El sueño depilado --La Vanguardia
Auge y caída de Hagoshrim, el kibutz de la Alta Galilea que inventó el revolucionario Epilady
PLÀCID GARCIA-PLANAS - 27/03/2006
Hagoshrim. Enviado especial
Eramos el kibutz más rico de Israel". A Eitan Rajimi no le gusta demasiado recordarlo. Fueron sólo cinco años, los más excitantes de la historia de Hagoshrim. Desde su creación en los duros tiempos de la independencia, este kibutz de la Alta Galilea había ido tirando del hotel y los frutales. Pero un día de 1987 se presentaron dos israelíes con una propuesta bajo el brazo: otros kibutz habían rechazado el proyecto, y Hagoshrim se lo hizo suyo. La idea habría chocado a los pioneros que en 1909 crearon el primer kibutz, sionistas rusos llegados a Palestina con las maletas llenas de fantasías socialistas: fabricar la primera máquina de depilación eléctrica, Epilady.
Cuando Hagoshrim emprendió el proyecto, hacía ya siete años que los kibutz - en hebreo, comunidad-habían empezado a renunciar a las prácticas más colectivas: los niños en dormitorios aparte de sus padres, un mundo con todo - cocina, baños, lavandería...- comunitario. "Para los padres, no dormir con sus hijos era muy duro. Ahora yo no lo aceptaría", recuerda Hanna Levy, que llegó a Hagoshrim en 1956. "Cayó el idealismo - dice-. También en una parte de mí". Hoy, sólo dos kibutz siguen separando a los niños de sus padres.
Hagoshrim empezó en 1987 a fabricar las máquinas Epilady y a correr contra la historia: en plena crisis económica e ideológica del movimiento kibutzin, Hagoshrim empezó a forrarse. Cuando los demás se apretaban el cinturón, ellos ampliaban sus casas. Y cuando Epilady ya depilaba a medio mundo, hacia 1990, los kibutz - cada uno a su manera- renunciaban a la economía socialista y abrazaban el capitalismo, con sueldos y todo lo demás. "¿Qué podíamos hacer? - dice Hanna- El mundo había cambiado".
Pero Epilady, tan sensual y antipionera,también cayó. "Nos metimos en un embrollo", recuerda Eitan, entonces máximo responsable del kibutz. "Morimos de éxito. Crecimos demasiado. Acabamos siendo una fábrica internacional con una cabeza demasiado pequeña". La cosa se descontroló. "Problemas con los distribuidores, con las multinacionales que nos copiaban la patente, con gente ajena al kibutz". En 1992, la fábrica fue para abajo; en 1995, Epilady pasó a manos de los bancos, y en 1999, una empresa compró la marca y se llevó la producción del kibutz. "Para nosotros, Epilady murió".
La depiladora no es la única decepción en el valle de Hula, a un tiro de Líbano y de Siria. Prosper Azran fue alcalde de su pequeña capital, Kiryat Shmona, y tiró la toalla antes de acabar su tercer mandato. Vio pasar a todo tipo de ministros. "Prometían tanto, y ahora no tienen vergüenza de mirarme a los ojos". ¿El futuro? "Siempre han bombardeado el valle. Y el día en que los americanos se vayan de Iraq nos volverán a bombardear".
Por Epilady pasó mucha gente del valle. Entre ellos, el hijo de Kojava Ben Ami, hermana del ex embajador israelí en España. Kojava llegó de Tánger a Israel en 1955, en un barco que se llamaba Jerusalén, y sólo veía a gente con un número marcado en el brazo. No hablaban. "Nos enteramos de todo mucho después". Kojava comenta cómo las nuevas generaciones van olvidando la shoah. Como tantos sueños, dice, "Israel no ha quedado exactamente como esperábamos".
Siempre quedará el paisaje. Tras el fracaso de Epilady, el kibutz potenció su hotel y el turismo: kayaks por riachuelos santos, piscinas cubiertas y descubiertas, excursiones por la Alta Galilea y un centro para sumergirse en las aguas del Jordán y renovar las promesas bautismales. Todo sin moverse del kibutz. "Con los curas trato mucho - dice Hanna, que ahora se encarga de las ventas del hotel-. Ellos me dan mucho trabajo".
Siempre, ciertamente, quedará el paisaje. Junto al río arraigan con fuerza unos espectaculares árboles de flor lila. Hanna suspira. "Si yo le contara todo lo que ha pasado debajo de esos árboles...".
