólido, pues pretende cuestionar la administración del Estado en las áreas estratégicas, tal y como lo establece el texto constitucional, áreas que son pertinentes al mantenimiento de nuestra soberanía nacional; los que critican la decisión de RCTV son los mismos que critican las políticas de integración latinoamericana que ha impulsado exitosamente el Gobierno bolivariano”.
Estamos siempre de acuerdo con la libertad de expresión pero más con el derecho a la comunicación. Y sobre todo con el de aquellas grandes mayorías a quienes en un momento dado secuestraron la voz y que ahora alguien del poder en Venezuela intenta reivindicar por encima de los que estando en minoría, pero también en el poder en el pasado, conculcaron siempre. Y, al parecer, de eso se trata todo este asunto de la no renovación del permiso de la emisora RCTV, y a la que el gobierno de Chávez acusa de golpista. No tengo la menor duda de que si el Presidente de Venezuela hace un referéndum para tomar la última decisión, ganaría la no renovación, aplastantemente. Entonces de lo que se trata aquí es de sopesar cómo es visto el derecho a la libertad de expresión vs. el derecho a la comunicación de y por los grupos populares quienes, por primera vez, sienten que realmente son tomados en cuenta y participan en las decisiones gubernamentales que les afectan. ¿Cuántas veces RCTV hizo valer el derecho a la comunicación de la inmensa masa de pobres venezolanos en lugar de liar sus esperanzas con la oligarquía golpista y fracasada?
Un segundo factor a considerar es que cuando el señor Bush hace barbaridades y asesina en nombre de la democracia esos mismos medios de comunicación, que dicen operar por la libertad de expresión, hacen mutis y no condenan a este esperpento de la política estadounidense. Entonces, ¿qué clase de democracia defienden e impulsan estas mismas corporaciones mediáticas?.
Basados en la utopía allendista, en la de la revolución cubana- secuela de la soviética- y en la realidad puertorriqueña pensamos que el Presidente Chávez tiene tres alternativas ante el escenario que se le presenta, y que no deja de ser crucial.
En primer camino que se le muestra al Sr. Presidente es copiar la utopía tradicional socialista, emanada del modelo soviético abortado. En esta tiene que conculcar derechos a la minoría burguesa mediante una especie de dictadura de las clases populares. Aunque el vocablo “dictadura” suene anacrónico para muchos intelectuales de moda, son los mismos que suelen olvidar que la democracia burguesa no viene a ser otra cosa que la dictadura de la clase dueña del capital, pero con nombre eufemista, y que otorga derechos con cadena larga. Y sobre todo, estos intelectuales también gustan olvidar que los hijos de las mayorías nunca llegan a ser intelectuales, como ellos, porque no logran el privilegio del acceso a la mejor educación que pueden comprar sólo las clases acomodadas. No obstante, reconocemos que hablar de dictadura siempre fue antipático y mucho más si se ejerce o se pretende. Y también si se copia del pasado que no le ha sido nada beneficioso. Por ello, este primer camino no es recomendable para nuestro presidente Chávez.
Hay también una segunda vía un tanto cínica que se me ocurre y que el Presidente Chávez debe pensarla para que, por lo menos, la sume a su defensa contra sus atacadores. Es la vía que han construido y fomentado el poder estadounidense en la colonialidad democrática puertorriqueña, aunque suene contrasentido. En nuestro país no existe soberanía nacional sobre los medios y no hay ningún medio de radio ni de televisión que pueda ser propiedad de la izquierda puertorriqueña, debido a que es Washington el que otorga las licencias. No existe una agencia de prensa nacional que relate-con estilo propio- a nuestros hermanos internacionales los pareceres sobre la realidad que experimentamos y los sueños que profesamos, a pesar de la romántica Comisión McBride de mediados de los 70. Nuestros medios dependen de los conglomerados informáticos estadounidenses para que el mundo sepa algo de nosotros. A todo esto, el Congreso estadounidense ha abalado un aparato electoral donde el espacio que se ha asegurado a la izquierda criolla es de sólo un 5% a lo sumo. Esa es la democracia que los EEUU fomentan en Puerto Rico y la que busca que todos los países de la periferia caribeña y latinoamericana imiten. El Sr. Chávez pudiera hacer algo similar, renovar el permiso de esta emisora golpista pero que se asegure que no tenga más del 5% de espacio de participación en la vida llanera. Tal y como se hace con la disidencia en la democracia puertorriqueña, tanto mediática como política.
El tercer camino a ensayar no es otro que continuar la construcción del “hombre nuevo” cheguevariano, que Allende iniciara con tan mala suerte y contra todos los designios. Agenda que tiene que incluir nuevas formas de democracia participativa y popular en donde el pueblo, tenga voz y voto, no cada cuatro años sino cotidianamente. Para dicha construcción tiene también que vigilar las amenazas y afrentas que continuamente recibirá de los que, aunque en minoría, inevitablemente se sentirán ofendidos. También debe tener en cuenta los derechos adquiridos de todos bajo la democracia burguesa, pero que tanto las mayorías como las minorías disfrutan. En otras palabras el desafío para el Presidente sería sumar y no restar derechos de nadie, ni de clases ni de grupos, a la misma vez que construye el socialismo del siglo XXI. Lo de vigilar a los dueños del capital lo decimos en serio. Allende pagó muy caro su descuido. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) le advirtió con mucha suspicacia las tramoyas que la derecha chilena planificaban para el cuartelazo, junto a su principal aliado mediático, diario El Mercurio, y las agencias de inteligencia y corporaciones estadounidenses como la CIA y la ITT. Ello está harto documentado en aquel proceso. Sin embargo, Allende no se dejó llevar por los advertencias, confió demasiado en la buena fé de su pueblo, pero que lo dejó solo en la “hora de los hornos”.
El Sr. Presidente Chávez, en la crisis mediática que le han construido las fuerzas derechistas de su país tiene para escoger sólo uno de los tres caminos señalados. El primero no es muy recomendable debido, principalmente a los riesgos de repetir los errores del pasado y a que es un terreno muy minado por la disidencia intelectual tradicional. El segundo, de democracia “a la puertorriqueña”, aunque es un camino sembrado de cinismo, y aunque no podemos negar que todavía no ha sido factor suficiente para desembocar una guerra civil entre los puertorriqueños y que, además, ha creado la ilusión generalizada- y necesaria- en esta población de que se vive en una verdadera democracia, tampoco es recomendable por el hecho de que estaría copiando un modelo de sus propios enemigos..
Por tanto, el camino que debe transitar nuestro querido presidente, a mi juicio, es obvio. El que abra nuevos senderos y conduzca a reconciliar y concienciar a aquellos bolivarianos que perdieron el rumbo. El desafío no es otro que empezar a construir y fomentar nuevas participaciones de los que nunca participaron y resemantizar aquellas que se arrogaron siempre las clases que ostentaban el poder. Y cuando digo “resemantizar” me refiero a que no debe conculcar derechos adquiridos de sus enemigos para que no pase por el mote de dictadorzuelo que le han querido adjudicar. Se trata más bien de dejar que también participen, pero que sepan bien claro que no tienen el poder y que están siendo vigilados para que no conspiren en contra de las mayorías ni de sus consensos.
Sabemos muy bien que por ese tercer camino el Sr. Presidente parece coquetear. Ha empezado a ensayar participaciones populares nuevas allí donde nunca las hubo. Sin embargo, la historia ha dado visos de querer repetirse. Le advertimos que no baje la guardia y se empeñe en cuidar militarmente su trasero para que no se repita el pinochetazo- que ya una vez han intentado- pero también vigilando de no dejarse seducir o emborrachase demasiado con los cantos de sirena del poder absoluto.
Suerte, Sr. Presidente.
Referencias
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